'Megalodón': un multimillonario tostón de serie B que deja bien claro que el tamaño no importa

La maquinaria cinematográfica hollywoodiense hace ya una larga temporada que ha alejado parcialmente la mirada de las taquillas norteamericanas para proyectarla sobre el mercado chino. El país asiático, gran salvavidas económico para las superproducciones de los grandes estudios al revelarse como el segundo box office más rentable del planeta, ha pasado a formar parte del grueso de producción habitual de algunos de los principales blockbusters yanquis.

Esta inyección presupuestaria en las más diversas coproducciones, así como las astronómicas recaudaciones en las salas comerciales de China, está resultando un arma de doble filo a nivel creativo para una industria estadounidense que prefabrica aún más si cabe sus productos con el objetivo de satisfacer las filias y necesidades del público asiático. Algo que se traduce en un blanqueamiento genérico y sistemático cuyo último ejemplo se encuentra en la abominable 'Megalodón'.

Jason Statham, protagonista y único elemento rescatable en este desastre dirigido por un Jon Turteltaub en horas bajas, se preguntó tras ver el corte final de 'Megalodón' dónde quedó el proyecto por el qué firmó y que rodó, además de "la puta sangre" que lo regaba. Unas incógnitas a las que debo añadir la siguiente: ¿Dónde están todas las promesas hechas en la genial campaña promocional de la película?

Porque en esta adaptación del Best Seller 'Meg' escrito por Steve Alten no queda ni rastro de ese entretenimiento gamberro y autoconsciente, de la acción sin tregua, o de ese tono socarrón asociado a la impagable presencia de Statham. En lugar de eso, Turteltaub moldea una descafeinada cinta "Jawsploitation" de diseño que se toma demasiado en serio a si misma como para ser divertida, y que llega a dar vergüenza ajena cuando se empeña en hacer gracia desesperadamente.

Tratándose de un filme de estas características, cuya única voluntad debería ser ofrecer un simple y llano entretenimiento escapista que invite a soltar alguna que otra carcajada —y, con suerte, algún aplauso cómplice—, un acierto en su tono y ritmo hubiese sido suficiente para escapar de la quema y hacernos perdonar sus deslices. Por desgracia, 'Megalodón' no puede maquillar el fiasco de ningún modo, mostrándose como una especie de producción Asylum de 150 millones de dólares.

Y es que, si su tono aséptico —por momentos ridículamente solemne— y perfilado milimétricamente para no ofender a nadie es calamitoso, su narrativa hace aguas como si hubiese sido destrozada a dentelladas por la criatura que da título al largo. La coherencia interna brilla por su ausencia, los personajes —a excepción del protagonista— son planos y no despiertan ningún tipo de empatía, los diálogos son bochornosos... una retahíla de imperfecciones que podrían obviarse si el conjunto no fuese un auténtico aburrimiento lastrado por una estructura arrítmica —algo imperdonable para un blockbuster estival—.

43 años después del estreno de 'Tiburón', la "Jawsploitation" sigue navegando viento en popa y a toda vela, con el clásico de Steven Spielberg sacando los colores a cualquiera que intente competir con su obra maestra y su animatrónico defectuoso. Aunque lo que más duele en este caso no es que 'Megalodón' no llegue al nivel del clásico del Rey Midas de Hollywood; ni tan siquiera las promesas incumplidas. Lo que más espina es ver cómo Turteltaub no ha sido capaz de dar rienda suelta al proyecto original para acabar sirviendo el enésimo plato precocinado al gusto de las audiencias e inversores chinos.

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