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'Rambo: Last Blood' funciona mejor cuando juega a ‘Solo en casa’ gore que en su vaga reflexión del trauma
Críticas

'Rambo: Last Blood' funciona mejor cuando juega a ‘Solo en casa’ gore que en su vaga reflexión del trauma

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Resulta encomiable ver cómo un hombre como Silvester Stallone ha conseguido, con mayor o menor fortuna, ir recuperando la relevancia gracias a sus modestos ejercicios de revisionismo de sus franquicias estrella, adaptándose a los tiempos con productos que funcionan, que no necesitan, ni pretenden, cambiar el panorama del género en el que se ubican, pero que de alguna manera utilizan la nostalgia como forma de cerrar los ciclos vitales de sus protagonistas.

Se nota que Sly quiere a sus personajes, que desea explorar su madurez para reflejar la suya propia y decir, a sus 73 años, “aquí estoy yo”, mientras destroza clavículas a mano abierta o corre, monta y dispara con todo tipo de armas. Uno, que difícilmente se agacha sin dejar un resuello, no puede sino aplaudir lo que Stallone logra en su quinta entrega de su personaje más popular, John Rambo. Sin embargo, la exhibición no debe ser excusa para un cierre tibio para un icono de la cultura popular.

Rambo Last Blood Poster Sylvester Stallone Header

La guerra nunca acaba

Mientras que el éxito de ‘Creed’ (2015) indicaba un camino inteligente para remozar la marca de Rocky, permitiendo que su personaje se amoldara a un coprotagonismo crepuscular, en ‘Rambo: Last Blood’ asimila la operación como una nueva aventura única del militar retirado, tras haberle visto la última vez en la delirante y festiva ‘John Rambo’ (Rambo, 2007), en la que se notaba una adecuación de escala y presupuesto en la saga, pero no un reajuste de ambición.

Esto, a priori, no debe ser una carga, pero cuesta, de primeras, ver a un icono cerrar su camino en un film con ambición de mercado de vídeo, sin ánimo peroyativo. La idea de un Rambo de bajo presupuesto no es, de por sí, mala, aunque si sirve como excusa para plantear una película de la saga de venganzas de Liam Neeson—se nota demasiado la plantilla—, con un John Rambo en clave western y pocas modificaciones que añadir a la idea del héroe como liberador de los terribles proxenetas hispanos que amenazan a las mujeres estadounidenses.

Rambo Disparp

Y es que, en la mayoría de su metraje, ‘Rambo: Last Blood’ es una reformulación baratuela y reaccionaria de ‘Hardcore, un mundo oculto’ (Hardcore, 1979) sin tanta investigación pero con un Stallone mayor, vagando por ese infierno en la tierra que es el México que dibuja la película sin pudor, con su pedagogía MAGA tomada demasiado en serio. Para redondear esta larguísima introducción se añade una subtrama con una periodista interpretada por Paz Vega (acompañada de los españoles Óscar Jaenada y Sergio Peris-Mencheta) que no lleva absolutamente a ninguna parte.

La venganza del acorralado

Quitando una escena que parece haber sido pensada tras ver ‘En realidad nunca estuviste aquí' (You Were Never Really Here, 2017)— la cual trataba los mismos temas mejor, y además los aplicaba a unos miedos americanos más comprobables en pleno caso Epstein: las redes pederastas de políticos y la relación de Trump con el principal sospechoso— todo el desarrollo antes del clímax es correcto, pero sin apenas modificaciones del guion. El elemento que desencadena la verdadera chicha del conjunto está tratado, eso sí, con emotividad efectiva.

Pero el grueso de lo que realmente interesa ver en este (supuesto) final de Rambo se concentra en su explosivo clímax final, que si bien es todo lo efectivo, sangriento y vibrante que se puede intuir en el tráiler, también va apresurado por acabar, despachando a enemigos en pocos minutos y acelerando lo que debía haber sido la segunda mitad del film para apretarlo a golpe de montaje en un final suficiente pero algo vago y decepcionante pese a los exabruptos gore, que tampoco se ven demasiado por la oscuridad, el montaje y un pobre CGI.

'Solo en casa' versión gore

Da la impresión de que el montaje se afana en elongar la parte menos interesante de la película, tratando de enfatizar de forma encomiable el drama, pero que la descompensación entre las partes viene en realidad de un presupuesto ajustado, quizá más en días de rodaje que en medios. Todo lo que propone su parte de acción y venganza (una versión adulta de 'Solo en Casa' (Home alone, 1990) funciona, pero su compresión indica que no se quiere delectar en la misma, que no han sabido medir el tempo o que les ha entrado la prisa en los últimos minutos.

Aunque es un entretenimiento aceptable, ‘Rambo: Last Blood’ no parece un film de Rambo, pese a que Stallone se esfuerza por reflejar el doloroso monstruo interior del trauma, haciendo bola de la compasión y la soledad, con la que podemos conectar de formas muy rudimentarias, ayudado, eso sí, por un greatest hits de la saga en los créditos que no hace más que empeorar la imagen final del producto presente, donde hasta la injustamente desestimada ‘Rambo III’ (1988) muestra un pasado que, efectivamente, fue mucho mejor para Stallone… y para el espectador.

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