Clint Eastwood: los comienzos

Quedo bien en fotografía pero si pienso que eso es actuar, no acabo de entenderlo

Hoy damos inicio (un poco más tarde de lo prometido, y pido disculpas por ello) a un análisis de la obra de Clint Eastwood, centrándonos en sus facetas como actor y director. Aunque el prestigio lo ha conseguido sobre todo por lo segundo, creo que para hablar de Eastwood, ambas facetas no deben separarse, pues incluso en sus trabajos en los que la silla de director tenía otro nombre, Eastwood ha tenido siempre un control mayor sobre el producto que otros actores tenían o podrían tener.

He querido citar esa frase del propio Eastwood, porque leída hoy, muchos años más tarde, resulta cuanto menos graciosa. Su economía de medios a la hora de interpretar ha sido vista muchas veces como inexpresividad, obviando lo que directores como Sergio Leone, o actores como Richard Burton, pensaban de sus dotes como actor. Eastwood pertenece a esa clase de actores cuya presencia enamora literalmente a la cámara, y que con dos o tres elementos son capaces de construir todo un personaje, huyendo de todo tipo de lucimientos (¿alguien ha nombrado el Actor´s Studio?) que puedan ahogar hasta el tono del film.

Podríamos incluir al protagonista de ‘Harry el sucio’ en un grupo selecto, en el que también tendrían cabida personalidades tan distinguidas como John Wayne, Gary Cooper, Robert Redford, Morgan Freeman o Sean Connery, por citar unos pocos ejemplos. Pero ya habrá tiempo de extendernos todo lo que queramos con las aptitudes de Eastwood como actor. En este primer post, simplemente vamos a citar algunos de los títulos en los que empezó su larga trayectoria, y las motivaciones que le llevaron a dedicarse a la ardua profesión de ser actor, y más tarde director.

Clint Eastwood siempre ha declarado que se metió en el mundo del cine por casualidad. Casado con Maggie Johnson, de la que se separó en 1979 y que trabajaba como modelo, se dedicaba entre otras cosas a ser monitor de natación (su forma física era espléndida), e incluso limpiaba piscinas, muchas de ellas de famosos del mundo del celuloide. En una ocasión, esperando cobrar una factura por uno de sus trabajos, le vio Arthur Lubin, un correcto artesano de la época (dirigió, entre otras, una de las versiones de ‘El fantasma de la ópera’), que le confundió con un actor, y le contrató para unos pequeños papeles secundarios. Eastwood se dejó arrastrar, por así decirlo. Lo cierto del asunto es que tenía el aspecto físico que muchos de los productores de aquellos años buscaban, guapo, alto (1´93 nada menos) y con un cuerpo prácticamente perfecto. Entraba de lleno en el perfil de muchos de los actores que por aquel entonces empezaban a despuntar.

El problema es que en el cine no consiguió demasiados papeles relevantes, por no decir ninguno. Sus primeras interpretaciones no eran ni siquiera eso, y su nombre no apareció en los títulos de crédito hasta que hizo ‘The First Travelling Saleslady’, de Lubin, un vehículo para el lucimiento de Ginger Rogers, en la que daba vida al apuesto pretendiente de la mejor amiga de la protagonista. Estamos en 1956, y Eastwood tiene 26 años. Hasta ese momento, ha trabajado con Jack Arnold en ‘Revenge of the Creature’, quien a pesar de haber tenido ciertas discrepancias con el actor, le volvió a contratar para ‘Tarántula’; con Lubin en varios films, luego lo haría con su admirado William A. Wellman (en su momento nos pararemos para hablar de la enorme influencia de este realizador en el cine de Eastwood director) en el fracaso ‘La escuadrilla Lafayatte’, que era un especie de remake de su inmejorable ‘Alas’, y cuyo descalabro hizo que Wellman no volviese a dirigir.

Su última película antes de que le llagase una oportunidad que la cambiaría la vida, fue ‘Ambush at Cimarron Pass’, un western que él considera el peor film en el que ha intervenido. Después de esto, y un poco desanimado, consiguió por parte de su agente una prueba para una serie que estaba preparando la CBS, quien quería repetir el éxito que estaba teniendo con ‘Gunsmoke’ (el serial en clave de western más largo de la historia de la televisión norteamericana). Charles Martin Warren, que había sido el creador de la mencionada serie le hizo la prueba, y nada más verlo, le aceptó, pues buscaba a alguien joven que compartiese cartel con el personaje al que daba vida Eric Fleming, cinco años mayor que Eastwood. La serie en cuestión se titulaba ‘Rawhide’, en España ‘Látigo’, y su éxito fue impresionante. El tema central de la misma fue rescatado por Los Blues Brothers, que lo interpretaron, cómo no, en el estupendo film de John Landis.

A lo largo de 217 episodios se narraba la conducción de ganado desde Texas hasta Kansas, conducido éste por los dos personajes de Eastwood y Fleming. Siempre con un montón de adversidades que tiene que atravesar, muchas de ellas protagonizadas por la Naturaleza, que se convierte en una protagonista más de la historia, ‘Rawhide’ fue vendida a más de 30 países, en algunos de los cuales obtuvo un éxito sin precedentes (por ejemplo, en Japón). Eastwood conseguía el reconocimiento popular gracias a su rol de Rowdy Yates en la serie. Un año antes de finalizar la misma, a su compañero de reparto le ofrecen interpretar un western en España, éste lo rechaza, pero Eastwood lo acepta, aún pensando que su historia se parece demasiado a la de cierto film japonés de cierto famoso director. Su titulo en principio era ‘Il magnifico straniero’, pero pronto se lo cambiarían por el de ‘Per un pugno di dollari’, o lo que es lo mismo, ‘Por un puñado de dólares’.

Estaba a punto de comenzar una leyenda.

Nota: para amenizar este análisis, en Blogdecine realizaremos dos concursos sobre las películas de Clint Eastwood. El premio serán tres de sus películas como actor, y otras tres como director. El primero de ellos lo haremos tras hablar sobre ‘Harry el sucio’, y el segundo después de ‘Los puentes de Madison’.

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