'El Lobo de Wall Street', buena gente

Basada en la historia real de Jordan Belfort, cuyo recorrido vital incluye ser un ampliamente reconocido delincuente fiscal para terminar siendo un hombre que da charlas motivadoras convirtiendo su historia en una razón de (risas) más ingresos y redención y buenos sentimientos, la última película de Martin Scorsese, cuyo libreto firma Terrence Winter, es de una asombrosa vulgaridad en todos sus aspectos. Y lo que es más sorprendente, es francamente tonta.

Los tiburones de la bolsa toman drogas. Son, al parecer, codiciosos. Capaces de la estafa, la picardía y otras formas más o menos obvias de engaño. Y, también, gozan y disfrutan de la compañía de variadas, aún cautivadoras en su superfície, sultanas de la calle o reinas de la noche, a las que pagan millonadas, cuando no se casan con otro tipo de mujer de vicio, la que solicita el dinero a un hombre solo. Para dar parte del descubrimiento, supongo que para él tremebundo y a todas luces sorprendente, Scorsese ofrece tres horas del mismo y esquemático espectáculo.

Entendida como la tercera parte de una trilogía que tendría precedentes en 'Uno de los nuestros' (Goodfellas, 1990) y 'Casino' (id, 1995), la película no encuentra ni, por una parte, nada que añadir al interés temático y narrativo de aquellos, ni tampoco una historia de su relieve dramático. Incluso mi compañero Mikel, partidario, admite que la película termina por descontrolarse.

Si ya la mentada 'Casino' era una pieza de acompañamiento caracterizada por momentos erróneos y menores, y salvaguardada por Sharon Stone, esta película es, directamente, la prueba de un estilo sin inventiva, aún con brío, y capaz de ofrecer tres notables secuencias, que recuerdan aún porque Scorsese es un cineasta a quien se admira, y un montón de notorios errores.

Para comenzar, la película ofrece una adaptabilidad a tiempos de cinismo ideológico y nihilismo capitalista, de la peor manera posible.: es exultante y grosera con el estilo de vida del protagonista, pero no duda en lanzar escenas-señuelo donde Scorsese subraya su condena. Tengo dos hipótesis: se trata de la estética dominante en la que la ambiguedad absurda es confundida con profundidad (nos gusta no tener que enjuiciar demasiado severamente asuntos relacionados al poder, pero seguir siendo políticamente correctos y diciendo que está mal) y la segunda la película se pretende sátira realmente, esto es, tiene entre sus propósitos retratar y poner en evidencia a un grupo de gente y sus discutibles hábitos.

En el segundo supuesto, que muchos críticos avalan, la película sería todavía más imbécil de por si. Incapaz de ofrecer concreción y vitriol real en su moralismo, se regodea en ideas evidentes y además regala un personaje propio del machismo más repugnante, el de Naomi (Margot Robbie), la mujer-tentación que lleva y potencia los más bajos instintos del protagonista Belfort, encarnado con esmero y algo de diversión por Leonardo DiCaprio.

La película es obviamente sexista, pero no quiere tomar partido, ni siquiera si su sexismo es porque usa una narración subjetiva. Pero en 'Taxi Driver' (id, 1976) o 'Uno de los nuestros', la narración subjetiva se usaba para poner en tensión los hechos: no para simplificar la historia, a unos niveles primarios y adolescentes, o amparar personajes simples, sin interés dramático.

Por eso mismo, aparece una "buena primera esposa" de Belfort, para justificar la onda de sexismo - también en la manera de ser rodada y desnudada - que Naomi representa: una mujer sedienta de dinero, aprovechada y vil, que encaja no solamente con los machistas sino también con los moralistas más reaccionarios que creen que la película está ofreciendo una mirada, de algún tipo, sobre el tema que trata.

Si la película fuera una "brusca sátira" ¿por qué se alarga en tres aburridas horas de auto-complacientes bromas entre DiCaprio y su club de secundarios, liderado por Jonah Hill? Si la película es una narración subjetiva ¿por qué su director y su guionista introducen una escena - muy bien interpretada, por cierto - en la que Kyle Chandler, en el papel de honrado agente federal, aparece para dejar claro (y obvio) al público que las personas corrientes viven al margen de su protagonista?

Si 'Uno de los nuestros' (id, 1990) era una de las mejores películas de Scorsese no era solamente por la enérgica puesta en escena, sino por como la película jugueteaba con una narración subjetiva en la que el concepto de redención - nada extraño en la filmografía de su cineasta - se convertía en algo miserable.

No hay nada de esto en esta película, que cuenta con las mismas figuras de estilo de su cine (largos travellings, montaje enérgico de Thelma Schoonmaker, movimientos enfáticos de acercamiento, concepción musical y episódica de la narración) pero ninguno de sus usos excelentes e interesantes.

Lo que quiero decir, es que tras tres horas de manierismo, nada de lo que 'El Lobo de Wall Street' (The Wolf of Wall Street, 2013) tiene mayor enjundia, profundidad o altura intelectual que, por ejemplo, 'Proyecto X' (Project X, 2012). Pero al menos una de las dos tiene clara su posición cínica.

Peor que sexista, excesiva o simplona, esta es una película boba.

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