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Algunas lecciones de 'Jack Reacher'

Algunas lecciones de 'Jack Reacher'
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¿Qué tiene de diferente 'Jack Reacher' (id, 2012)? La he visto ya tres veces y ninguno de los razonamientos habituales me convencen, e incluyo no solamente los de mi compañero Alberto Abuín sino los míos propios. Mikel se mostró más escéptico en su aprobación y Caviaro estuvo más cercano a mis impresiones.

No creo que todo lo que dijera estuviera mal.: efectivamente, la película de Christopher McQuarrie se caracteriza por algo muy inusual en el cine de acción de estos días, el sentido de la escala. Pero esa razón es solamente una por la cual este relato negro funciona cada vez mejor en las revisiones y sus lugares comunes (personajes de una pieza; damas en peligro; malos aviesos con pasado turbio) son algo más que vulgares reediciones de películas mejores. Voy a intentar centrarme en la construcción de la película.

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La secuencia inicial de la película es fácilmente la más halagable. Durante diez minutos, acompañados por la banda sonora de Joe Kraemer, vemos a un tirador (Jai Courtney) colocarse en un párking, pagar el parquímetro y asesinar a cinco personas, para después huir. La llegada de un detective, Emerson (David Oyelowo) lleva enseguida al falso culpable, el antiguo soldado James Barr (Joseph Siloko).

Normalmente, los cineastas desconfían de la audiencia. Es por eso que me fastidian tantísimo los criterios del mercado.: al asumir el dinero como unidad subjetiva, nadie discute sobre la obra en sí y el cinismo toma la partida. Es decir, el público se revela "soberano" y resulta imposible descubrir qué hace la película y en qué términos.

¿Por qué digo que desconfían de la audiencia? Asumen que el misterio debe ser resuelto mediante líneas de diálogo. Un error, disculpable aunque fastidioso, es atribuir a la obsesión con el guión los males del cine contemporáneo: en todo caso, casi siempre, estas personas refieren precisamente a la falta de soluciones visuales, al diseño de producción o, incluso, a los problemas de escritura con diálogos excesivamente informativos. En última instancia, se refieren también a problemas de guión.

Construir el enigma

Doy por hecho que quien me lea habrá visto ya la película. La película de McQuarrie está construida alrededor de un enigma muy interesante.: el falso crimen perfecto. El escenario del crimen depende de una huella dactilar, colocada en una moneda de un parquímetro. El detalle es inverosímil, lo comenta el propio héroe de la película, un antiguo policía militar que no cree que el inocente lo sea.

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Pero no es suficiente. Sin embargo, McQuarrie no quiere agobiarnos con información, tampoco quiere giros que se expliquen con un flashback con imagen quemada y música reveladora. ¡Su procedimiento es verdaderamente sutil! Nos muestra la escena del crimen, nos concede los detalles pero nos priva del sentido: la moneda, las cinco víctimas, el momento. Es un talento narrativo, pero es una narración que se legitima conforme avanza.: desde la recontsrucción de las vidas de las víctimas hasta sus secretos comunes que, lejos de convertirlos en oscuros, los humanizan. Lejos de caer en el melodrama, la película opta por mostrar a víctimas que no son emblemas de una inocencia que no ha sido corrompida si no de personas en medio del sistema que habitan.: con intereses enfrentados, adulterios, viajes pendientes, etcétera.

Sin salvar al mundo (ni a la ciudad)

¿Cuántas veces vemos películas ahogadas por su escala y no facilitadas por la misma? El cine de acción contemporáneo parece entender que unos hechos de carácter masivo y espectacular son mejores que otros de cariz más pequeño. Me parece un error lamentable que está dejando el género en retóricas de grandes presupuestos.

La trama en la que McQuarrie se mueve transcurre casi enteramente en una ciudad norteamericana no necesariamente turística (Pittsburgh) y bajo unos cinco asesinatos. Además, cosa extraña ningún personaje parece servicial. Sin embargo, la película conjetura al mismo tiempo que sus protagonistas: cuando comprobamos las temibles habilidades de Barr y descubrimos su pasado en la guerra, el relato adquiere un carácter orgánico.

Quien haya visto la primera película de su director lo sabrá ya, pero es muy extraño encontrarse un relato de misterio orgánico: donde pese a hacer uso de los arquetipos (el ex-policía solitario; el soldado atormentado; el policía corrupto) todos ellos permanecen no en una estilización al borde de la caricatura si no en un entorno más o menos verosímil, teniendo la película un tono de fábula del todo bienvenido.

Un detalle sensacional

Puede parecer que 'Jack Reacher' (id, 2012) sea algo más que una película de acción inteligentemente pensada, y no es así. Es una película de tipos duros, frases lapidarias, salvación en el último momento y final con promesa de nuevas hazañas. Ese modelo genérico se demuestra válido si la historia encuentra inventiva y no se acomoda a los clichés.: es un pulso, perdonamos los lugares comunes del género, siempre y cuando la ejecución no nos pida sumisión y nos persuada.

Bien. Pero también esta película tiene un detalle sensacional. Fijemonos en el tratamiento visual del traidor de la película, Emerson. Al principio recoge la bala sin dudarlo. Y cuando muere Sandy (Alexia Fast), una mujer inocente envuelta en una pelea y mira su cadáver, en su rostro, por vez primera, hay culpa. Es un detalle sensacional porque no es dramáticamente relevante (aunque sí es dramáticamente revelador), ni puede ser apreciado en otro momento que no sea una revisión.

De repente, McQuarrie renuncia a tratar al traidor como un simple peón argumental (error habitual en el cine comercial).: es una persona mostrando dudas, horrorizada ante la muerte y la corrupción que está ayudando a propagar. Pero tampoco necesita los diálogos que subrayan, los excesos melodramáticos. Usa un plano breve. Un plano breve de un hombre que se sabe culpable y duda y mira a la pantalla.

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Pero no es el único momento: todo el tratamiento visual al villano secreto es exquisito, expresivo y revelador. Cuando, antes de que la película revele su carácter de traidor, mira a la abogada Helen Rodin (Rosamund Pike) que encubre al héroe de la película por buenas razones, McQuarrie opta por un plano amenazador. Visualmente, la película es rica: nos muestra la historia, no nos la cuenta.

A lo mejor eso es lo que de verdad he estado anhelando en el thriller contemporáneo. Sutileza y sensación. Como el tiro limpio que pone en marcha esta película.

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