'Los Idus de Marzo', ¿existen los políticos honrados?

La política no es un tema que el séptimo arte haya tratado tan a menudo como la importancia que tienen sus practicantes en la sociedad en la que vivimos. Es cierto que podríamos decir que no son más que una especie de delegados de lujo de la banca y grupos de presión y que lo que realmente le importe a la gente será ignorado a la velocidad del rayo. En cambio, para otras cosas se harán los cambios necesarios a la velocidad de la luz. Y luego esperarán que la gente tenga fe en la democracia y en la capacidad de nuestros parlamentarios para sacar adelante la grave crisis que estamos padeciendo. Lamentable.

Sin embargo, el cine se ha especializado más en contar la historia de políticos idealistas que se han ido perdiendo por el camino hasta acabar siendo igual de corruptos que aquellos contra los que juraron luchar. Me vienen a la mente casos como 'El Político', 'Ciudadano Bob Roberts' o 'Primary Colors', ya que en todas ellas acababa sucediendo algo por el estilo. Hay una gran excepción en 'Caballero sin espada', pero no se me ocurre ningún otro director aparte de Frank Capra capaz de lidiar con un tema tan peliagudo con una combinación de idealismo e ingenuidad sin resultar irritante. Y ese es el reto que se le presenta a George Clooney con 'Los Idus de Marzo': ¿Conseguirá demostrar que se puede defender la honradez de los políticos, incluso de alguien que parece absolutamente intachable, o es inevitable que aparezca algún fallo de gravedad en su camino por ascender al poder?

'Los Idus de Marzo' nos sitúa en plena campaña para elegir al candidato demócrata para las elecciones presidenciales en USA. Hay dos opciones claras: Mike Morris (Clooney), un hombre idealista al que las encuestas dan como claro favorito para ser presidente de salir elegido aspirante por su propio partido, y Ted Pullman, un político corriente que los republicanos ven como alguien perfectamente batible. Además, Morris lleva ventaja y ganar las votaciones demócratas en Ohio prácticamente le garantiza la nominación. Ése es el punto de partida que Clooney establece con solvencia, pero lo que le interesa a 'Los Idus de Marzo' no es el cara a cara entre los candidatos, sino lo que sucede entre bastidores, es decir, los tejemanejes de los responsables de la campaña para asegurar la victoria de su jefe. Sin embargo, eso no quiere decir que los idealismos queden de lado.

El emergente Ryan Gosling da vida al segundo de a bordo en el grupo responsable de la campaña de Morris. El protagonista de 'Drive' es el auténtico motor de la historia, dando vida a un personaje que recuerda bastante al que tenía Adrian Lester en 'Primary colors': Stephen Meyers es un hombre que sólo defiende aquello en lo que realmente cree, y Morris es el candidato ideal, una especie de pariente lejano de aquellos tiempos en los que Barack Obama prometía un cambio que nunca llegó a producirse. Gosling ofrece una actuación impecable en un personaje complicado, ya que va evolucionando progresivamente y él ha de cambiar la expresión de su rostro para transmitir al público los diferentes estados emocionales de su personaje. De no ser por eso, 'Los Idus de Marzo' correría un grave peligro de desmoronarse, porque hay varios aspectos en los que la película está muy por debajo del trabajo de Gosling.

Uno esperaría que una película que lidia con los efectos del poder sobre el individuo tuviera un guión de hierro que no flaquease a la hora de presentárselo al espectador, pero no es así. Hacia la mitad del relato, el espectador descubre algo decisivo en la historia que cambia nuestra percepción acerca de varios personajes, y es un algo para lo que se habían ido introduciendo pequeñas cosas que, una vez descubierto, uno pudiera pensar que cómo no había caído antes en esa posibilidad. El problema es que este giro se antoja extremadamente tramposo, ya que esas falsas pistas no sirven más que como una excusa para justificar las críticas hacia un hecho que puede destruir la credibilidad de la película. ¿Es para tanto? Pues sí, porque ese cambio es el pilar fundamental de lo que sucede a partir de entonces.

Hay que reconocer que el Clooney director sabe matizar las carencias del Clooney guionista (donde cuenta con la colaboración de Grant Heslov y Beau Willmon) al dar a 'Los Idus de Marzo' cierta aura de thriller, donde el espectador está más acostumbrado a pasar por algo los guiones tramposos, a la vez que no reniega de un enfoque realista. También es verdad que la historia, pese a ser terriblemente previsible, funciona muy bien hasta ese giro y también tras él, pero uno no termina de marginar la idea de que le están tomando un poco el pelo. Además, el Clooney director confía demasiado en la capacidad de impacto sobre su forma de retratar el sistema electoral americano cuando no es algo novedoso, por lo que su fuerza intrínseca se debilita. Y es que 'Los Idus de Marzo' no deja de ser una fábula moral en la que la ascensión a un cargo político de privilegio podría intercambiarse perfectamente con la lucha de dos candidatos por hacerse con el control de una importante empresa. La política, por desgracia, carece de auténtica relevancia y sus revelaciones son algo que se huele a un kilómetro de distancia. A cambio, Clooney cree tanto en lo que cuenta (casi podríamos decir que es víctima de su propio idealismo) que eso es algo que se nota y logra contagiar algo de su entusiasmo al espectador, sobre todo gracias a la actuación de Gosling.

Ya he mencionado varias veces el gran trabajo de Ryan Gosling, pero eso no quiere decir que el resto del reparto no esté casi a su altura. Desde un George Clooney casi en la sombra que sabe jugar con su actuación, ajustándola siempre a las necesidades del mejorable guión, hasta el falso dúo que forman los geniales Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman. ¿A qué viene lo de falso? Pues a que su interacción en pantalla es casi nula, pero son dos personajes antagónicos al ser los líderes de la campaña de cada uno de los dos candidatos. Cada uno muestra sus filias, fobias y estrategias, permitiendo ver al espectador una pequeña parte de lo que realmente pasará en la vida real. Es curioso que seguramente el apartado femenino sea el que menos alegrías ofrece, ya que sus dos personajes más relevantes roan peligrosamente lo esquemático: Evan Rachel Wood como la interina con la que el protagonista comienza un romance y Marisa Tomei como la periodista mosca cojonera. No es que ninguna de las dos haga un mal trabajo, pero es que juegan con unos personajes con bases débiles y/o discutibles que dificultan su cometido. El resto de intérpretes tiene apariciones algo más anecdóticas, pero todos cumplen bien con su función dramática en la historia.

En definitiva, 'Los Idus de Marzo' es una buena película que se cree mejor de lo que realmente es, siendo quizá ése el motivo de que fuese prácticamente ignorada en la última edición de los Oscar, donde únicamente recibió una inmerecida nominación en la categoría de mejor guión adaptado. ¿Por qué inmerecida? Pues porque los grandes males de la película surgen de ahí, y sólo una buena labor en la dirección de Clooney y el estupendo trabajo de los actores (donde sí hubiese sido justo alguna nominación), en especial un inmenso Ryan Gosling, la elevan por encima de la media. Aún tendremos que esperar para ver la película definitiva sobre este tipo de cine político, mientras tanto habrá que conformarse con apreciables propuestas como ésta.

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