'Junebug', un nombre para la nada

'Junebug' viene alabada sobre todo por la laureada interpretación de Amy Adams, quien estuvo nominada al Oscar a la mejor actriz secundaria. Nominación a mi parecer exagerada, pero es que este año los buenos (o habría que decir muy buenos) papeles femeninos brillaron por su ausencia. El film tenía que haberse estrenado entre nosotros hace meses, pero su distribuidora retrasaba la fecha de estreno una y otra vez. Tratándose de un film menor de corte independiente, uno podía deducir que tal vez le estuvieran buscando el hueco adecuado para poder estrenarla. Una vez vista, se entiende perfectamente la causa del retraso, y es que hay que tenerlos bien puestos para querer que la gente quiera ver semejante tontería de película.

Cuenta la historia de una marchante de arte que emprende un largo viaje para contratar a un pintor. Su marido decide acompañarla y así presentarla a su familia, los cuales no la reciben de buen modo, salvo su cuñada, una mujer que está a punto de ser madre, y le pone a todo buena cara. Parece que es la única normal en una familia de "raritos", o habría que decir, una rarita en una familia de "normales".

La película es una muestra más de ese tipo de films que tanto abundan las carteleras desde que se estrenó 'American Beauty'. Una familia donde hay problemas, todos tienen sus manías, y el personaje principal encuentra una válvula de escape en la actividad más rara posible o enamorándose de su alma gemela. Estas podrían ser, y de hecho son, algunas de las constantes de este tipo de producciones. 'Junebug' no se aparta ni lo más mínimo de ellas, aunque en un primer vistazo pueda parecer que sí. De hecho el enfoque es un pelín distinto, ya que el punto de vista empiza teniéndolo el personaje digamos "normal": la dueña de una galería de exposiciones que conoce a la familia de su marido. A partir de ahí, los personajes de siempre hacen acto de presencia, y nos cuentan lo mismo que otras veces, pero peor, mucho peor.

La película cambia varias veces de punto de vista sin previo aviso y a la buena de Dios, como si no tuviera claras sus intenciones, tanto de contar una historia como de transmitir un mensaje, que en este caso no existe, porque sencillamente de aquí no se puede quitar nada que no sea la más absoluta nada, valga la redundancia. Primero acompañamos a la que se supone es la protagonista, quien está obsesionada por conseguir exponer las obras de uno de esos pintores a los que probablemente alabarán toda clase de críticos especializados, pero que realmente pinta basura, por decirlo suavemente. Quizá en ese aspecto la película haya querido ser crítica o irónica, pero creo que no lo logra, creo que se toma demasiado en serio a sí misma.

Pronto nos encontramos con un personaje de una chica embarazada que destaca por encima de todos en una familia en la que son prácticamente idiotas. Toda su ilusión es la de dar a luz a un bebé al que quiere poner un curioso nombre, y en torno a él giran todas sus acciones. Sin embargo, este personaje es demasiado estrafalario y casi jocoso. Desentona totalmente del resto, no tiene nada que contar y su presencia está casi injustificada en una historia que no tiene ni pies ni cabeza.

El debutante Phil Morrison se encuentra perdido tanto en la historia como intentando dirigir a unos actores que a veces parecen que van a su aire. Y lo cierto es que es lo único salvable del film, aunque tampoco es para saltar de alegría. De todo su extenso reparto sólo voy a mencionar por un lado a Embeth Davidtz, que parece tener el personaje más lógico de todos aunque termina diluyéndose por el camino; y por otro a Amy Adams, cuyo rol es un poco cargante y muchísimo menos importante de lo que tratan de hacernos ver. Sin embargo, ambas actrices están muy entregadas.

Una mala película que hace aguas por todos lados, sobre todo en lo que respecta a su guión. Además es el típico film cubierto con una aureola de "película culta e importante", cuando realmente es todo lo contrario. Esta vez no creo que se la cuelen a nadie.

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