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'X-Men: Fénix Oscura': un discreto colofón para la saga que apuesta por distanciarse de los cómics
Críticas

'X-Men: Fénix Oscura': un discreto colofón para la saga que apuesta por distanciarse de los cómics

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Lo peor, lo más devastador que se puede decir de 'Fénix Oscura' es que responde por completo a las muy bajas expectativas que el seguidor de largo recorrido de los 'X-Men' cinematográficos debe tener a estas alturas. Un puñado de películas olvidables (las dos iniciales), algunas espantosas ('X-Men: la decisión final', la primera de Lobezno, las dos últimas de Singer), un dislate divertido (la segunda de Lobezno)... y dos extraordinarias aportaciones que casi no cuentan en el cómputo, al encontrarse sus logros en las antípodas de la franquicia y haber sido ignoradas sus jugosas aportaciones al estilo y continuidad de la misma: 'X-Men: Primera Generación' y 'Logan'.

Es decir, que llegamos a esta 'Fénix Oscura' (con guión y dirección de Simon Kinberg, guionista de buena parte de las entregas anteriores) con las peores expectativas: lo mejor que se puede decir de 'Días del futuro pasado' y 'Apocalipsis' es que en sus momentos más locos parecían un carnaval tinerfeño, pero también eso queda de lado en un colofón momentáneo para la serie tan apagado y gris como éste, comparable a 'X-Men 3' y aquel clímax de infausto recuerdo. De hecho, la comparación no es arbitraria: ambas adaptan la misma historia de los cómics... y ambas desaprovechan los detalles más sugestivos del original.

'Fénix Oscura' cuenta una historia habitual dentro de los cómics de superhéroes más oscuros y cósmicos, y del universo mutante más reflexivo en particular: el acceso a poderes incontrolables que abre la vía de la omnipotencia, lo que combinado con las problemáticas humanas da como resultado un auténtico polvorín de ambición y energía mal canalizada y fuera de control. Se lleva hablando de esta cuestión, los excesos de poder, desde la mitología clásica; y nuestros dioses modernos, los superhéroes, lo han retomado una y otra vez. Sin ir más lejos, la reciente conclusión de la saga de las Piedras del Infinito del MCU ha reflexionado sobre ello.

La comparación con el MCU puede sonar algo injusta, ya que 'Fénix Oscura' ni puede ni quiere aspirar a esa escala o ambición. Pero es que hay aspectos de las películas Marvel de los que 'Fénix Oscura' podría haber tomado nota, pero prefiere seguir anclada en el poco vistoso estilo de las primeras entregas de la serie, rebosante de diálogos explicativos y personajes demasiado convencionales o infradesarrollados. Su tratamiento de los villanos -a los que apenas presta atención: Chastain casi ni tiene nombre-, las discretas secuencias de acción y los secundarios -algunos tan tristemente mal aprovechados como Rondador Nocturno o Mercurio- son buena prueba de ello.

Todo para contar la historia de Jean Grey (Sophie Turner, correcta pero algo ausente, un problema que se extiende a buena parte del reparto), que en una misión espacial aparentemente rutinaria absorbe una entidad cósmica desconocida que multiplica sus poderes. Cuando empieza a perder el control de estos y descubre que Charles Xavier (James McAvoy) le ha estado mintiendo sobre sus padres, decide huir de la mansión. Los X-Men restantes tendrán que aliarse con Magneto para detenerla.

'X-Men: Fénix Oscura': Furia cósmica de baja intensidad

Es sencillo entender los problemas de 'Fénix Oscura' si se conoce la saga original de Claremont y Byrne en la que se inspira. Allí, la relación entre la inefable y todopoderosa entidad cósmica y Jean Grey es mucho más que un mero incremento de poderes o un brote psicótico. En los comics la transformación de Jean Grey viene de la mano de un villano, Mente Maestra (que inspira parcialmente el personaje de Jessica Chastain), y Fénix demuestra su poder arrasando por completo una civilización alienígena.

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Hay una mención lateral a esa última cuestión en la película, pero se trata de una existencia de Fénix previa a su fusión con Jean Grey. Todas las manifestaciones que vemos del ente flamígero en la película son meros fuegos artificiales y se canalizan en un comportamiento errático para Jean Grey que aquí se justifica de un modo -a través de su relación con Xavier- que, francamente, no precisaba de alienígenas. Es decir, Fénix Oscura es aquí una cuestión casi cosmética y muy mal aprovechada.

Todo ello no impide que haya ciertos hallazgos en el filme. Inesperadamente, la relación entre Raven (Jennifer Lawrence) y Charles Xavier tiene cierta complejidad y apunta en direcciones a las que sin duda la película podría haber mirado. La esquinada personalidad de Xavier y sus claroscuros morales no se exploran a fondo, por desgracia, pero tiene muchas más lecturas que la de Jean Grey. Y hay momentos en las secuencias de acción (como el bullet-time de Mercurio o la excelente secuencia inicial en el espacio) que atesoran cierta inventiva, pero se pierden en un mar de peleas grises y con exceso de CGI.

El futuro de los personajes es ahora incierto, pero lo peor de 'X-Men: Fénix Oscura' es que tiene aires de liquidación y de pasar página. La sensación de que algunos actores están ahí por obligación contractual es algo deprimente, pero lo cierto es que hasta una película a medio gas como ésta apunta a cuestiones y personajes que pueden ser aprovechados en el futuro: el ambiente en la Escuela, las coreografías en el espacio o la presentación del grupo como un dispar combo de rarezas -algo que 'Deadpool 2' hacía con más gracia, por cierto- son la prueba de que, con suerte, aún pueden estar por llegar grandes momentos para los X-Men.

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