'Interstellar', el ambicioso viaje emocional de Christopher Nolan

El cine de Christopher Nolan produce sentimientos tan enfrentados que da la sensación de que solamente podemos odiar o amar sus películas y todo lo que no sea estar de acuerdo con una de esas dos posturas está condenado a la total incomprensión. Me llama la atención que España seguramente sea el país donde este fenómeno resulta más reseñable, por lo que nunca están de más artículos que huyan de todo fanatismo para hablarnos de las aportaciones de Nolan al séptimo arte, y menos si tenemos en cuenta que la esperadísima 'Interstellar' (2014) se estrena este viernes.

Dejando a un lado que te gusten más o menos sus anteriores ocho largometrajes, lo innegable es que Nolan se ha ganado a pulso hacer lo que quisiera con 'Interstellar'. Vendido como el título más ambicioso de su carrera y destacando la fuerte inspiración que supuso '2001: Una odisea del espacio' ('2001: A Space Odyssey', Stanley Kubrick, 1968), un clásico que yo no soporto, lo cierto es que estamos ante el trabajo de Nolan en el que, sin renunciar a la espectacularidad visual, nos muestra su lado más emocional con un acierto mucho mayor al que uno podría esperar.

El lado más emotivo de Nolan

La oscuridad es algo que muchos asocian al cine de Nolan -y al de sus imitadores más o menos declarados-, pero lo cierto es que algo que ha ido perdiendo fuerza durante sus últimos trabajos en beneficio de cierto optimismo. Es innegable que la obsesión seguía siendo el motor de las acciones de sus protagonistas, pero ya no estaban condenados a una autodestrucción física o psicológica. El problema es que no terminaba de reflejar bien eso en pantalla, ya sea por resultar frío y calculador o porque estaba a un milímetro de caer en el ridículo.

Esto es la consecuencia de que Nolan había preferido centrarse en su lado más cerebral hasta ahora, algo que hacía que sus obras fueron mucho más intensas y elaboradas de lo habitual en estas producciones, pero que le condenaba a ciertas debilidades innegables como su escasa capacidad para crear personajes femeninos fuertes e interesantes o la posibilidad de transmitir cierta sensación de arrogancia que alimentaba el odio de algunos espectadores. En 'Interstellar' se nota un gran cambio en ese y otros puntos.

Nunca creí que fuera a decir esto, pero lo mejor de 'Interstellar' está precisamente en el hecho de que es la primera vez que Nolan presta también atención al corazón de la historia, a esos detalles que hacen que el público conecte emocionalmente con lo que sucede en pantalla -pero lo hace a su manera y no pensando en lo que nosotros podríamos querer-. La cuestión es que eso no quiere decir que huya de esa densidad más o menos lograda de la que siempre ha hecho gala, pero siempre será mucho más sencillo que el espectador compre su carga más trascendental si lo hace desde la humanidad de sus personajes y no como resultado de una obsesión, que puede llegar a fascinarte, pero nunca a encogerte el corazón.

La intensidad de 'Interstellar'

'Interstellar' no deja de ser simplemente la historia de un padre que está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano para asegurar la supervivencia de sus hijos. Todo eso se amplifica a la propia humanidad como resultado de su propio planteamiento -un muy estimulante futuro parcialmente postacapolíptico que, justo es reconocerlo, podría haber dado más de sí- y es cuando Nolan se olvida temporalmente de la odisea personal de un excelente Matthew McConaughey -atención a sus reacciones cuando ve de una sentada varios vídeos de sus hijos- cuando la película muestra mayores debilidades.

¿El motivo? La predilección de Nolan a querer complicarlo todo más de la cuenta, aunque queda espacio para una alegría para sus detractores, ya que parece que ha tomado nota de las quejas y ha optado por reducir las explicaciones -a mí nunca me ha parecido un problema especialmente grave, pero no pocos le criticaban con dureza por ello-. Ojo, 'Interstellar' es directa, intensa -su marca de fábrica para los diálogos no ha cambiado- y nunca cae en abstracciones complicadas -algo que agradecí muchísimo-, pero las cosas las explica una vez-y a veces ni eso- y si lo has cogido bien, pero luego sólo te dará nuevos detalles relevantes para lo que sucede en ese momentos.

Uno de los grandes aliados de Nolan para llegar a tocar la fibra sensible del espectador es la banda sonora de Hans Zimmer, ya que hay momentos concretos en los que su utilización resulta atronadora -puedo decir sin miedo a que lo consideréis una exageración que la sala en la que estaba vibraba en ciertas escenas-, pero también se te mete dentro. Yo al menos pocas veces recuerdo que la música de una película hiciera que me tuviera ganar de revolverme en la butaca, pero soy consciente de que habrá quien pueda verlo como un simple e innecesario exceso que según la calidad del sonido del cine quizá hasta cause problemas para entender correctamente los diálogos.

Además, Nolan ha conseguido resarcirse de las quejas recurrentes hacia las mujeres en su cine gracias al estupendo trabajo de Jessica Chastain. Aquí muchos pensarán que ya es una gran actriz y que es normal que también se luzca en 'Interstellar', pero su personaje es el gran baluarte emocional de la película junto a McConaughey y no es la primera vez que Nolan desaprovecha a una intérprete competente. De hecho, es una pena que aquí no termine de manejar bien a Anne Hathaway, pero al menos sí que tiene situaciones concretas -la escena en la que hay que elegir a qué planeta hay que ir- para demostrar su talento.

Un gran espectáculo visual

Es evidente que ni siquiera Christopher Nolan iba a recibir 165 millones de dólares para hacer una cinta en la que el apartado visual carezca de importancia, pero me queda la sensación de que incluso ciertas líneas argumentales que se podrían haber eliminado funcionan bien dentro de lo que busca Nolan. Pienso por ejemplo en la aparición de un muy eficaz Matt Damon o en el escaso protagonismo de un casi testimonial Casey Affleck.

Además, no se abusa de forma innecesaria de los planos espaciales o con grandes efectos visuales. Todo está integrado en la historia y en el apartado técnico estamos ante una película irreprochable que no tiene problemas para poner en imágenes las ambiciosas ideas de Nolan. La clave, como pasa siempre, está en conectar con lo que sucede y, sobre todo, en el cómo está siendo contado. Es eso lo que determinará hasta qué punto vas a disfrutar o no con 'Interstellar', porque de nada te servirá la pericia mostrada por Nolan para el montaje paralelo durante el tramo final si lo que sucede te parece directamente absurdo.

Es justo en su último acto cuando 'Interstellar' apuesta abiertamente por crear sus propias reglas y terminar de definir su propia identidad, pero lo hace echando mano de un giro de guión un tanto polémico que simplemente compras o te repele. Está claro que la predisposición cambia en función de lo que estés disfrutando hasta entonces -yo noté ciertos altibajos, pero, en general, todo me gustaba bastante-, pero nadie puede quitarle el mérito de arriesgar y hacer algo diferente llevando un poco más allá los límites de un blockbuster. El fracaso o el éxito en su empeño es algo puramente subjetivo.

'Interstellar' no es lo mismo de siempre, tanto como relato de ciencia ficción como película de Christopher Nolan, pero tampoco es una de esas obras que se regodean en ser algo diferente y olvidan que hay que ser más que eso. Personalmente, aún seguiré dándole vueltas un poco más antes de terminar de determinar hasta qué punto me ha gustado, pero que lo ha hecho es innegable, sobre todo porque al fin vemos el lado más emocional de un director tan cerebral y encima sale más que airoso del envite. Eso sí, será mejor que juzguéis por vosotros mismos, que estoy convencido de que es la película de Nolan que provocará reacciones más enfrentadas. Avisados estáis.

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