'American Gangster', a la manera de Scott

'American Gangster' es una de las últimas grandes películas de este 2007, una película a la que se le puede comparar con otros trabajos de Scorsese o Coppola, por poner dos ejemplos. Es obvio cuando se trata de un film de gangsters, y en la memoria colectiva suenan unos cuantos títulos que no hace falta que os recite. Pero lo que me parece un completo error es ver esta película esperando ver otra película, deseando que en vez de Scott hubiera sido de cualquiera de los dos directores nombrados o de cualquier otro.

'American Gangster' es DE Ridley Scott, y a su manera la ha dirigido. Por supuesto que se pueden encontrar referencias a otros films (en pocas películas no los hay), pero sobre todo nos encontramos con un Scott en su salsa, y al mismo tiempo renovándose, porque curiosamente y a pesar de sus excelencias Scott logra algo impensable, destacar desde la sombra, por así decirlo. Él es la verdadera estrella de la película, pero no ha cargado de grandilocuencia su trabajo como ha hecho en otras ocasiones, y esto no es malo, pero en alguien como Scott llama la atención, y más aún cuando se trata de un film épico sobre la mafia, centrándose en dos personajes de lo más fascinante.

Frank Lucas fue un importante traficante de droga que durante cierto tiempo introdujo heroína en suelo americano escondido en los ataúdes de los soldados muertos en Vietnam. Con ese "truco" construyó todo un imperio alrededor de su persona, logrando despertar las envidias de otros traficantes, y pasando desapercibido para la policía durante algunos años. Hasta que por supuesto, las cosas estallan, y se convierte en el centro de una importante investigación llevada a cabo por Richie Roberts, detective de policía, que llevaría a cabo la detención de tan singular personaje.

Ridley Scott construye su película alrededor de estos dos personajes principalmente narrando sus vicisitudes en un montaje paralelo que es toda una lección de montaje para cualquier otro director, sobre todo el hermano de Ridley, Tony. Pietro Scalia, habitual colaborador de Scott realiza un trabajo que sorprende escena tras escena, dotando al film de un ritmo increíble y dando la sensación de que una película que dura dos horas y media parezca que dura una media hora (por lo menos un servidor tuvo esa sensación, se me pasó volando). Y todo lo suficientemente bien tratado como para que nada se quede fuera ni tengamos la sensación de que nos falta algo en cuanto a personajes se refiere. Y en la película desfilan muchos, lo cual podría haber supuesto un problema, pero en manos de Scott (el buen Scott) todo está en su sitio, logrando que cada uno de los personajes tenga algo que decir. Aunque por supuesto, la esposa de Lucas no tenga demasiada relevancia, pero creo que es algo hecho adrede, una pieza más en el enfrentamiento que el director realiza de sus dos personajes centrales.

Un enfrentamiento, vestido de retrato, desde todos los puntos de vista y con sus puntos de interés. Lucas es un gangster, vive bien gracias a sus delitos con la droga, trata bien a las mujeres, es un tío respetado. Roberts es un policía honesto hasta la médula, pero trata a las mujeres como a la mierda, conduce un coche andrajoso, su vida es un desastre, y no está bien visto por sus compañeros de trabajo, pero tiene la satisfacción de estar haciendo lo correcto. Dos personajes a los que dan vida dos actores en estado de gracia. Un Denzel Washington que realiza una de sus mejores interpretaciones, estando muy por encima de sus trabajos con Tony Scott, con un personaje que cae bien y resulta odioso a partes iguales. Y un Russell Crowe inmenso, aunque parezca que su personaje quede en un segundo plano; el actor fetiche de Scott se sale con su composición de perdedor/ganador. El primer encuentro entre ambos es absolutamente antológico, encuadrado por Scott de una forma totalmente metafórica y genial. A partir de ahí los actores se lucen conjuntamente hasta el final de la película. El resto del reparto está a la altura de las circunstancias y todos forman parte de el universo de Scott, como marionetas a disposición de una historia totalmente clásica y llena de matices, y sencilla, que no simple. Josh Brolin (tanto tiempo después de 'Los Goonies', madre mía), Carla Gugino (excepcional su cante de las cuarenta dee Crowe en la sala de juicios), Chiwetel Ejiofor, Cuba Gooding Jr., Ted Levine y Armand Assante, entre otros, desfilan por la película con total seguridad.

Yo sólo le achaco una cosa a la película, y es que su ritmo in crescendo absolutamente brutal parece quedar un poco ralentizado en su último cuarto de hora, que siendo excelente pide a gritos un final más impactante, más bestia. Y eso que el plano final, antes de los títulos de crédito es perfecto. Todo lo demás es una absoluta maravilla que demuestra una vez más que Ridley Scott es uno de los mejores directores de nuestro tiempo, de todos los tiempos. Esta vez, haciendo gala de una puesta en escena que recuerda a los de los mejores thrillers de los 70, algo que en los últimos años parece que se está recuperando para beneficio de todos, logra un gran film, que sin ser una obra maestra, es CINE con mayúsculas y como Dios manda, sin idas de olla ni pajas mentales. Imprescindible.

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