'Traidor', entre la fe y la acción


Don Cheadle es un actor de prometedora carrera que nunca ha caído en el exceso y del que hasta ahora ha dado la talla en todos sus trabajos. En ‘Traidor’, un thriller de espionaje con gran carga político-religiosa, es el absoluto protagonista, sobre el que pesa gran parte de la película y el principal valor de un conjunto, que sin caer en abuso de tópicos, a pesar de usarlos, se mantiene firme y logra entretener con un buen ritmo y por momentos brillante puesta en escena.

Cheadle compone en ‘Traidor’ un personaje que contiene rasgos convencionales en su superficie que podrían dejar que el actor desatara un trabajo llamativo, pero que consigue dibujarlo con mesura, sin excesos, y llevándoselo al terreno de lo ambiguo, lo que funciona notablemente. El protagonista, Samir Horn, es un musulmán experto en explosivos, de pasaporte norteamericano que se debate entre su profunda fe religiosa y la ética de trabajar o no para el gobierno, o colaborar con la causa fundamentalista islámica.

Ahí es donde funciona muy bien esa ambigüedad que Cheadle se esfuerza por mantener, dándole a la historia suficientes dosis de intriga y misterio. Y que tiene como contrapunto a dos polos opuestos, con cierto rasgo en común. Por una parte, siente cierta afinidad con Omar (sorprendente Saïd Taghmaoui) un reclutador yihadista que intenta interponer la razón a su causa, y por otra, la necesidad de no enfrentarse con Roy Clayton un agente del FBI (acompañado del típico policía malo que poco aporta), interpretado correctamente por Guy Pearce, que le toca investigar y perseguir a los terroristas, aunque comprende por su formación académica y familiar, el sentimiento de la fe musulmana. Además, no se puedo obviar, aunque su aparición es casi anecdótica, la participación de Jeff Daniels en el papel de un veterano y amoral contratista de la CIA, verdadero nexo con el protagonista.

El personaje de Samir combina, sin parecer ridículo (aunque en ocasiones está a punto de hacerlo) la profunda fe, la oración y la reflexión contenida, casi de pacifista total, con la acción pura y dura, repartiendo mamporros con solvencia, gracias a su formación como soldado (algo que se echa de menos en la primera parte de la historia).

La historia de ‘Traidor’ de un supuesto infiltrado musulmán entre las células terroristas organizadas que buscan detonar al odiado enemigo norteamericano, a pesar de su carácter previsible, se mueve bien entre los farragosos temas propuestos y pone de manifiesto una curiosa mezcla de géneros y temas secundarios. Un cóctel, un tanto peligroso en cuanto al resultado, que combina acción moderada, thriller moderno, trama clásica de espías junto con conflictos de valores, reflexión sobre el radicalismo religioso y el sentimiento de lealtad y todo ello, expuesto en un escenario tan contemporáneo y candente como es el terrorismo y la situación de tensión sostenida en Estados Unidos tras el 11-S.

En este sentido, ‘Traidor’ es valiente e incluso original, porque supone una aproximación meritoria a un tema de enorme actualidad, vestirlo con una correcta factura y resolverlo dentro del convencionalismo, con un resultado aceptable. A pesar de querer añadir forzadamente algún que otro mensaje en plan moralina adoctrinante, aunque sin demasiada convicción e incluir alguna que otra escena de imposible credibilidad.

Todo ello ha sido orquestado por Jeffrey Nachmanoff, también corresponsable del guión (junto al actor Steve Martin, también productor), que sin disponer de excesiva experiencia como realizador (es su tercer trabajo), parece que apunta buenas maneras y depara estimulante esperanza de cara al futuro. Nachmanoff resuelve una película complicada en la narración, que no cae en la confusión, a pesar del continuo cambio de escenario y la ambigüedad que rodea tanto al personaje principal como a la trama. Maneja de forma atrevida un presupuesto ajustado, que carga más la acción en su segundo tramo, tras ahondar en el dilema ético que se manifiesta desde su inicio y que tiene el mérito de no caer en lo inverosímil, algo que a priori se planteaba como el principal escollo.

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