La pura y dura realidad es la única arma de 'El caso Padilla': un documental escalofriante sobre el suicidio de la dignidad del poeta ante el miedo a Fidel Castro

“Si yo estoy aquí libre, ahora, es por la generosidad de nuestra revolución". El 27 de abril de 1971, después de 38 días detenido por el gobierno de Fidel Castro, Heberto Padilla entonaba un "mea culpa" forzoso, sonoro y patético delante de sus compañeros intelectuales cubanos. Durante años, de esa llamada 'Autocrítica' solo se conservaban algunos fragmentos en mal estado, pero 'El caso Padilla' ha conseguido juntarlo todo, convirtiéndolo no solo en un diálogo magnífico con el presente sino en una pieza documental indispensable para entender el siglo XX.

Está la verdad... y la verdad

Había muchas maneras de presentar 'El caso Padilla', pero su director, Pavel Giroud, ha optado por mostrar, tal cual, lo que pasó, utilizando las imágenes reales. No hay declaraciones a posteriori hablando del legado de aquella noche, juicios de valor ni recreaciones con actores: la película casi al completo presenta a un hombre hablando ante un micrófono y tratando de convencer (a sus coetáneos, pero sobre todo a sí mismo) de que ha cometido un error poniéndose en contra de los poderosos.

Eso es todo lo que necesita para volverse escalofriante: una persona claramente consciente de que está mintiendo sin parar durante cuatro horas (editadas en 75 minutos para hacerlas digeribles) en las que no duda en ponerse en el centro de la diana de la manera más burda posible. Padilla se posiciona como alguien que se equivocó por opinar de manera diferente a lo que lo querían sus líderes: su inteligencia y verborrea hacen que su humillación autoinflingida sea aún más dolorosa de ver.

A lo largo del metraje veremos a Padilla negar una y otra vez la mayor, ensalzando las virtudes de la revolución cubana e incluso apuntando a algunos de sus compañeros contrarevolucionarios como un vulgar chivato. Y lo que el gobierno de Castro probablemente considerara un éxito, en realidad se convirtió en una de sus mayores vergüenzas mediáticas. La manipulación es tan obvia y el miedo es tan sonoro que Heberto Padilla, aún sin romperse en ningún momento, se convirtió en un emblema de la resistencia cubana.

Cine e historia

'El caso Padilla' transita de forma más que digna en la frontera entre película y documento histórico, sin dejar jamás de ser ambas. El montaje la convierte en una obra narrativa que expone los hechos y se divide, de alguna manera dentro del soliloquio continuo, en tres actos, pero la recuperación del discurso completo tras cincuenta años perdido o sin restaurar es todo un hito para los historiadores.

A la película no le importa lo que pienses del régimen de Fidel Castro. Ni siquiera si crees que era un gobierno legítimo o una dictadura. Eso no es lo que se debate en 'El caso Padilla': lo más interesante del documental es cómo el miedo puede hacerte cambiar tus propios ideales, la ilógica del terror, el lavado cerebral que puede hacerte creer que posicionarte a favor de todo aquello que claramente aborreces es la postura más adecuada. Ante todo, es una película sobre la psicología humana y el terror que un ente poderoso tangible puede causar en alguien con mucho que perder.

En unos tiempos de fake news, posturas enfrentadas e irreconciliables y guerra sucia entre todos los políticos, 'El caso Padilla' sirve no solo para remover conciencias, sino para aportar un poco de claridad dentro de un tenebroso panorama: puede que cinco décadas contemplen el discurso descorazonador de poeta, pero, desde luego, aún tiene mucho que decir. Precisamente, en todo lo que calla.

Es raro y refrescante ver una cinta (sobre todo siendo documental) que confíe en el espectador y le deje sacar sus propias conclusiones, sean las que sean. El director podría haber escogido la opción de dirigir la opinión del público añadiendo imágenes actuales para utilizarlas de contexto, o dando su opinión sobre las consecuencias del discurso de Padilla. En su lugar, deja que seamos nosotros los que reflexionemos, escuchemos, leamos y saquemos conclusiones. Le honra: 'El caso Padilla', a caballo entre el documento bibliográfico y el documental al uso, es una pieza clave para entender nuestro presente, aunque para ello requiera una audiencia adulta dispuesta a escuchar y comprender. No siempre está ahí.

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