'Tres recuerdos de mi juventud', retazos de vida y Nouvelle Vague

Aunque este año ha estado ejerciendo de jurado en la Sección Oficial del Festival de Cannes, el francés Arnaud Desplechin filmó el año pasado una de las grandes películas de la Quincena de los Realizadores: 'Tres recuerdos de mi juventud' ('Trois souvenirs de ma jeunesse, 2015), que nos llega un año tarde, pero con toda la fuerza y belleza de entonces. Con esta, el francés filma su película número 9 y quizá, la más madura de todas.

'Tres recuerods de mi juventud' llegó justo dos años después de otro de los imponentes títulos de Desplechin 'Jimmy P.' (2012), pero lo cierto es que con este último trabajo nostálgico, bello y soberbio ha filmado su mejor película hasta la fecha, dejando claro que es uno de los herederos más directos de la Nouvelle Vague y demuestre que la famosa corriente cinematográfica nacida en los años 50 es atemporal.

Paul Dédalus y el viaje iniciático

Un maduro Paul Dédalus deja Tayikistán recordando su infancia en Roubaix, las locas crisis de su madre, el vínculo que le unía a su hermano Ivan, niño piadoso y violento. Pero también recuerda sus 16 años, a su padre, viudo inconsolable, el viaje a la URSS donde una asignación clandestina le llevaría a ofrecer su propia identidad a un joven ruso.

Y sobre todo, recordará también sus 19 años, su hermana Delphine, su primo Bob, de sus escapadas con Pénélope, Mehdi y Kovalki, el amigo al que tuvo que traicionar. Sus estudios en París, el encuentro con el doctor Behanzin, su vocación inherente para la antropología. Y, sobre todo, Paul se acordará de Esther: el amor de su vida.

Con 'Tres recuerdos de mi juventud', Desplechin recupera a Dédalus, un personaje que ya conocimos en 'Comment je me suis disputé...(ma vie sexuelle)' (1995), para darnos a conocer otra parte de su historia. Sin necesidad de haber visto la película predecesora, el francés nos cuenta unas partes muy concretas de la vida de su personaje y álter ego -apostamos que es muy autobiográfica-.

La película está llena de sugerentes elipsis con las que vamos construyendo el viaje iniciático de este joven que, en su madurez tiene el rostros del siempre imponente Mathieu Amalric, que ya dio vida al mismi personaje en la película de Despleshin de 1995. Porque 'Tres recuerdos de mi juventud' es esto, exactamente. Un viaje iniciático, una coming-of-age movie a la francesa, atípica y casi irreal.

Atípica e irreal en su forma narrativa: llena de elipsis imposibles, lectura de cartas mirando a cámara y adolescentes cool de los ochenta que sienten, hablan y actúan cómo todos pensamos que los adolescentes cool franceses sienten, hablan y actúan. Y sin embargo, esos recuerdos de una juventud perdida pero aprovechada, que nos cuentan por qué Paul Dédalus es como es en la actualidad, resultan extraña y fantasmagóricamente cercanos.

De espías y romances

Parece que dentro de 'Tres recuerdos de mi juventud' hay varias películas y juntas forman la pelicula definitiva sobre el primer amor y el paso de la adolescencia a la madurez. Y es que Arnaud Desplechin comienza su historia dándonos unos datos clave en tono de drama sobre la infancia del personaje para después adentrarnos de pleno en sus razones e interés en involucrarse en casi una trama de espías en la que Paul Dédalus 'regalará' su identidad a un joven ruso.

Para después de todo eso, pasar al joven estudiante de antropología en París que se enamora locamente de una compañera de clase de su hermana, convirtiendo la película en una magnífica epopeya romántica sobre la juventud, la intensidad del primer amor y un retrato generacional de esa gente que vivió su juventud en la Francia de los años 80 y 90, teniendo todavía muy de cerca a esa generación admirada, luchadora y distinta del mayo del '68.

La Nouvelle Nouvelle Vague

Es muy díficil encontrar alguna tara a los recuerdos de Desplechin. Sus poco más de dos horas de metraje transcurren, sorprendentemente, en un suspiro: como auténticos recuerdos propios, casi ensoñaciones. Y decimos sorprendentemente porque 'Tres recuerdos de mi juventud' es una clara heredera de la Nouvelle Vague y todo lo que eso conlleva: un afrancesamiento excesivo que podría resultar excesivamente irritante para unos, pero que para otros, resulta nostálgica, magnética y bella.

Así, podemos decir que estamos ante una nueva nueva ola del cine francés -Nouvelle Nouvelle Vague...no me juzguéis, no es muy original-, en la que se mantienen los principios de aquella corriente instaurada por Truffaut, Godard o Rivette, pero con las modernidades y obsesiones de hoy en día. Así, los jóvenes de 'Tres recuerdos de mi juventud' son guapos -los dos protagonistas, Lou Roy-Lecollinet y Quentin Dolmaire son para enmarcarlos y se les augura un gran futuro-, hablan intensamente de sus sentiemientos, son intelectuales y escuchan música de culto.

De hecho, en alguna ocasión, el jóven Paul Dédalus -en serio, la fotogenia de Quentin Dolmaire es extraordinaria- puede llegar a recordarnos al torpe Antoine Doinel en sus años mozos por ese aire torpón, sincero y pizpireto en su trato con su novia -también repito la sensualidad y fragilidad de Lou Roy-Lecollinet también es extraordinaria- y en su bohemia vida parisina que le lleva a vivir de sofá en sofá de desconocidos hasta que por fin, consigue su propia buhardilla.

Puede que 'Tres recuerdos de mi juventud' no sea apta para todos los públicos y mucho menos, contagie su nostalgia y belleza, debido a su narración entrecortada por elipsis extremas, la intelectualidad de sus personajes y por ser, quizá, demasiado francesa. Pero si queréis un consejo, dejaros llevar por los recuerdos ajenos e intensos que nos propone Desplechin y conseguiréis entremezclarlos con los propios y que la película se quede con vosotros por mucho tiempo.

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