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Cannes 2019: 'O que arde' y 'Liberté', las arriesgadas aportaciones de cineastas españoles en Un certain regard
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Cannes 2019: 'O que arde' y 'Liberté', las arriesgadas aportaciones de cineastas españoles en Un certain regard

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Más allá de totems consagrados y queridos como Pedro Almodóvar (que tras una espléndida acogida con una gran ovación, 'Dolor y gloria' se acerca firmemente a la Palma), el cine español a competición en Cannes 2019 viene de la periferia, doblemente entendida: como esos otros focos de actividad cinematográfica alejados de la escena madrileña, al tiempo que a la vanguardia de una producción más underground que bordea los márgenes de la industria comercialmente establecida.

El catalán Albert Serra, ampliamente reconocido en terreno festivalero, presenta en Un certain regard su nuevo trabajo, 'Liberté', rodada de nuevo en francés. Una sección en la que se ve las caras con el gallego Oliver Laxe que, con una notoria trayectoria internacional ya a su joven espalda, desemboca finalmente en la competición francesa (la primera vez para un film gallego, como ha recalcado el propio Laxe en la introducción a la proyección), con un estupendo film que dibuja los paisajes de la campiña lucense.

'O que arde', de Oliver Laxe

Con los terribles incendios que han arrasado Galicia en los últimos años aún humeantes en el fondo, Laxe se mete en la piel de Amador, un habitante de una pequeña comarca de montaña en Lugo, recientemente liberado de su condena, convicto como responsable de un terrible fuego del que la región aún trata de recuperarse.

Una zona agrícola y de pequeñas granjas donde la vida se abre paso ante los ojos del hombre y cuya naturaleza poco parece haberse movido durante su ausencia, salvo por los planes de negocio turístico rural de uno de los vecinos. Con la carga de su delito a cuestas, el regreso a esta pequeña comunidad donde sólo su madre le espera con los brazos abiertos (estupenda y entrañable Benedicta Sánchez), parece más complicado casi que la condena misma.

A diferencia de la bucólica égloga pastoril de Terrence Malick, el film de Laxe retrata la rudeza del terreno en un paisaje de tierra quemada, donde de forma velada, cruda pero a la vez lírica, predomina el amor por esas raíces que recuerdan qué somos y de dónde venimos.

Cine silencioso en palabras; en su lugar, una portentosa imagen y su sonido natural gritan desesperadamente. Una historia humilde abierta a la interpretación más humana del espectador, al tiempo que respira activismo en su defensa del mundo rural.

'Liberté', de Albert Serra

Albert Serra, abiertamente conocido por su capacidad transgresora y altamente respetado en Francia (acogido su nombre incluso con una gran ovación en los créditos iniciales), filma el periplo de una escapada de disfrute nocturna al margen de la conciencia moral reinante en la corte de Luis XVI. En el corazón mismo de un bosque denso entre Francia y Alemania, un grupo de revolucionarios planean el golpe a la monarquía inmovilista, a través del mayor de los instintos humanos: el placer.

Liberte

Durante una noche de juegos sin juicios de valor, un pequeño grupo de hombres y mujeres disfrutan de los placeres carnales, disputándose el honor de disponer de la mente más creativa, en un contexto que habría sin duda agradado al mismísimo marqués de Sade. Una noche tórrida en la que Serra se recrea hasta el último detalle sin pudor de ningún tipo.

Una película densa y explícita que sin embargo deja una segunda capa de lectura política y social más allá de su cara visible puramente sexual. Establecidas sus bases ya desde el comienzo valiéndose de una historia popular narrada de forma fascinante en boca de uno de sus protagonistas, Serra nos hace partícipes con su reiteración incisiva y cruenta, obligando a mirar o bien a apartar definitivamente la vista (decisión por la que optó una buena parte de los asistentes de una sala abarrotada).

Como en 'Saló, o los 120 día de Sodoma' (1975), 'Liberté' busca la ruptura con el canon de un régimen poco democrático, con un mensaje liberador una vez caída la máscara de la pureza que conserva las formas, un concepto interesante de forma teórica aunque lento y doloroso en su expresión fílmica y ya explorado por Pasolini hace décadas.

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