Festival de Gijón 2016 | Sobre la infancia y la mujer en la política

Casi sin darnos cuenta, llegamos a nuestra tercera crónica desde el Festival de Gijón, donde además de ver nuevas propuestas, nos estamos poniendo al día con algunos de los títulos más sonados a lo largo del año en festivales internacionales. Es el caso de la cinta de animación suiza 'La vida de Calabacín' ('Ma Vie de Courgette', 2016) de Claude Barras, emotivo y eficaz retrato sobre la infancia, que se ve dentro de la sección Gran Angular.

Además, vemos el último trabajo de uno de los talentos jóvenes del cine canadiense, Chloé Robichaud y su último trabajo, 'Pays', dentro de la sección Rellumes y sin olvidarnos del segundo programa de cortos del que queremos destacar dos trabajos, el documental 'Esperanza' de Álvaro Longoria y 'La Convention de Genève' de Benoit Martin.

'La vida de Calabacín' de Claude Barras

Hay quienes opinan que hay que proteger a los niños de las injusticias de la vida y las maldades del ser humano. Está claro que hay temas complicados e incomprensibles para una mente infantil, pero otros que, bien explicados, pueden hacer abrir la mente de los más pequeños y convertirles en seres más tolerantes, solidarios y conscientes de lo bella y jodida que puede ser la vida.

El cine es la herramienta perfecta para desarrollar las emociones, el intelecto y la comprensión de los niños -¡el cine es más que entretenimiento, a ver si nos enteramos!- y por suerte, existen cineastas que creen en ello firmemente. Es el claro ejemplo de 'La vida de Calabacín', la película de animación del suizo Claude Barras que fue una de las grandes sensaciones de la pasada Quincena de los Realizadores del Festival de Cine de Cannes.

Elegida para representar a Suiza en los próximos Oscar, 'La vida de Calabcín' cuenta la emotiva historia de Icare -aunque le gusta que le llamen 'Calabacín'-, un niño que fue abandonado por su padre y tras matar de manera accidental a su depresiva madre, es enviado a un hogar de acogida con otros niños con historias igual o más traumáticas que la suya. Aunque a simple vista le resulta un medio hostil y siente que jamás le amará nadie, Calabacín volverá a confiar, a amar y se topará con una nueva y armónica familia.

Es de absoluta admiración que todavía haya valientes que se decanten por el lado más artesanal del stop-motion para contar historias tan personales y atrevidas como esta. Se nota el cuidado de los moldeados, los fondos y el vestuario, lleno de texturas diferentes que no hacen más que enriquecer y enternecer a los personajes del orfanato Fontaines.

Una técnica perfecta para hablar de una tristísima historia sobre el abandono y la pérdida de la inocencia y sobre como al final, el amor es lo que lo salva todo. Cada uno de los niños de ese orfanato han sido testigos de historias terribles, crudas y tan reales y dolorosas que sólo la mirada inocente de un niño puede soportarlas: abusos sexuales, presencia de asesinatos, abandonos, drogadicción...

"Se ve en sus ojos que ya lo ha visto todo", dice Calabacín sobre su amiga Camille, que vio como su padre asesinaba a su madre para después suicidarse. Sabiduría la de estos niños que han vivido cosas que no debería haber vivido y que harán, de un lugar aparentemente hostil, su lugar seguro, su hogar y donde descubrirán que, a pesar del abandona y las injusticias, todos tenemos derecho a ser amados.

'Pays' de Chloé Robichaud

Puede decirse que Chloé Robichaud pertenece a ese grupo de cineastas canadienses de espíritu precoz como lo fueron en su momento Denis Villeneuve o Xavier Dolan. Aunque no tan extremo como este último, Robichaud presentó su excelente ópera prima a los 25 años, 'Sarah préfère la course', resultando una de las revelaciones de Cannes 2013.

Tres años después y ahora, con 28 años, Robichaud presenta su segundo largometraje, 'Pays', donde con pulso firme y sin amedrantarse reflexiona sobre la diplomacia y la figura de la mujer en el mundo político. Un retrato de tres mujeres navegando en un mundo de hombres, queriendo hacerse escuchar y tratando de demostrar que tienen todo el derecho del mundo a ocupar el puesto que ocupan.

'Pays' cuenta la historia de Félixe, que con tanto sólo 25 años ha sido nominada como candidata para las elecciones federales de Canadá y le han encomendado cerrar un acuerdo con un pequeño país llamado Besco para explotar los recursos naturales de la isla donde está situado. Las discusiones están moderadas por Emily, una estadounidense que trabaja como mediadora y tiene que lidiar con los reproches de su ex-marido por no estar nunca en casa para ocuparse de su hijo. Y Danielle, la Presidenta de Besco que lleva todo el peso de un país en crisis a sus espaldas.

Intimista y con sutilísimos toques de humor -que los altos cargos políticos lleven a cabo las discusiones sentados en mesas y sillas escolares-, la elección de crear una isla ficticia para situar la acción y no achacar la problemática a un sitio real y común, es una de su grandes bazas, ya que consigue crear un lugar hostil para todas las partes de la discusión.

Aunque a veces flojea en su evolucón y quizá se eche en falta más profundidad en el dibujo de sus tres personajes protagonistas -interpretadas con soltura por -Emily Van Camp, Macha Grenon y Nathalie Doummar-, 'Pays' no es sólo una gran defensa feminista a la mujer en la política, si no también un reflejo de lo absurdo e irresponsable que pueden llegar a ser las tomas de decisiones políticas.

Los cortos del Festival de Gijón 2016

Asistimos al segundo programa de cortometrajes a competición de la 54ª edición del Festival de Gijón y como en el primero, nos topamos con dos títulos que nos llaman especialmente la atención y que merecen ser destacados. En primer lugar, el documental 'Esperanza' de Álvaro Longoria, que nos cuenta desde dentro la titánica labor de Greenpeace por salvar el medioambiente.

El equipo de Longoria se une a los activistas de la ONG en una misión en el Ártico contra una petrolera. Y a la vez que relatan su forma de vida y su trabajo para Greenpeace les vemos prepararse para actuar. Amenazas de muerte, encarcelamientos y acusaciones por terrorismo es a lo que se enfrentan a diario las personas que luchan contra los intereses económicos que están destrozando nuestro planeta. Emotivo, efectivo y sin artificios.

Por otro lado es refrescante ver como un corto sobre adolescentes -el mundo del cortometraje está plagado de historias sobre adolescentes-, puede terminar siendo refrescante y sorprendente. Es el caso de 'La Convention de Genève' de Benoit Martin, que relata la historia de una pelea entre unos chavales de los suburbios.

Divertidos, tiernos y con ideas disparatadas, la pelea se origina porque uno de ellos debe 40 euros a otro perteneciente a otra banda. De manera solidaria, intentan evitar la pelea aportando cada uno de ellos un par de euros. El resto lo conseguirá vendiendo 'pains au chocolat' a la salida del instituto. Esperanzadora, divertida y enternecedora.

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