'Friday Night Lights': Hasta siempre, Dillon

'Friday Night Lights': Hasta siempre, Dillon
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Cinco improbables, teniendo en cuenta las audiencias de su estreno en 2006, temporadas después, repartidas en dos cadenas, ‘Friday Night Lights‘ ha terminado en sus propios términos, proporcionando un cierre a sus personajes que, al mismo tiempo, es también el principio de algo nuevo; de una nueva vida en Filadelfia, de una casa en construcción, de unos renovados Dillon Panthers, de unos sueños para los que la universidad es el mejor trampolín… Con ese breve epílogo ocho meses más tarde, podemos terminar la serie con la sensación de que esos personajes al lado de los que hemos pasado tantas cosas están en buenas manos, que sus vidas van a ir bien (o eso podemos creer), que todo lo que han vivido en este tiempo les ha servido para madurar y crecer.

El último capítulo de la serie ha sido fiel a su estilo y, además, ha sido un poco cíclico. Si la primera temporada comenzaba con los Taylor llegando a Dillon, el último episodio tenía que acabar con ellos marchándose de Dillon y empezando en otra ciudad, en este caso, Filadelfia. La última escena de Eric entrenando a sus nuevos jugadores retrotrae a aquel primer entrenamiento con los Panthers, un sentimiento de círculo aún más evidente en el vistazo al vestuario de ese equipo, donde vemos el nombre de Jason Street aún escrito en una columna y cómo clavan de nuevo en la pared el cartel con ese “Clear eyes, full hearts, can’t lose“, que Eric también va a recuperar en su nuevo equipo.

Pero el camino hasta llegar ahí no ha sido tan suave. Los Taylor han tenido que lidiar con la confrontación más seria que han vivido en la serie, al tener que decidir si quedarse en Dillon, y que Eric vuelva a trabajar para la gente que casi lo desterró a los Lions, o que Tami acepte la oferta de trabajo que le hacen en una universidad de Filadelfia. Sus discusiones y, finalmente, el modo en el que toman la decisión han mantenido la línea que ha caracterizado el retrato de la pareja a lo largo de toda la serie, con unos sensacionales Kyle Chandler y Connie Britton manejando los silencios y las miradas, que decían mucho más que los gritos, a la perfección. Curiosamente, además de por culpa de las habituales tácticas abrasivas de Buddy Garrity, no sería raro que Eric decida lo que decide en parte por el discurso que les suelta a Matt y Julie cuando estos anuncian que van a casarse (una trama, por cierto, que deja unos cuantos estupendos momentos cómicos). Al hablar de compromiso, de saber escuchar, ‘Coach’ está plantando las semillas de su reconocimiento de que es el turno de Tami.

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Pero también se entiende perfectamente que no quiera marcharse y abandonar a sus Lions, a esos chicos cuyas vidas cambian gracias al sentido de pertenencia y al orgullo que les da el equipo de fútbol. El montaje de la final estatal, a cámara lenta y con esa música melancólica, y la elegante elipsis que nos muestran que los Lions son campeones resulta emocionante sin enfatizarlo demasiado, une el pasado con el futuro y también el final de los Lions con el principio de los Pioneers de Filadelfia. El destino final de Luke en el ejército es un poco inesperado pero, teniendo en cuenta sus opciones, no es tan extraño, y no está mal ver que Jess, por ejemplo, consigue perseguir su sueño de convertirse en entrenadora, y que Billy y Mindy Riggins, casi sin darse cuenta y gracias a Becky, acaban convirtiéndose un poco en una versión aún por pulir de los propios Taylor.

El último episodio ha permitido que regresaran algunos personajes, como Matt y, sobre todo, Tyra, que resulta ser la persona más adecuada para que Tim se dé cuenta de lo que quiere de verdad en la vida. Su reencuentro también vuelve a traer recuerdos de la primera temporada, pero ahora los dos han vivido y son más sabios y saben que, aunque la vida los lleve por caminos separados, siempre estarán ahí el uno para el otro. Que la última escena que vemos de Dillon sean Tim y Billy construyendo la casa en el terreno del primero dice mucho de la importancia que “33” ha ido ganando a lo largo de las temporadas. Jason Katims, showrunner de la serie, ha dicho en alguna entrevista que Riggins, de algún modo, era el corazón de ‘Friday Night Lights’, por lo que es muy adecuado que lo veamos por fin reconciliado con su hermano, y con la vida en general.

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Después del final de la tercera temporada, que se cerraba con Eric y Tami de pie en medio del semiderruido estadio de los East Dillon Lions, parecía complicado que ‘Friday Night Lights’ pudiera sacarse de la manga otro final tan apropiado. Pero lo han hecho. Lógicamente, la última escena muestra a los Taylor caminando por el campo de los Pioneers de vuelta a casa, mientras las luces se apagan, reforzando su posición de centro y ancla de la serie. La quinta entrega ha tenido sus altibajos, sobre todo un arranque a medio gas, pero donde no ha fallado es en la transmisión de un sentimiento de comunidad y de las emociones de los personajes, en la creación de una atmósfera y en hacernos sentir partícipes de las vidas de los habitantes en Dillon, meternos en ella como si estuviéramos allí.

La libertad que disfrutaban los actores durante el rodaje se ha traducido en unos personajes memorables que van más allá de Eric y Tami. Han sabido, además, despedir a la perfección a los que habían empezado la serie, como Smash o Street, y presentar a los nuevos y hacer que casi enseguida nos preocupáramos por ellos. Tras el final, resulta difícil acordarse de que Vince Howard, por ejemplo, sólo ha estado dos temporadas, tal ha sido el retrato que se ha hecho de él y de la relación que tiene con el entrenador, casi más cercana que la que éste tuvo con Saracen. Han conseguido hasta que odiáramos a los Panthers y apoyáramos incondicionalmente a los Lions, lo que parecía imposible despues de tres temporadas con ellos. El mejor legado de ‘Friday Night Lights’ es que echaremos de menos a toda esa comunidad de gente.

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El camino a lo largo de estas cinco temporadas no ha sido fácil. Las escasas audiencias, la huelga de guionistas (que afectó muy seriamente a la segunda temporada, cortándola en seco), la dificultad a veces para tratar más en profundidad tramas que apenas se apuntan se descartan por falta de tiempo, algunas historias un poco forzadas… Todo eso se ha acabado superando por el esfuerzo de la serie por tratarlo todo del modo más real posible, por mostrar personas más que personajes. Es una bonita recompensa para ellos que el final sea más bien feliz para todos. Se lo merecían. Y nosotros también lo merecíamos.

En ¡Vaya Tele! | El adiós de ‘Friday Night Lights’

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