'Indomable', un Soderbergh menor

Al contrario que mi compañero Míkel, cuya opinión respeto y me gustaría compartir, no encontré ‘Indomable’ (‘Haywire’, 2011) un digno largometraje de acción que pudiese codearse con los de calidad media del género, sino más bien una propuesta de tono casi humorístico o, por lo menos, dotada de un humor no intencionado y que es posible el director haya realizado con el único propósito de engrosar los ahorros con los que retirase rodeado de lujos.

La última vez que hablé de Soderbergh, que fue no hace mucho, pues su trabajo anterior se estrenó solo escasos meses antes que esta, ya dije que lo consideraba irregular por ese afán suyo de atreverse siempre con algo diferente a lo que ha probado que le salía bien. En este caso, ni siquiera le daría el beneficio de considerar que tenía ganas de experimentar con la acción, como se ha afirmado. Me parece que el título que nos ocupa para él no supuso más que una oportunidad de girar la manivela de la caja registradora. ‘Indomable’ tiene todos los visos de directo a DVD y me atrevería a afirmar que, de no estar firmado por quien lo firma, a las estanterías se habría ido derechita, sin pasar por las salas.

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No voy a ser yo quien se queje de que, para variar, sea una mujer la que reparta a diestro y siniestro. De hecho, esta variación es que la que ha motivado que acudiese al cine a ver ‘Indomable’. Aún así, no puedo conformarme solo con eso, pues por mucho que me gustase encontrar más personajes femeninos activos, preferiría verlos dentro de buen cine. Gina Carano, la protagonista, es la culpable tanto de lo positivo como de lo negativo.

A favor podemos destacar el montaje diáfano de las peleas, que solo se puede lograr gracias a contar con una luchadora profesional, ya que no hace falta cambiar de plano cuando la patada o el puñetazo no llegan a asestarse. En una época de cine de acción montado como si las escenas fuesen conjuntos de flashes llamativos, pero nada claros, se agradece esta opción estética. Es cierto, asimismo, que la cantidad de peleas o persecuciones es considerable, por lo que nadie con afición a la lucha y la cinestesia tendrá problema en disfrutar de los noventa y pico minutos con delectación. La fotografía y la música aportan la vertiente más artística a un conjunto que en ningún otro momento parece apuntar por ahí.

Al mismo tiempo, queda demasiado patente que Carano no es actriz, cosa que puede adivinarse mientras se observa su interpretación, incluso sin saber nada de ella de antemano. Estoy de acuerdo en que no desentona y en que cumple más o menos. Sin embargo, no posee el carisma o el magnetismo necesarios para que su personaje nos importe más allá de sus capacidades físicas. Por este motivo, los diálogos y las escenas intimistas pueden acercarse al ridículo.

Tanto es así, que incluso el nutrido elenco masculino que la acompaña –y que no voy a negar que funciona como otro aliciente para acercarse al cine a ver este film– resulta poco acertado en comparación con lo que nos ha ofrecido en otras ocasiones. Solo Antonio Banderas, en un personaje que espero que nadie me diga que no pretende ser humorístico, está en su salsa. Y algo parecido le ocurre a Michael Douglas, quien ya lleva tiempo aceptando papeles menores en los que lo importante parece que su nombre esté escrito en el cartel. Con los dos me parece estar ante la autoparodia. Michael Fassbender, Ewan McGregor y Bill Paxton cuentan con papeles en teoría serios y no resultan chirriantes, pero sus intervenciones son breves. Channing Tatum, que practicó las artes marciales en su adolescencia, puede quedar correcto interpretando a un antiguo luchador noqueado, sin embargo no apostaría por que se pudiese extraer mucho más de él.

En cuanto a la narrativa, casi sería mejor no entrar en ella ¿Alguien se explica el motivo de que le cuente todo al chaval cuyo coche secuestra, interpretado por Michael Angarano? No vale que me digáis que porque el espectador necesita saberlo. Cierto que se justifica en que necesita que él lo recuerde, no obstante nos encontramos ante el recurso crudo, ante la desfachatez para introducir trucos narrativos. Esa falta de vergüenza, sumada al factor de que la historia ni es original ni profundiza en los personajes ni aporta nada, me hace pensar en que no nos encontramos ante un experimento de Soderbergh ni ante un film de intenciones artísticas, como se ha querido calificar, sino ante un producto de género sin pretensiones. No tengo nada en contra de los productos sin otra pretensión que la de entretener, aunque eso no quiere decir que no se puedan señalar sus puntos débiles.

En conclusión, ‘Indomable’ se podría considerar entretenida, no es nefanda y está rodada con profesionalidad. Para aquellos que se quejan de que se les busquen defectos a los productos de consumo, no hay más que decir. Pero encontrándonos ante un Soderbergh, creo que se pueden analizar algo más las cosas. Nos hallamos dentro de una vertiente de la acción que apuesta por el realismo. La protagonista es fuerte, pero no efectúa ningún movimiento imposible. Sí lo hacen hombres y mujeres en otras opciones del género donde se dilata la barrera de lo posible, por ejemplo en la risible, aunque más espectacular ‘Colombiana’, también protagonizada por una mujer de armas tomar. Esta apuesta por el respeto a las leyes de la física resultaría encomiable, si lo que rodea a las peleas estuviese tratado con el mismo realismo. Sin embargo, no hay la más mínima credibilidad en ninguna escena que no sea de acción. Para admitir trucos de guion facilones y pasar por alto detalles cuestionables en lo que se refiere al desarrollo de la historia o el retrato de los personajes, entonces prefiero dar el salto total y que todo se convierta en un absoluto espectáculo en el que cambien las normas y aceptemos como verosímiles algunas acciones inimaginables.

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