Críticas a la carta | 'Réquiem por un sueño' de Darren Aronofsky

Coincidiendo con la semana de estreno de ‘Noé’ (‘Noah’, Darren Aronofsky, 2014), rescatamos hoy con ‘Réquiem por un sueño’ (‘Requiem For a Dream’, 2000) esa sección tan querida por gran parte de nuestra comunidad, críticas a la carta, en la que podréis pedir críticas de películas y el equipo de editores de Blogdecine os las iremos ofreciendo semanalmente.

En el último post la película más votada fue esta pieza de culto de ese señor tan admirado por muchos de nombre Darren y apellido Aronofsky, uno de los niños mimados descubiertos en el Festival de Sundance con su anterior película, ese horror titulado ‘Pi’ (id, 1997), que hizo a muchos poner atenta la mirada al segundo largometraje del cineasta de Brooklyn, que pareciera querer ser el ‘Días de vino y rosas’ (‘Days of Wine and Roses’, Blake Edwards, 1962) moderno de las drogas.

Con una banda sonora inolvidable a cargo de Clint Mansell, y donde destaca sobre todo la interpretación del Kronos Quartet, sobre todo del pegadizo tema central, Lux Aeterna, que aparece no pocas veces en una película que va directa al grano en su descripción del descenso a los infiernos de los protagonistas. Tan directa que va que se olvida por completo del crescendo dramático o el dibujo de personajes, a los que ya presenta como adictos.

La adicción

‘Réquiem por un sueño’ es ante todo una película sobre la adicción, en concreto a las drogas —qué original y arriesgado—, hora y media de lenguaje fílmico nervioso, que no con nervio, que es otra cosa, cuya narrativa consiste en el mayor número posible de efectismos visuales y trucajes de montaje —la pantalla partida porque sí, aunque no venga a cuento—, alternando incluso el ritmo interno de algunas secuencias, con la presumible intención, o eso parece, de provocar desasosiego en el espectador.

Pero lo que en mí provoca —al menos en esta revisión, ya que recuerdo un primer visionado en su momento, digamos, disfrutable— es verdadero sopor. ‘Réquiem por un sueño’ es una de esas películas que no resisten visionados posteriores, desvelándose sin vergüenza un producto vacuo, y a veces sin un sentido más allá de lo estético, y que lleva a Aronofsky a retratar lo decadente de forma sucia y provocativa, provocando como mucho un levantamiento de ceja.

Pero no todo va a ser malo en esta película, a la que el paso de catorce años ha hecho bastante daño. Si bien Aronofsky se divierte él solito con sus imágenes y virguerías visuales —con clara influencia de ‘Trainspotting’ (id, Danny Boyle, 1996) pero sin gracia—, deja al menos un buen peso de la función en manos de un reparto totalmente entregado a la causa, sobre todo la veterana Ellen Burstyn, que recibió una nominación al Oscar por su interpretación.

Los actores, el alma de la película

Es en el relato de este personaje, una mujer madura, sola y con mucho tiempo libre, donde ‘Réquiem por un sueño’ vuela más alto, logrando si acaso alterar un poco la conciencia del adormilado espectador. La actriz está inmensa como mujer adicta por un lado a los shows televisivos, y por el otro, a pastillas de adelgazamiento, que devora con pasión mientras espera una llamada para ir a un programa en directo. El sueño americano de la fama retratado en el rostro cada vez más demacrado de Burstyn y sus ingenuas ilusiones.

Jennifer Connelly y Jared Leto demostrando que son algo más que caras guapas conectan bastante bien y pasan la prueba a pesar de tener que cargar con personajes casi inexistentes, ahogados completamente por el exceso visual del director, que se cree que repetir el mismo montaje una y otra vez del ritual de coloque de los protagonistas cada vez que se meten algo en el cuerpo sirve para algo más que provocar mareo. Una solución facilona cuando el equilibrio ético/estético se va a tomar viento fresco.

Incluso Marlon Wayans, que ese mismo año cambiaría completamente de tercio con el inicio del filón Scary Movie, tiene un pase como el mejor amigo de Harry (Leto), o Keith David como retorcido traficante al que no le interesa el dinero, sino los coños. Incluso en el exagerado tramo final, los actores se muestran convencidos, sin caer en el histrionismo ni la parodia involuntaria.

‘Réquiem por un sueño’ esconde dentro de su supuesta franqueza y atrevimiento, el moralismo más atroz y terrible, aquel que condena intentado provocar rechazo sobre lo que habla a base de golpes de efecto continuos sin ton ni son. No dudo que en ciertos sectores lo consiga, con su aluvión de imágenes transgresoras —donde sólo alcanzan sentido los primeros planos—, la película parece un tiro de cocaína, de la mal cortada, claro.

Sobre la sección: Recordad que en los comentarios podéis pedir una película para que caiga en esta sección la semana que viene. Quedan fuera aquellas películas de las que ya hemos hecho crítica o formen parte de algún especial en curso o futuro. Sed originales.

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