'El menor de los males', retrato de un político corrupto

Antonio Hernández vuelve a las intrigas políticas que tan acertadamente retrató en 'Los Borgia' con 'El menor de los males', que se estrena el día 14 de marzo.

Un político de un partido de derechas que se llama a sí mismo de centro tiene en sus manos la posibilidad de convertirse en el siguiente candidato. Acude al pazo de su familia a pasar un fin de semana y se encuentra con que su hermana inesperadamente está allí. Él contaba con que se hubiese marchado a Mallorca, pero ella tiene un esguince y se ha quedado. Trata de que abandone la casa con la excusa de que vienen unos políticos, pero en realidad es una de sus amantes la que va a visitarlo con la intención de extorsionarlo con unas fotos de ellos dos juntos.

El film comienza de manera muy efectista, pero se trata de una falsa alarma y después tiene un largo fragmento en el que se van planteando las cosas y que tarda demasiado en dar paso al verdadero conflicto y a la acción. Una vez nos metemos en harina, el interés crece considerablemente y nos encontramos con una película que no está nada mal, que va aportando nuevos giros a cada momento y envolviendo a los protagonistas en un enredo del que es difícil salir. Demuestra con ello que la mierda, cuando más se remueve, más huele y en este caso, literalmente. 'El menor de los males' tiene un tono esperpéntico que mezcla momentos de humor grotesco con situaciones muy dramáticas. Esto es muy difícil de hacer y en parte está conseguido. Se presenta un patetismo en los personajes secundarios y también en la forma en la que ocurren las cosas que es lo que más da la impresión de que nos encontramos en un mundo sucio de seres de baja calaña, más que las decisiones corruptas en sí. Sin embargo es posible que no se haya logrado del todo y que muchos espectadores se sientan despistados con este tratamiento de farsa que donde más se refleja es en la actuación de los personajes protagonistas.

El papel de Roberto Álvarez era muy difícil de interpretar por las limitaciones que le crea el demostrar esta indiferencia y quizá por ello, este actor –que en roles como el del padre de Manolito Gafotas está magnífico— aquí nos transmite un personaje del que no sabemos bien qué pensar, que parece que está atontado durante algunos momentos y que da la sensación de que no toma ni una sola decisión en toda la película. Más aún ocurre así con el personaje de Carmen Maura, que se limita a estar y a aceptar, pero sin que veamos en ella el motivo de su sumisión. Por ello, se podría decir que Verónica Echegui es la que más acertada está en su personaje de entre los principales. Los secundarios que también son secundarios en cuanto a su cargo: Marta Belenguer, Xabier Deive, César Cambeiro, así como Antonio Durán, "Morris", en el papel del periodista, están muy bien por el mismo motivo que Echegui: sus personajes estaban más definidos, eran menos complejos.

Aunque la intención de los autores sea la crítica a las acciones de los protagonistas, el devenir de los hechos en la película, con ese claro efecto bola de nieve y con la presentación de unas circunstancias que se les han ido de las manos pareciera que los justifica. Da la sensación de que se los ha querido colocar en una posición sin vuelta atrás en la que casi cualquier persona habría actuado como ellos. Quizá la culpa está en lo insensibilizados que estamos los espectadores, acostumbrados a contemplar en el cine asesinatos, engaños y todo tipo de escaramuzas y a admitir estos comportamientos como la decisión correcta cuando se nos ha hecho ver que los protagonistas no tenían más remedio.

De la misma forma, se busca hacer un retrato de un político corrupto y dejar ver, por ejemplo que, cuando descubre algo que tendría que hacer cambiar su actitud, él siente indiferencia. Más que pensar que ha sentido indiferencia, el espectador está esperando que haya una reacción que nunca llega. Se acaba sin atar ese cabo suelto porque no sólo al político esa cuestión le resultaba indiferente, a los guionistas, también.

Ocurre así más o menos con todo lo que se presenta en la película. En la rueda de prensa Hernández declaró que para él estaban muy claros sus mensajes, las intenciones de los personajes, los motivos por los que tomaban cada decisión, pero no sé si todo es tan perceptible como se ha pretendido. Era curioso ver cómo cada uno de los actores y el director interpretaban de forma diferente la película o a su personaje. Si ni siquiera entre el equipo ha quedado establecida una única forma de comprender lo narrado es normal que desde el patio de butacas tengamos también lecturas diferentes.

Está ambigüedad no tiene por qué ser un defecto, quizá es más interesante una película que haga pensar y deje que cada uno saque sus conclusiones a una que dé un claro mensaje. De hecho, me resulta mucho más atrayente el estudio psicológico sobre cómo las circunstancias pueden convertir a alguien desesperado en un ser despreciable que la crítica a la corrupción que es algo evidentemente malo y que da poco pie a debates morales. El cómo se llega a ser tan corrupto sí puede ser tema de discusión.

Sin llegar a la altura de la mejor película de Hernández, 'Lisboa'; 'El menor de los males' es un buen film que quizá no ha salido todo lo redondo que debería, pero no por falta de solvencia, sino porque sus intenciones eran muy elevadas y resultaba complicado alcanzarlas todas.

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