'Pose' lo apuesta todo a la ambientación y se olvida de los personajes

Pocos creadores tienen un año tan prolífico en televisión como Ryan Murphy este 2018. Lo que llevamos de año hemos visto el policiaco '911' y 'El asesinato de Gianni Versace', la segunda temporada de 'American Crime Story', y todavía nos falta por ver las nuevas entregas de 'Feud' y 'American Horror Story' .

En esta ocasión y también para FX, su casa habitual, llega 'Pose', drama que co crea junto a Brad Falchuck, su colaborador habitual, y Steven Canals. Una serie de ocho episodios que llega este lunes 4 de junio a HBO España.

'Pose' se define como una serie musical/de baile ambientada a mediados/finales de los años ochenta del siglo XX, en Nueva York, para ser más concretos. Por un lado la serie se adentra en la ball culture, donde muchos de los marginados por ser LGTB encuentran un sitio donde expresarse, bailar y posar según las categorías elegidas.

Ahí conoceremos a Blanca (MJ Rodríguez) que decide independizarse de la "casa" de su "madre" (Dominique Jackson), lo que le llevará a tener una gran rivalidad entre ellas. Blanca fundará su propia casa y acogerá en ella a dos discípulos: Ángel (Indya Moore), una joven que se da a la prostitución y Damon (Ryan Jamaal Swain), un chico gay que huye de su casa para perseguir una carrera como bailarín en la gran ciudad.

También conoceremos a Stan (Evan Peters) un hombre casado (Kate Mara es Patty, su esposa) asistente de un gran ejecutivo que empieza a catar el lujo de la incipiente "era Trump", que empieza a verse con Angel.

En mi crítica de 'El asesinado de Gianni Versace' hablaba de este interés de Murphy por hablar de los juguetes rotos por la sociedad. Con 'Pose', en concreto, habla sobre transexuales y, algo más en general, lo queer. Y como dando ejemplo es como mejor se enseña, 'Pose' está lleno de actores transgénero. Algo que sus responsabes no se han cansado de repetir cada vez que se habla.

A partir de ahí está la forma y aquí creo que no han sabido manejar el tema. Tras ver los dos primeros episodios de 'Pose', la sensación que me dejaron fue que a Murphy y compañía no les interesa ahondar en sus personajes más allá de reflejar alguna que otra mala experiencia sino que prefieren realizar una gran celebración de la vida.

Es por eso que la serie tiene una gran presentación y es una delicia para los oídos y para los ojos, sobre todo para los que los ritmos ochenteros nos pirran. Murphy, que dirige estos primeros episodios, logra captar nuestra atención y hacer este canto a la liberación sexual a través de las escenas del ballroom mientras también enfatiza que es la historia de gente rechazada por la sociedad.

Sin embargo, para ser una serie con fuerte factor de "historias humanas", apenas rasca en ellas ni siquiera en algo que quizá sea básico como por qué la gente va a los ballrooms o qué historia cargan detrás los protagonistas.

Sí que tenemos un poco de su trasfondo pero poco más. Esto hace que, quizá cumpliendo la polisemia y las denotaciones del título, 'Pose' sea una serie de pose y postureo. Algo que, en realidad, no debería ser sorpresa viniendo la serie de quien viene ya que Murphy se pierde mucho en la estética.

'Pose' es una serie que navega entre dos modos de contar una historia. Por un lado, acierta al ofrecer este vistazo al mundo del ballroom (aunque esto de las casas rivales empieza a desgastarse) pero, por otro, no logra que este mundo (y sus personajes) termine de fascinar. Ahí ya imagino que es poner en la balanza lo que más nos interese. A mí de momento, no me ha convencido.

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