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"La única provocación que hay en 'Liberté' es el título, porque te dice: si no haces esto, no eres libre". Albert Serra
Críticas

"La única provocación que hay en 'Liberté' es el título, porque te dice: si no haces esto, no eres libre". Albert Serra

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'Liberté' transita por la extrañeza de la noche, en busca del misterio y la fascinación que la oscuridad encierra. Sus largos, estáticos y esteticistas planos desnudan, literalmente, a los libertinos que vagan en un bosque en busca de encuentros sexuales donde la perversión es la única ley y donde los individuos, lejos de toda humanidad, quedan relegados a ser voyeurs deseantes de la lujuria que observan con una mezcla de atención y deseo.

La nueva película de Albert Serra, con la que el director ganó el Premio especial del Jurado en Un Certain Régard en Cannes, se aleja de manera radical a su anterior obra cinematográfica, 'La muerte de Luis XIV'. De hecho, según explica el propio director, 'Liberté' es un acto de redención tras su última película: "Le gustó demasiado a la gente, así que prometí que con la próxima les daría más por el culo [literalmente]. Y cumplí".

Esta propuesta, ambientada en la Europa del siglo XVIII, está protagonizada por libertinos que harían sentir verdadero orgullo al Marqués de Sade. El grupo huye de la corte puritana de Luis XVI para poder seguir alimentando su perversión, y, de camino a Alemania, vagan en la noche de un bosque en el que dan rienda suelta a sus fantasías más oscuras.

Una obra que, si bien radical por su nula construcción narrativa, encuentra en sus fragmentos más audaces potentes reflexiones en torno a la mirada y a la pulsión del deseo. De hecho, el gran interés de la nueva película de Albert Serra nace de la fricción entre la expresión intelectual del deseo y la consumación del mismo, del choque entre la razón y el instinto: en definitiva, de un enfrentamiento que pretende despojar al impulso sexual de todo raciocinio en busca de la aceptación de los lugares más oscuros del ser humano.

De 'Personalien' a 'Liberté', del disfrute a la opresión

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Por su propia concepción y naturaleza, 'Liberté' es inseparable de 'Personalien', una instalación realizada por el director para el Museo Reina Sofía que consistía en dos pantallas enfrentadas en una sala oscura en la que se sucedían escenas sexuales de la misma línea que las que pueblan la película. Y, en la instalación cabe un disfrute posible, mientras que en la película sólo queda opresión y vacío.

La multiplicidad de pantallas es la que marca la distancia de lo lúdico a la imposición: "En 'Personalien' había un lado más inmersivo al permitir el movimiento del observador, incluso un placer perverso de formar parte de aquello. Pero en 'Liberté', que interpela al espectador de forma muy directa, el placer desaparece, porque se impone una realidad de forma tan abrupta que es imposible escapar".

De hecho, eso convierte a 'Liberté' en el perfecto opuesto de 'Personalien', porque al pasar de imágenes proyectadas en una sala oscura por la que es posible moverse a las que hay en una sala cinematográfica con un asiento fijado, la "revelación espiritual de las imágenes es completamente diferente". "En 'Personalien' podías compartir, mientras que en 'Liberté' hay una interpelación directa, la película efectúa sobre el espectador algo similar a un crimen", sentencia el director.

Eso sí, el germen de la película no está en una instalación sino en una obra de teatro homónima del propio director, que fue recibida en Berlín con poco entusiasmo. De hecho, fue una de las críticas negativas la que engendró las obsesiones de Serra: "Hubo una frase que me marcó: «Dos horas y media de actores abandonados sobre el escenario». Exactamente lo que estaba buscando. Y toda la película nace como una obsesión para ir al fondo de esta idea".

'Liberté': un oscuro tratado sobre la mirada y la perversión

El abandono es una práctica habitual en la obra de Serra, que está en el ADN de su cine y que está llevado al límite en 'Liberté': "Los actores están abandonados delante de la cámara, y la desnudez les hace aún más vulnerables. No han leído el guión, y están incomunicados casi al completo conmigo. De ahí, las cámaras escrutan algo que está allí, algo sobre lo que yo no tengo ninguna idea, ni los propios actores pueden controlar".

Algo que contrasta con el atractivo visual de la película, con imágenes que apelan a la mirada del espectador para entrar en un juego que hastía y fatiga. No en vano, durante las dos horas que se extiende la cinta, se suceden las distintas perversiones sexuales de los protagonistas -desde lluvias doradas hasta la banalización con la propia vida humana-, siempre con las miradas de anhelo de los que tienen que conformarse con ser voyeurs de ese espectáculo primitivo.

Precisamente, de esta tensión nace el misterio al que aspira Serra, que explica: "Hay un envoltorio aparente, rococó, casi barroco, muy estetizante, decorativo… Pero ese envoltorio se desarma, se destruye poco a poco hasta que se impone la crudeza". Y una vez llega lo crudo, sólo quedan cuerpos deseantes, que miran con lujuria y que sólo tienen expresión física, no intelectual.

Albert Serra

Es entonces cuando 'Liberté' se desvela como un tratado sobre la propia mirada y el sometimiento de la misma. Y ahí el fuera de campo juega un papel fundamental, pues es elemento que permite, a través de la observación indirecta de la perversión -esto es, observar a los sujetos deseantes que miran con atención y deseo a los que llevan a cabo los actos de lujuria-, introducir de forma directa al espectador como un observador más dentro de algo que parece un crimen.

De este delito sólo es posible escapar "yéndote de la sala", como señala Serra: "Es hacer trampas en el juego, engañarse a uno mismo. Tienes que soportar la película". Una cinta que, aunque parezca provocadora en vista de su propuesta, no lo es tanto, como apuntilla el director: "La única provocación que hay en la película es el título, porque te dice: si no haces esto, no eres libre".

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