'Posdata: te quiero', no puedo morir sin ti

'Posdata: te quiero', no puedo morir sin ti
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Se nota que 'Posdata: te quiero' quiere apartarse del resto de las comedias románticas que se hacen hoy día. Su mayor artífice, el guionista metido a director, Richard LaGravenese, cuyo punto álgido fue adaptar la famosa novela de Robert James Weller para que Clint Eastwood la convirtiera en 'Los puentes de Madison', hilvana una historia sobrecargada de almíbar, como bien nos hizo temer su trailer, aunque salpicada con dispares aciertos que, si bien no elevan la película a algo recordable, al menos impiden hundirla en el fango, lo cual ya es bastante dentro de un producto de estas características.

'Posdata: te quiero' es la coletilla de una serie de cartas que Gerry, un simpático irlandés, deja a su joven viuda cuando ésta cumple 30 años. Cartas que le harán recordar su relación, y que sobre todo le harán seguir adelante, superando tan terrible pérdida. Eso es lo que parece a simple vista, aunque si nos ponemos quisquillosos, y tras ver lo reiterativo y pesado que es el tío aún después de muerto, podríamos decir que no es que ella no sea capaz de seguir viviendo su vida sin su gran amor, sino que él no es capaz de morir sin ella. Suena macabro, pero es una conclusión como otra cualquiera surgida tras el visionado de un film como 'Posdata: te quiero' en la que no se sabe muy bien a qué viene su argumento.

Y es que el querer rizar el rizo, por así decirlo, con un esquema narrativo en el que se incluyen multitud de flashbacks y no precisamente en orden, intentando apartarse de lo típico en las comedias románticas de hoy día, tiene su lado bueno y también su reverso tenebroso. Bueno, porque el director, quien se muestra ágil en su guión, se las ingenia para mostrar algunas situaciones interesantes; y malo porque cuando no consigue esto último, la película cae en lo de siempre, lugares comunes, personajes secundarios que estorban más que ayudan, y con triple ración de azúcar.

Son los mejores momentos del film aquellos en los que se escarba en la relación de los personajes a los que dan vida unos entregados Hilary Swank y Gerard Butler, quienes componen una pareja de lo más simpática, desprendiendo un feeling más que adecuado y bien palpable por el espectador. Y aunque el director se esfuerza, en ocasiones loablemente, en otras frustradamente, por llenar el film de diálogos con algo de sustancia, es curiosamente en las miradas y los gestos de los personajes donde se nos descubre su historia de amor, que se presupone, como mandan los cánones, como la más bonita y hermosa de todos los tiempos. El cómo se conocieron, y algunos momentos para el recuerdo, son instantes que merecen la pena en la película, aunque se tenga la sensación de que, salvo la muerte, a estos dos no iba a haber nada que los separase, de lo perfecta que resulta la unión. Eso sí, ambos poseen personalidades definidas en cuatro líneas. Ella es de carácter débil y no sabe hacer muchas cosas, y él si no es perfecto poco le falta. Haciendo el chiste fácil, es como una especie de Leónidas en medio de una comedia romántica, y que nadie me venga con lo de drama, que aquí lo de la muerte está tratado con una ligereza que asusta, eso sí, adornada con detalles como el de la canción de The Pogues elegida para un funeral, que no tiene desperdicio.

Cuando 'Posdata: te quiero' se aparta de sus dos protagonistas, el film, que además es muy largo, pierde totalmente su interés. Los secundarios no ayudan en demasía, y casi todos decepcionan en sus roles. Lisa Kudrow parece no salir nunca de 'Friends', pues lo de aquí es otra extensión más de Phoebe (sí, el chiste de las preguntas a la hora buscar pareja hace gracia la primera vez, luego es cansino). Gina Gershon se ha olvidado de que hubo un tiempo en el que era capaz de perturbar muchas mentes masculinas y femeninas, y el verla aquí como "la mejor amiga" de la protagonista nos hace añorar aún más aquellos tiempos. Kathy Bates se limita a cumplir, y Harry Connick Jr. lo mismo, aunque el guión juega bien con éste último. No obstante, todos son personajes más planos que una tabla de surf, y ensombrecidos por los dos principales.

Al final uno no entiende demasiado el porqué de las dichosas cartas, y mirado desde cierto punto de vista hasta suena cruel, muy cruel. Afortunadamente para el espectador sensible, nos encontramos ante un film blando y sin grandes pretensiones. Si le quitamos 45 minutos, el dulce, cuatro personajes inútiles, referencias absurdas (lo de cazavampiros por el hecho de que Swak trabajó en cierta famosa serie de televisión es totalmente gratuito), las canciones, más dulce, y alguna cosilla más, hasta podría haber quedado una buena película. De este modo, se queda en algo para pasar el rato, siempre cuando no se padezca de diabetes, por supuesto.

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