'El caso Fischer', la Guerra Fría del ajedrez

Ya existe una película que hace una más que evidente referencia al ajedrecista Bobby Fischer. Se trata de 'En busca de Bobby Fischer' ('Searching For Bobby Fischer', 1993), pero ahora Edward Zwick —director de ‘Diamante de sangre’ (‘Blood Diamond', 2006)— nos trae un biopic sobre el estadounidense, que logró posicionarse como el mejor ajedrecista del mundo en 1972 (en plena Guerra Fría), cuando la Unión Soviética contaba con los mejores jugadores de este deporte.

Fischer debe enfrentarse al campeón actual del momento, el ruso Boris Spassky (Liev Schreiber), en una época en la que vencerlo no sólo significaba posicionarse como el campeón mundial, sino que también implicaba una victoria simbólica de su país sobre los soviéticos. El duelo fue mucho más que un conjunto de partidas para conquistar un campeonato; prueba de ello es que captó la atención del mundo entero a través de una retransmisión televisada.

Un rápido repaso a la vida de Bobby Fischer

El film también hace un rápido (y bastante pobre) repaso por la vida de Fischer, desde el momento en que descubre el juego del ajedrez siendo un niño hasta el momento en que abandona sus estudios para dedicarse a este deporte. Pero se centra especialmente en su genialidad como jugador y en su creciente inestabilidad mental, que en realidad no estaba tan agudizada en aquellos momentos (los verdaderos problemas llegaron más tarde, cuando ya tenía su título).

Con respecto a esto último hay que decir que aunque 'El caso Fischer' ('Pawn Sacrifice', 2014) haga hincapié en su “locura”, presenta una visión muy general de ésta sin llegar en ningún momento a ahondar en ella más allá de que, aparentemente, estos problemas mentales están asociados con su madre, Regina Fischer (interpretada aquí por Robin Weigert), que era una comunista vigilada constantemente por el FBI. Y es que su vida fue demasiado compleja como para comprimirla toda en 114 minutos.

Una vez conseguido el título de Gran Maestro, Fischer se propone retar al campeón Spassky. Para ello contará con el asesoramiento de su representante, el abogado Paul Marshall (Michael Stuhlbarg), preocupado únicamente de inferir una derrota política a la URSS, y de su entrenador, el sacerdote Bill Lombardy (Peter Sarsgaard), más pendiente de los efectos que puede tener este desafío en la salud y la integridad emocional del jugador. Es un equipo con intereses distintos y actitudes que contrastan.

Las manías de un judío antisemita

Por su parte, el excéntrico Fischer cambia y eleva constantemente sus condiciones y exigencias a sus dos asesores, la mayoría de ellas son de tipo económico, aunque las tiene de toda clase y para todo el mundo. Y a pesar de estar convencido de ser el objeto de una vasta conspiración en la que mezcla a soviéticos y judíos, Fischer se resiste a ver su desafío a Spassky como una acción política. Como percibe el cura Lombardy (que dice que "lo que Fischer no sabe es qué va a pasar si gana"), el mayor obstáculo que tiene el ajedrecista es él mismo.

Como he dicho, el Fischer adulto (Tobey Maguire) está obsesionado con la idea de que está siendo vigilado, esta es una sensación que tiene desde que era niño y que ha sido alimentada a lo largo de los años por las advertencias de su madre sobre las acechanzas del comunismo. Los ruidos menores, las sombras, las conversaciones y las pisadas, todo lo pone en guardia y lo asusta.

Parte del atractivo de la cinta se debe al trabajo que realiza Tobey Maguire, que desde que interpretara a Peter Parker ha mejorado muchísimo. Aquí consigue transmitir una contradicción fascinante, con un personaje que se muestra completamente perdido en un momento y audazmente engreído en otro, como cuando responde a la prensa y se enfrenta a toda la Unión Soviética, denunciando las injusticias que veía.

Pero tampoco hay que menospreciar la interpretación de Lieb Schreiber que a pesar de no tener tantos diálogos como Maguire, muestra un dominio absoluto de su personaje (sobre todo a partir de la segunda parte del film que es cuando gana protagonismo), trabajando mucho con su expresión corporal.

Fotografía y dirección

Bradford Young ('Selma', 2014), realiza un excelente trabajo como director de fotografía, incluyendo imágenes granuladas y también en blanco y negro. Además alterna algunas escenas con archivos documentales (cuando por ejemplo empalma al Fischer de Maguire con un clip real de una entrevista que Fischer hizo con Dick Cavett en 1971).

El director Edward Zwick consigue transmitir bastante bien las percepciones enloquecidas de Fisher, poniendo al espectador en su lugar con primeros planos que rozan lo claustrofóbico. Los sonidos periféricos (toses, respiraciones, murmullos… ) se van amplificando, de manera que Zwick consigue replicar bastante bien cómo debía sentirse Fischer en aquellos momentos, ya que él era hipersensible al ruido mientras jugaba.

Lo mejor: Las interpretaciones de Maguire y Schreiber, aunque los secundarios tampoco están nada mal.

Lo peor: Algunos hechos que presenta el film son inexactos, se exageran ciertas cosas y se pasa demasiado rápido por otras, como por ejemplo la brevísima mención final de por qué Fischer acaba en Islandia. La película está bien para conocer por encima a esta figura, pero mejor no quedarnos solo con esta visión.

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