Forges también dejó en el cine el sello de su particular humor: 'País S.A.' y 'El Bengador Gusticiero y su pastelera madre'

Nos deja un grande indiscutible del humor gráfico español, un autor con una personalidad tan pronunciada y reconocible que es fácil reconocer un chiste suyo a distancia. Los personajes narigones, el humor entre tierno, crítico y surreal, los personajes recurrentes -de los náufragos a los "blasillos"- y el reconocible argot forgesiano, rebosante de palabras inventadas, hacen que un chiste de Forges solo pueda ser de Forges. Sin embargo, hay una cara del autor que a menudo ha quedado sepultada por su ingente obra gráfica: su paso por el cine.

Antonio Fraguas, Forges, tuvo una vida ligada al audiovial en distintos aspectos. Por ejemplo, estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y trabajó durante décadas en TVE, desde los 14 años y llegando a ser regidor, antes de centrarse en la que era su auténtica pasión, el dibujo -de hecho, aún pueden verse trazas de colaboración de Forges con el Ente en, por ejemplo, ilustraciones para 'Viaje al centro de la tele'- En la cima de su popularidad, durante los años setenta, colaboró con distintos cineastas en diversas ocasiones. Por ejemplo, dibujando el magnífico, muy peculiar y altamente forgesiano cartel de 'El love feroz' de José Luis García Sánchez en 1975.

Y además, dirigió dos películas, hoy sin ediciones oficiales o de calidad mínima (aunque algo nos dice que hay posibilidades de que lleguen a sistemas domésticos en un futuro cercano) y que redondean la trayectoria de un artista que siempre estuvo vinculado al humor. La primera, 'País S.A.', de 1975, está coescrita con Ramón de Diego ('Sevilla Connection', 'Manos a la obra') y es una farsa protagonizada por un millonario que colabora con unos delincuentes para simular su propio secuestro y cobrar el rescate.

El resultado tiene más de la comedia coyuntural de la época que del propio estilo de Forges, pero el fan avisado sabrá detectar detalles propios del autor. De la cartelería que acompañó la promoción del film al propio título, pasando por la despiadada y muy grotesca crítica que hace de los poderosos, siempre buscando mil y una formas de aprovecharse de los escasos recursos de las clases más humildes.

Su segunda película (tras un telefilm autoparódico de 1976, '24 horas aquí', que satirizaba el día a día en TVE) fue 'El Bengador Gusticiero y su pastelera madre', de título altamente forgesiano y de nuevo con Ramón de Diego como coguionista, ayudados esta vez por Jaime de Armiñán (aquí puedes ver la película completa). De nuevo volvemos al costumbrismo, esta vez con una ambientacion aún más propia del humorista, si cabe: las gentes y costumbres de un pueblo de la España Profunda.

Esta vez el invento rebosa no solo sátira y mala leche con los temas típicos del autor (el malo es el alcalde, cómo no), sino que posee cierta ternura hacia los desfavorecidos que Forges mostró también en su lado gráfico, especialmente en los últimos años. Y tamién toques de humor surreal y lírico a los que el Forges gráfico acudía con las famosas reflexiones de sus "blasillos". Curiosamente, el film también muestra una levísima parodia del mito del superhéroe, una modalidad de cómic a la que Forges no se acercó en su carrera ni remotamente. Queda, en cualquier caso, como detalle y curiosidad para completistas de una obra ingente y consagrada a hacernos reír.

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