'Days of Being Wild', el fascinante aburrimiento de Wong Kar Wai

Wong Kar wai es, para un servidor, uno de los directores más sobrevalorados de los últimos tiempos. Con esto no estoy diciendo que me parezca un realizador malo ni muchísimo menos, ahí están obras como 'Deseando Amar' o '2046', que tienen un poder de fascinación realmente sorprendente para los tiempos que corren. Pero sí me parece un realizador menos interesante que otros orientales, y que han tenido menos reconocimiento internacional que Kar Wai. Así, a bote pronto me vienen a la cabeza los nombres de Kim Ki-duk o Bong Joon-ho, por citar sólo dos y bien distintos entre ellos y con respecto al que nos ocupa.

'Days of Being Wild' es la segunda película del realizador, y se trata de la primera parte de una trilogía compuesta por este título más los otros dos señalados arriba, sin que ninguna de las tres películas tenga una clara continuidad argumental. Hablamos, mejor dicho, de una continuidad temática. La historia, ambientada en los años 60, es una historia de amor a cuatro bandas, entre un hombre con serios conflictos emocionales, dos mujeres con una visión distinta de la pasión amorosa, y un segundo hombre que pasaba por allí.

Es precisamente en este último personaje donde el film para mí tiene su mayor atractivo, y donde alcanza sus más altas cotas. Evidentemente a ello ayuda la interpretación del excepcional Andy Lau, quien aprovecha al máximo las posibilidades de su personaje, el cual no es precisamente el mejor de la película, pero argumentalmente ofrece un abanico realmente interesante, que tanto el actor como el realizador no desaprovechan. Memorables esos paseos nocturnos con la mujer de corazón roto. Y es que Kar Wai posee una endiablada facilidad para dotar a sus películas de una fuerza visual increíble, aunque aquí a veces se le va la mano.

Y es que creo que la película tiene unos continuos cambios de tono que no le sientan nada bien, cambios apoyados además por algunos excesos visuales por parte de su director, que de acuerdo, van en consonancia con lo que está contando, pero desequilibran enormemente la historia, y por consiguiente el film. Anótese esa parte final, en la que hay una explosión de violencia que coge desprevenido al espectador, y que está precedida por un travelling que adelanta lo que va a suceder.

Por otro lado la película es enormemente aburrida, a pesar de lo interesante de su propuesta y lo bien diseñado que está su personaje central, interpretado para la ocasión por Leslie Cheung, quien parece pasárselo en grande con su rol, y quién no se lo pasaría seduciendo nada más y nada menos que a Maggie Cheung, actriz fetiche del director, y a Carina Lau, menos conocida que la anterior, pero de una belleza deslumbrante. Ambas actrices están fantásticas en su respectivos papeles, poniéndole sobre todo mucha pasión.

Y como siga así va a parecer que la película me ha encantado, cuando no es así, aunque sus aciertos son para tenerlos en cuenta. No obstante esta vez Kar Wai no me ha llegado como otras, e incluso deja de interesarme lo que cuenta por una más que evidente torpeza narrativa, tanto visual como argumental, quedando al final un film muy flojo, aunque con ciertas constantes típicas de su realizador bien visibles, y que se convertirían en su sello personal más adelante. Como anécdota decir que el realizador pensó en realizar una segunda parte, pero que debido al fracaso de la presente, nunca vio la luz. De ahí esa secuencia final, con Tony Leung arreglándose al son de una bonita música, y que parece descolocada del resto. Una secuencia que iba a servir de nexo de unión con la continuación, pero en este caso, como en muchos otros, la taquilla manda.

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