'Blancanieves y la leyenda del cazador', aparatosa y soporífera revisión del cuento

El pasado viernes llegó a las carteleras otra adaptación del cuento de Blancanieves, apenas dos meses después de la colorista y familiar versión de Tarsem Singh, ‘Blancanieves (Mirror, Mirror)’. La segunda aproximación a este popular relato, fuente de la que ha bebido el cine desde principios del siglo pasado, es más ambiciosa y espectacular; la firma un debutante, Rupert Sanders, que ha apostado por un tono épico y oscuro. ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ (‘Snow White and the Huntsman’) es el título de este nuevo blockbuster con el que Hollywood pretende devorar las taquillas de todo el mundo, una mecánica, aparatosa y soporífera aventura fantástica que busca asombrar con escenas aisladas cargadas de pirotecnia visual, confiando en que el espectador no prestará demasiada atención a las incoherencias de la historia y pasará por alto la nula credibilidad de sus protagonistas. Aunque todavía quedan meses por delante, la incluyo ya entre las peores películas de 2012, es un desastre.

Kristen Stewart, Charlize Theron y Chris Hemsworth son las estrellas y el gancho para la taquilla de esta superproducción de James Roth, responsable de otro vacío pero rentable espectáculo como fue ‘Alicia en el país de las maravillas’ (‘Alice in Wonderland’). La fallida película de Tim Burton parece haber sido uno de los referentes a la hora de crear el infumable batiburrillo de elementos que forman ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’, en la que también se reconocen rastros de ‘El señor de los anillos’ (‘The Lord of the Rings’), ‘Legend’ o una de las series de moda, ‘Juego de tronos’ (‘Game of Thrones’). Da la sensación de que a los guionistas, Evan Daugherty, Hossein Amini y Evan Spiliotopoulos, se le encargó la elaboración de una serie de situaciones aisladas que dieran lugar a un llamativo tráiler. Piezas que permitieran imágenes recargadas con lujosos efectos visuales y relleno de minutos a base de convencionales peleas y batallas, filmadas con prisa y montadas de manera caótica para maquillar la torpe dirección de Sanders. En definitiva, uno de los mayores problemas de la película es que no funciona como bloque, no hay ritmo, progresión dramática ni una evolución creíble de los personajes, todo avanza a saltos, de manera forzada y arbitraria. Y así es difícil meterse en la historia.

Más aún cuando es sobradamente conocida por todos, aunque Daugherty, Amini y Spiliotopoulos han introducido numerosos cambios al enfoque tradicional del relato de Blancanieves, cuya más célebre adaptación es la de Walt Disney estrenada en 1937, para animar al público actual a descubrir esta nueva versión. La película de Sanders arranca con el trágico pasado de la protagonista, con la muerte de sus padres y la coronación de la malvada Ravenna, que encierra a su hijastra en una torre durante años, tiempo en el que el reino pierde toda su luz y su alegría para convertirse en un lugar tenebroso y moribundo. Ravenna necesita roba la vida a su alrededor para seguir siendo la mujer más bella. Pero un día, su espejo mágico dice que la más hermosa es Blancanieves, en cuyo físico y estado de ánimo no se notan las penurias que ha tenido que soportar desde su niñez (debe ser que los pajarillos, además de largos tornillos con los que defenderse, le proporcionaban comida y ayuda psicológica). Como es de esperar, la joven escapa y la reina envía al cazador para que la encuentre. Pero ha elegido a un hombre bueno, claro, que en lugar de cumplir órdenes ayudará a Blancanieves a recuperar el trono. Siete enanos y un ejército fiel a la legítima heredera se unirán a la causa.

‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ es una de esas películas en las que a cada momento te preguntas “¿y esto a qué viene?”. Es una montaña de disparates visuales y narrativos. Escenas como la de Ravenna bañándose en ¿leche?, el flashback de su infancia, las pesadillas en el bosque oscuro, el ataque del troll, la aparición del príncipe, el funeral con canción de uno de los enanos o la profecía metida con calzador son solo algunos apuntes de la incompetencia de los responsables de la película a la hora de crear un emocionante drama de acción y fantasía. Con todo, la película podría seguirse con un mínimo de interés si el reparto se creyera en algún momento lo que está haciendo, pero no es así. Stewart sigue haciendo lo de siempre, suspira mucho y va alternando la expresión entre asqueada y excitada, Hemsworth vuelve a repetir el papel de Thor (cambiando el martillo por hachas, faltaría más…), Sam Claflin es uno de los peores descubrimientos del cine comercial, realmente lamentable su escasa participación, y Theron es la única que se defiende, que logra algún momento de conexión entre la pantalla y el público, pero su personaje es tan absurdo que ni siquiera en el mejor momento de su carrera (ojo a ‘Young Adult’) puede dotarlo de entidad. Ian McShane, Toby Jones, Ray Winstone, Nick Frost, Bob Hoskins, Johnny Harris y Eddie Marsan se limitan a pasear por bosques y castillos encarnando a unos sosos enanos cuya labor es poco menos que soltar frases supuestamente graciosas.

De las dos perspectivas de la misma historia, sale victoriosa la de Tarsem, sin ser brillante ni mucho menos. Y aunque le vaya peor comercialmente, su ‘Mirror Mirror’ cumple con lo que promete. El cineasta de origen indio supo exprimir el lado más afable y jovial del cuento, lograr la implicación del reparto (Julia Roberts y Armie Hammer superan con creces a cualquier intérprete de esta otra versión) y ser fiel a su gusto estético, dejando en definitiva un producto efectivo, entretenido, honesto y único. Por su parte, Sanders falla en todos los frentes con ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’. Su película es un armatoste sin alma, sin identidad ni valor, es una vaga repetición de elementos y esquemas trillados, el simplón amago de historia se desmonta ya en el primer acto y los actores están nefastos, perdidos en este producto de marketing que no es más que un bonito envoltorio que promete mucho más de lo que ofrece. Del mediocre conjunto, solo rescato alguna escena de Theron, que lo intenta, los efectos visuales y la música de James Newton Howard, que alterna tramos rutinarios con otros más inspirados. En resumen, un título para olvidar.

Otra crítica en Blogdecine: ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’, épica insustancial

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