'Toni Erdmann', imprescindible

‘Toni Erdmann’ es probablemente la crítica que consiguió un mayor número de elogios en su paso por diferentes festivales cinematográficos a lo largo de 2016. Fue en Cannes donde tuvo lugar su estreno mundial y ahora, ocho meses después, es cuando al fin llega a las salas españolas teniendo que hacer frente al reto de estar altura a unas expectativas que la situaron prácticamente como una obra maestra.

No me cuesta entender que hay cinéfilos que reaccionen con recelo ante tanta alabanza, ya que no da la sensación de que el tercer largometraje de la alemana Maren Ade vaya a ser algo especial si uno echa un vistazo a su argumento. Además, hay tantas cosas que podrían haber salido mal en ‘Toni Erdmann’ que hacía falta poco menos que un milagro para que fuera esa gran película que nos estaban vendiendo y por mi parte creo que así ha sido.

Milagrosa

Un padre se reencuentra con su hija, quien ha abandonado todo lo demás para centrarse en su carrera profesional, descubriendo que ya no logra conectar con ella como antes y tomando una drástica decisión para arreglarlo y también para intentar conseguir que ella vuelva a ser feliz. Así podría resumirse ‘Toni Erdmann’ y seguro que no os suena especialmente interesante, sensación que irá más al deciros que dura casi 3 horas, pero, como suele pasar, son los detalles los que marcan la diferencia.

La primera batalla a la que se enfrentaba Ade era la necesidad de dar con el tono adecuado para que lo que cuenta simplemente funciona, que nos lo creamos y nos impliquemos en el peculiar viaje emocional de padre e hija. Para ello se toma las cosas con calma -de ahí su abultado metraje, aunque es algo que nunca juega en su contra- y nunca da las cosas por sentado, ya que prefiere ir cociéndolo todo a fuego lento, tomando como base la imprevisible personalidad de Toni para ir sorprendiéndonos sin que resulte nunca algo gratuito.

Por ello, podríamos dividir la película en tres partes. La primera centrada en que sus dos protagonistas retomen el contacto y vean que su forma de ser actual es incompatible, la segunda con cierto tira y afloja entre ellos y de la tercera prefiero no decir nada, pero sí es cuando ‘Toni Erdmann’ llega a otro nivel todas sus virtudes y señas de identidad, tocando techo con una escena que dudo mucha que ningún otro estreno de 2017 logre superar.

Eso se ve acompañado con una puesta en escena que busca la naturalidad por encima de todo, matizando así las peculiaridades de la historia al hacer que todo sea accesible y cercano. No faltan detalles que remarcan el absurdo de ciertas situaciones, normalmente a través de los inspirados diálogos, pero nunca se regodea en ello intentando lograr picos de interés -aunque está claro que hay algunas escenas especialmente memorables y es difícil evitar que otras acaben luciendo menos-.

‘Toni Erdmann’ sí es para tanto

Lo que prima es una idea, teniendo claro el camino que hay que seguir y también que todo tiene la misma importancia. De esa forma se retroalimenta y hace prácticamente impensable que cualquier momento pueda eliminarse sin que ‘Toni Erdmann’ fuera a verse dañada por ello. Al respecto no me costaría entender que haya espectadores que perciban ciertos altibajos dado su ritmo reposado y lo acostumbrados que estamos a que todo tenga un ritmo más vivo -ojo, que tampoco es una película lenta-, pero no es algo que comparta.

Sin embargo, ‘Toni Erdmann’ tampoco sería lo que es sin las excelentes interpretaciones de Sandra Hüller y Peter Simonischek, en las cuales también encontramos ese equilibrio que define a ‘Toni Erdmann’. Por un lado, él es el que tiene una mayor oportunidad de lucimiento en un personaje complicadísimo, ya que tiene que mostrar tantas caras desde el humor que caernos simpático no deja de ser la punta del iceberg. Él es la guía, el referente de cómo deberíamos afrontar la vida, y es todo eso sin resultar nunca moralizante y eludiendo también el patetismo en el que podría haber caído.

En el caso de Hüller, la evolución de su Ines es mucho más rica, algo que ella aprovecha para ir mostrando sucesivamente sus cambios de actitud, desde pequeños gestos hasta reacciones mucho más, por así decirlo, evidentes. Ella va modulando todo para que esa naturalidad que mencionaba antes nunca se pierde, incluso cuando sucede algo que en sí mismo nos podría parecer disparatado, y que la relación con su padre realmente vaya conquistándonos poco a poco, cerrándola por todo lo alto.

En definitiva, ‘Toni Erdmann’ es una joya, una propuesta que se disfruta mucho durante su visionado, pero que va creciendo paulatinamente a medida que piensas en ella y eres consciente de lo complicado que es todo lo que consigue. No me cabe duda de que, pese a que no creo que llegue a ser una obra maestra, acabará estando entre mis estrenos favoritos de 2017, quizá incluso como mi película favorita del año. Imprescindible.

En Blogdecine: Festival de Gijón 2016 | La pareja según Sang-soo y el monstruo Erdmann (por Lucía Ros)

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