'Diario de Greg' vs. 'El pequeño Nicolás'

A lo largo de este año se han estrenado en cines dos películas que guardan entre sí ciertas semejanzas, las mismas que las acercan a ‘Manolito gafotas’, la adaptación de Miguel Albaladejo de los libritos de Elvira Lindo. ‘Diario de Greg’ (‘Diary of a Wimpy Kid’, 2010), de Thor Freudenthal, parte de las historias ilustradas de Jeff Kinney, mientras que ‘El pequeño Nicolás’ (‘Le petit Nicolas’, 2009), de Laurent Tirard —que ayer apareció a la venta en DVD—, surge, como todo el mundo sabe, de los relatos de René Goscinny ilustrados por Sempé.

Diferencias

‘Diario de Greg’ contiene una marca de actualidad que probablemente le regale una mayor aceptación entre la chavalería de hoy. Se trata del friquismo, de la sensación de no pertenencia, de la dificultad de adecuación. Cuando el protagonista y su relleno mejor amigo dan el salto a la escuela de enseñanza media, a pesar de no haber dado aún el estirón, encajar se convierte en un mundo. En series de televisión y películas, este tipo de personajes desubicados había sido siempre el secundario gracioso y, desde hace ya años, ha cobrado un protagonismo inmenso.

En la época en la que Goscinny escribió ‘El pequeño Nicolás’, nadie se habría planteado poner como protagonista al bicho raro marginado, sin embargo, hoy en día, parece la única opción para ganarse la empatía de la joven audiencia hacia el personaje principal.

Esta diferencia, marcada más que por intenciones de sus autores, por la época en la que las obras están escritas, es la que más despega entre sí ambas propuestas. El francés no quería denunciar los abusos de niños con mayor poder o mostrar la dificultad para encontrar un lugar en el mundo, sino señalar las diferencias entre pequeños y adultos, dibujando una barrera abismal de percepción entre los dos universos, gracias a la cual se arrancan muchas de las risas.

Si mencionamos de nuevo nuestra versión patria, ‘Manolito gafotas’, veremos que ella no persigue ninguno de estos dos propósitos, sino que termina siendo, aun con todo el humor que tiene, uno de los mejores retratos sociales que se han hecho en nuestro cine.

Por otro lado, ‘Diario de Greg’ y ‘El pequeño Nicolás’ se separan también en que Greg es un niño demasiado consciente de lo que se cuece, su mirada hacia los acontecimientos, expresada en la voz en off, suena adulta, ya que parece que conoce demasiado bien los mecanismos sociales y psicológicos que dominan la existencia de los niños de su edad.

Goscinny, por el contrario, logró una mirada atónita y limpia, totalmente creíble para una mente infantil. El interés de las historietas del francés, además de divertir a pequeños, radica en la posibilidad de devolver a los adultos a esa perspectiva confusa y al mismo tiempo, muy lúcida sobre los hechos de la vida. Kinney observa desde arriba los errores que se pueden cometer con tan pocos años, Goscinny adopta la estatura del niño y lo percibe todo con equidistancia.

Similitudes

En ambas se puede vislumbrar la estructura episódica heredada de los capítulos de los libros y la ausencia de una cohesiva trama global. Sin embargo, a la de Nicolás, esta forma narrativa se le acomoda mejor, ya que parece fruto de una intencionalidad costumbrista acorde con la tradición cinematográfica francesa, además de que las anécdotas se han intercalado con mayor habilidad y disimulo. En la norteamericana, los saltos de una situación a otra son demasiado evidentes.

Por este motivo, las dos películas adolecen de falta de intensidad en el clímax. La de Tirard queda abierta, quién sabe si para favorecer la posible existencia de una secuela o si obedeciendo a ese tono cotidiano que no persigue la contundencia de un relato cerrado, sino la muestra de un momento aislado del tiempo con las pocas consecuencias que éste conlleva. La de Freudenthal sí trata de funcionar como historia rematada, con una férrea conclusión, basada principalmente en la enseñanza vital que recibe el protagonista, pero no por ello se libra de la sensación de que los hilos se podrían haber atado mejor —especialmente el que atañe a Chloe Moretz, la protagonista de ‘Kick-ass’ y ‘Déjame entrar’— y de que las secuencias finales podrían haber estado más arriba.

El ya mencionado contenido social de la película de Albaladejo hacía que los episodios se uniesen mejor y daba una sensación general de historia completa que no la tiene ninguna de estas dos. El final en ‘Manolito’ se convertía en un momento emotivo, duro y cargado de significado que aquí no se ha igualado en ninguno de los dos casos.

Diferencias y similitudes estéticas

‘El pequeño Nicolás’ se sitúa en los años sesenta. La recreación de la época —decoración, vestuario— y las localizaciones que imitan la década, ya por sí solas valen casi el visionado. El relato se acompaña de una fotografía estilizada y unos cuidados encuadres. La sensación de caos en el aula y de confusión en el hogar se transmite de forma espléndida. ‘Diario de Greg’, situada hoy en día, tiene un look corriente, quizá televisivo, y la forma en la que está realizada no se destaca por original. Consigue, eso sí, una fuerte credibilidad y una gran cercanía, pues en las intenciones de su autor seguro que no estaba el lucimiento formal.

Si en las dos películas se introducen las ilustraciones de los libros con mecanismos muy similares —el plano de inicio es prácticamente el mismo: la portada roja de los respectivos libros—, la disimilitud de estilo entre Kinney y el genial Jean-Jacques Sempé hace que una de las películas se enriquezca mientras que para la otra la aportación sea casi indiferente.

Conclusión

Probablemente recomendaría ‘Diario de Greg’ a los niños y adolescentes, pues se sentirán más cercanos con la ambientación actual y encontrarán personajes con los que pueden sentir una empatía. Se divertirán con las anécdotas y pasarán un buen rato pendientes de ver si el protagonista logra por fin su objetivo de convertirse en un chico popular. Para adultos está claro que la opción es ‘El pequeño Nicolás’, una película de calidad, con algunas decisiones valientes de adaptación, pero con una fidelidad asombrosa al espíritu de la obra literaria.

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