'Nader y Simin, una separación', un thriller moral

La película iraní ‘Nader y Simin, una separación’ (‘Jodaeiye Nader az Simin’, 2011), de Asghar Farhadi, aterriza sobre un matrimonio que solicita el divorcio no por falta de amor, de comprensión o por malos tratos, situaciones que no habrían parecido extrañas al juez que tramita el asunto; sino porque la mujer, que tras meses solicitándolos, ha conseguido visados para abandonar el país y quiere marcharse con su marido y su hija. Pero éste se niega a abandonar a su padre, enfermo de Alzheimer. Ella se muda a casa de sus padres y el esposo debe contratar a una mujer para que cuide del anciano. Los problemas de la pareja que, con el tira y afloja al que someten a la niña, parece ya tener suficiente, no han hecho más que empezar.

El conflicto se planea desde el instante inicial: la cámara, fija sobre los dos miembros del matrimonio, los deja hablar, sin mostrar al juez que los escucha. Se marca en esta secuencia la intensidad que sostendrá al resto del film. Armado sobre escenas muy extensas, que no pierden nunca interés, tiene una duración de dos horas de la que no se podría eliminar nada.

Utilizando la estratagema característica de los thrillers, la dosificación de la información gracias al empleo de elipsis y a la suma de los distintos puntos de vista que funcionan como cronistas, mantiene una intensa tensión. Esta no se debe a que, como en cualquier otro film policíaco, nos enganche la intriga por resolver el delito y tampoco los giros funcionan como sorpresas reveladoras. La angustia se produce y sostiene por causa de la empatía moral que se desprende de una circunstancia que, a grandes rasgos, podría originarse en cualquier lugar del globo.

Una empatía que va fluctuando entre los dos bandos a medida que cada uno toma la palabra, no solo en la cuestión judicial, sino también en la familiar. El excelente trabajo de todos los intérpretes, Sareh Bayat, Sarina Farhadi, Leila Hatami, Kimia Hosseini, Shahab Hosseini, Babak Karimi, Peyman Moaadi, Ali-Asghar Shahbazi, propugna esta absoluta cercanía. La mencionada dosificación de la información se utiliza también en la presentación de los personajes, ya que no se los define antes de empezar, sino a través de los hechos que van revelando. Según los vamos conociendo, no nos cabe la opción de juzgarlos, en lugar de ello, comprendemos sus acciones, ya que ninguno flaquea en sus motivaciones.

Sin que se pierda la credibilidad por un instante, mostrándolo como si todo fuesen las consecuencias, no solo lógicas, sino incluso únicas posibles, ‘Nader y Simin, una separación’ demuestra cómo se pueden ir las situaciones de las manos y cómo el efecto bola de nieve puede aumentar una nimiedad a dimensiones desproporcionadas y la imposibilidad de que, a partir de ahí, se pueda volver atrás.

La información no se va extrayendo gracias a pruebas e indicios hallados, sino a la apelación a la conciencia de quienes mienten en sus versiones. En este caso, el miedo a la condenación eterna es lo que empuja a pronunciar la verdad, pero me aferro a creer que incluso en personas descreídas los escrúpulos llevaría asimismo a los personajes a asumir finalmente sus culpas a pesar del riesgo que ello entraña para cada uno.

La cuestión religiosa y social iraní, no solo de la mujer, aunque principalmente , está tratada como aspecto secundario del asunto criminal, pero sin perder por ello la efectividad crítica, sino cobrando más eficacia aún, gracias a no estar recalcada.

‘Nader y Simin, una separación’, en conclusión, es una película social, con contenido crítico y muy humana. Pero que no renuncia por ello a los recursos del cine narrativo o hasta comercial, empleándolos para fines diferentes. La tensión no desaparece durante toda la duración, pero no por la intriga, sino por el contagio del temor a las consecuencias que siente cada uno de sus personajes.

Otra crítica en Blogdecine: ‘Nader y Simin, una separación’, intenso thriller cotidiano.

Mi puntuación:

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