Deportes de invierno

Soy un gran deportista de salón. No quiero andarme con falsa modestia, se que mis cuatro lectores no me lo perdonarían. Desde la incomodidad de mi sillón y armado con una cerveza y el mando a distancia, llevo más tours encima que Lance Amstrong y podría contarle a Fernando Alonso un par de cosas sobre unos genios llamados Villeneuve (el padre, claro) o Prost. Pero he de reconocer que los Juegos Olimpicos de invierno son una gran laguna en mi carrera de telespectador que me he propuesto subsanar este año. Después de ver varias jornadas ya tengo unas cuantas cosas que me han llamado la atención y que contaros:

Olvidaros de la rudeza del hockey sobre hielo, de la emoción a toda velocidad del descenso, incluso de la violencia sin sentido de Humor amarillo, mi nuevo deporte favorito de las olimpiadas de invierno es el patinaje de velocidad en pista corta por equipos. Lo más emocionante que mi pobre corazón cervecero puede aguantar, como gladiadores modernos con afilados patines, los equipos se enfrentan en la pista entre caídas, empujones y relevos dignos de los mejores años del pressing catch. Aquellos tiempos cuando Hulk Hogan era un ídolo de masas y podría comerse el corazón de nuevas figuras de la acción como The Rock solo como aperitivo. Pero también están patinajes más tradicionales. Algo que me llama la atención del patinaje artístico es que siempre hay algún patinador que sala a la pista vestido de torero, siempre, en todas las competiciones. Tendría algo de sentido si el patinador se llamara El niño del hielo o algo por el estilo, pero siendo un bielorruso con 10 consonantes en el nombre pues no es de recibo la cosa. A lo mejor es que quiere acabar en forma de figura encima de la tele, que nunca se sabe. Claro que la moda llega también hasta al hockey sobre hielo, donde las mascaras de portero actuales harían clavarse su propio cuchillo a Jason Voorhees. Una simple mascara blanca ya no pasa el corte.

Todo el mundo conoce el bobsleigh, aunque solo sea por el equipo jamaicano convertido en pelicula Disney. Velocidad, riesgo y habilidad sobre un un circuito de hielo. Pues olvidaros, el bobsleigh es para nenazas, tan tranquilas protegidas en su cabina. El riesgo se llama skeleton. Si, casi, casi como el malvado de He man. Probablemente por que como te la pegues te vas a quedar como el amigo Skeletor. Ya se que el luge parece suficientemente peligroso, a esas velocidades en un pequeño trineo sin airbag, cada caída parece que te va a dejar listo para la visita a Lourdes, pero el eskeleton es mejor. Resulta que vas con la cabeza por delante. Aún es comentado el caso del skeletero, eskelenauta...bueno como se diga, el deportista letón que tras su caída en skeleton perdió de golpe 10 centimetros de altura. Ahora parece Pedro Erquicia, pero no hay mal que por bien no venga, el mentón le dejó un hueco en el pecho donde puede guardar un iPod.

El biathlon es otro deporte que me parece interesante, pero muy mejorable. Probablemente un reflejo de las actividades de caza y militares en el lejano norte, sería más interesante si en vez de disparar a una diana tuvieran que darle de lleno a un reno (mecánico por supuesto, no estoy a favor de dañar animales si no nos los vamos a comer) en movimiento y luego cargaran con el hasta la meta. En las competiciones por equipo deberías cargar con un compañero, en recuerdo a esas pelis de guerra en las que salvas a tu amigo del alma, ese que te enseñó la foto de su novia que vive en Ohio y que muere seguro (luego lloras desesperado y anotas la dirección de la novia por si acaso, ya se sabe que en el amor y en la guerra...)

Y acabamos con rey de los deportes de invierno, el curling. ¿Cuantas veces habré soñado mientras barría el pasillo de casa con transformarme en un héroe nordico blandiendo mi escoba cual martillo de Thor y deslizando esa piedra pulida por el hielo hacia la fama eterna? (pocas, claro, no barro demasiado). Nunca pensé que una petanca sobre hielo pudiese ejercer tal fascinación sobre mis menguantes neuronas ni que podría llegar a enterarme de que Minnesota y Wisconsin son las cuna del curling americano.

Con los juegos en pleno apogeo, estoy seguro que aún me quedan grandes sorpresas que descubrir. Solo tengo que rellenar la nevera de cervezas y evitar lesiones en el dedo del mando a distancia.

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