'Mi Hermano es Hijo Único', típica nostalgia italiana

Viendo una película como 'Mi Hermano es Hijo Único' (Mio Fratello è Figlio Unico, 2007), de éxito de crítica y público en su país de origen, y de escasa repercusión en el nuestro (y no cito el resto, a pesar de ser exhibida en Cannes), uno se hace una vez más la pregunta de por qué auténticos bodrios, y da igual la nacionalidad de los mismos, son bombazos taquilleros en las salas de medio planeta, y películas como ésta parecen destinadas a pudrirse en las estanterías de los videoclubs y sean admiradas únicamente por los seguidores del actual cine italiano.

'Mi Hermano es Hijo Único' no es una gran película, ni pasará a la historia, pero desde luego está muy por encima de decenas y decenas de títulos que este año han permanecido en las carteleras españolas, gozando de un mayor e injusto prestigio. Supongo que a eso habrá contribuido la limitada distribución de la película, en la que las brillantes mentes de sus responsables habrán llegado a la conclusión de que no era necesario invertir demasiado dinero en ello. Al fin y al cabo ¿a quién le importa la historia de dos hermanos enfrentados por ideas políticas, pero a los que la sangre les tira? Noooo, es mejor comprarse en dvd la de los robots del espacio, no te j...

La Historia de 'Mi Hermano es Hijo Único' (por cierto, excelente título) abarca varios años en la vida de una familia italiana durante los años 50 y buena parte de los 60. Se centra sobre todo en los dos hermanos, separados por sus ideas políticas. Por un lado Accio, de dudosa inestabilidad, que comienza intentado ser cura, pero luego se afilia a una partido neofascista; y por otro, Manrico, su hermano mayor, con las ideas un poco más claras, más liberal, y con un punto rebelde al igual que su hermano. Eso, a grandes rasgos. Lamentablemente la película quiere abarcar muchas más cosas, muchos más hilos argumentales, algunos de los cuales nunca terminan de definirse correctamente, o de ser cerrados debidamente, quedando en el aire algunas cuestiones.

Y es precisamente ese deambular argumental, ese vaivén, el que le impide a la película ser una maravilla, cuando tenía todos los elementos para serlo. Afortunadamente, tampoco estamos ante una mala película, sino ante un más que correcto largometraje con ciertos puntos fallidos. Por supuesto, ese típico aire nostálgico que tan bien saben mostrar los italianos, baña toda la película. Buenos sentimientos, la búsqueda de la identidad en medio de desastres personales de toda índole, ya sean familiares o amorosos, y cierta mirada nostálgica hacia los años mozos, en los que todos somos algo más puros e inocentes, son la carta de presentación de esta película a la que solo le faltaría la música de Ennio Morricone para redondear la operación.

Daniele Lucheti dirige con más o menos eficacia, aunque comete demasiado el error de acercarse mucho a los personajes, visualmente hablando. Unos primeros planos de sus rostros encierran demasiado la acción del film, y lo mismo cuando se trata de planos generales, en los que en vez de abrir más el plano, tiene que recurrir a movimientos de cámara para que podamos ver todo lo que ocurre, cuando no era necesario hacerlo de ese modo. Esta técnica provoca cierto ahogamiento en el espectador, tal vez para que se sienta abrumado por los hechos del film, pero no termina de funcionar del todo, porque en vez de hacerlo en determinados y señalados momentos lo hace durante toda la película, y lo cierto es que termina cansando un poco.

Por supuesto la película tiene un trabajo actoral más que decente, siendo éste uno de sus puntos más fuertes. Riccardo Scamarcio las vuelve locas a todas, este sexsymbol italiano interpreta a Manrico, el hermano mayor del personaje central, Accio, al que da vida un excepcional Elio Germano, que se come a Scamarcio con patatas fritas. El actor está impresionante en su papel, transmitiendo en todo momento sus sentimientos, su inestabilidad, sus secretos, su añoranza por ciertas cosas. Probablemente la relación entre los dos hermanos sea lo mejor del film. Impecable la elipsis en la que un Accio niño pasa a ser mayor, mientras su hermano sigue metiéndole la cabeza en agua para lavársela de las tonterías que hay metidas en ella. Los dos están perfectamente compenetrados, y es imposible pensar que en ciertos momentos los dos hermanos puedan llevarse mal, aunque la actitud de Accio responde más a un acto de rebeldía para chinchar a su familia que a otra cosa. Puede que en la parte final del film, esta relación camine por lugares demasiado comunes, y las diferencias/parecidos entre los dos hermanos terminen de una forma tan evidente que chirría un poco, pero esto se debe a los antes comentado sobre los diferentes caminos argumentales que la película quiere tomar.

Una correcta película, como antes he dicho, entretenida y llevadera a pesar de todo. Ya sabemos que de la cinematografía italiana salen obras mucho mejores, pero también sabemos las pocas cintas que de allí nos llegan en la actualidad. Ya ha pasado casi una semana desde su estreno, así que las posibilidades de verla, en el caso de que os interese, van menguando. En el cine, claro.

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