'Supersonic Man', delirante

El reciente fallecimiento de Juan Piquer Simón hizo que muchos de cierta generación recordásemos con nostalgia algunos títulos de finales de los 70 y principios de los 80, cuyo visionado nos había proporcionado momentos inolvidables en nuestra niñez. ‘Supersonic Man’ (1979) y ‘Misterio en la isla de los monstruos’ (1981) son dos de las películas dirigidas por Simón, y que un servidor vio a temprana edad, tan temprana que uno no era capaz de diferenciar entre una buena y una mala película. En aquellos años en los que no existía Internet, la distribución cinematográfica era peor de lo que es ahora, y los canales de televisión se reducían a dos, ir al cine era un lujo, y servidor se tragaba todo lo que podía. Antes de escuchar la llamada de la cinefilia, me tragaba con el mismo interés ‘Supersonic Man’ o ‘Superman’ (id, Richard Donner, 1978), film del que precisamente es un calco.

La diferencia entre los trabajos de dirección de Juan Piquer Simón y Richard Donner es prácticamente invisible para un niño de 9 años, al menos en aquellos tiempos. Lo único que me importaba era ver a un superhéroe surcar los aires repartiendo justicia en todos lados y salvando a la humanidad de un grave peligro. El paso del tiempo demuestra una vez más que hay ciertas películas que es mejor no revisarlas, pues al hacerlo se destruye un recuerdo feliz de la infancia. ‘Supersonic Man’ es una de esas películas, es mejor no revisarlas, y en caso de hacerlo, sólo el reírse de lo mala que es, deviene como la postura adecuada ante ella. Mucha comida basura, unos cuantos amiguetes, y las risas están aseguradas.

¿Qué decir del argumento de la película? Es tan sumamente delirante que produce hasta vergüenza ajena. El refrito que es el film se hizo a la sombra del mencionado film de Donner, el bombazo taquillero de aquella época, y que después del Star Wars de George Lucas, cambió por completo la forma de concebir el cine. Juan Piquer Simón, que era un hombre de negocios extraordinario, vio el filón en un descarado plagio que coló al despistado pueblo español. El argumento es prácticamente inexistente, resultando una especie de mala mezcla de elementos muy conocidos por el aficionado, y en el que la originalidad brilla por su ausencia. Un ser de otro planeta viaja al nuestro para proteger a la raza humana de un maquiavélico villano.

Simón había obtenido un gran éxito con ‘Viaje al centro de la Tierra’ (1977), adaptación de la famosa novela de Julio Verne, por lo podía hacer cualquier cosa. La película que en principio iba a titularse ‘Capitan Electric’ y más tarde ‘Flash Man’ —desestimado porque Dino de Laurentiis presentó una demanda debido al sospechoso parecido con el proyecto ‘Flash Gordon‘— es un completo despropósito que insulta la inteligencia del espectador de un forma harto risible. Es decir, es muy probable que Simón fuera consciente de la completa nulidad de su producto por mucho que se tirara meses filmando, debido a lo complicado de los efectos visuales, que por aquel entonces revolucionaron el cine español, ya que no se había hecho algo de semejante envergadura. Las transparencias cantan por sí solas —también le cantaban a Hitchocock—, las maquetas resultan alarmantes, y sólo el diseño de dos naves espaciales podría tener cierto pase.

A los diez minutos del inicio, el espectador mínimamente inteligente es capaz de encontrar varias incongruencias argumentales, y a partir de ahí, uno sólo puede entretenerse pillando los gazapos de trama y puesta en escena. Otra actitud ante el film resultaría ser un completo suplicio, y siempre es mejor tomárselo a cachondeo que sufrir en nuestras pupilas cosas como que el gran secundario Cameron Mitchell, que trabajó para directores como John Ford, sea el estúpido villano de la historia, cuyas ansias de dominar el mundo no quedan demasiado claras. Su interpretación, aún siendo muy pobre, está a años luz de las de los dos encargados de dar vida a nuestro héroe: Antonio Cantafora, acreditado como Michael Colby, da vida a Paul, periodista tras el que se esconde Supersonic Man, un apuesto y soso hombre con bigotito, debido a que el director jamás creyó que la gente no identificase a Supermán con Clark Kent; y dentro de las ridículas mallas del superhéroe, José Luis Ayesterán, acreditado como Richard Yesteran, atlético actor que dio vida a Tarzán en un par de ocasiones. Ambos patéticos, al igual que el elenco de secundarios, muchos de ellos en papeles supuestamente graciosos, como el del cómico Quique Camoiras.

Para el recuerdo de lo delirante quedan la presentación del superhéroe antes de llegar a la tierra, su nombre es Kronos y el cambio a Supersonic Man es porque sí, porque toca. La transformación de Paul en su alter ego, mirando un reloj digital de la época mientras pronuncia la frase “Que la fuerza de las galaxias sea conmigo”, con lo que se rinde homenaje, si se le puede llamar así, al grandioso film de George Lucas, y también al Capitán Marvel de los cómics, que hacía acto de presencia después de que cierto adolescente pronunciase la palabra “Shazam”. Todas las peleas, sobre todo la de Supersonic Man con un robot, y alguno de sus sorprendentes poderes, como por ejemplo, convertir las pistolas de los villanos en ¡¡¡plátanos!!! Todo ello aderezado con una música discotequera bastante molesta, donde sobresale el tema central: “Supersonic Maannnnn, i wanna beee…” Si dais al play del siguiente vídeo, podréis lamentarlo. Os he avisado.

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