¿Qué fue de Oliver Stone?


“En cualquier película siempre hay una implicación histórica”

- Oliver Stone

A estas alturas, nadie puede negar la importancia del cineasta Oliver Stone (Nueva York, 1946) dentro del cine norteamericano de las últimas tres décadas. Decir lo contrario creo que tiene poco sentido. Stone se ha ganado a pulso esa relevancia, no solamente por su compleja personalidad, también por su pericia técnica y su valentía a la hora de afrontar historias y temas de gran polémica y alcance social e histórico. Es un hombre apasionado y muy culto, que nunca ha tenido miedo de decir lo que piensa y de erigirse en una figura un tanto incómoda en el seno de Hollywood. Incómoda por su carácter abiertamente controvertido, pero también provechosa para sus inversores, pues cuenta con algunos grandes éxitos de taquilla que, sin duda, le han proporcionado un cierto margen de maniobra a la hora de elegir arriesgados proyectos. Margen del que no hubiera disfrutado ni por asomo si por ejemplo ‘Platoon’ (id, 1986) no hubiera ganado cuatro Oscar, entre ellos el de mejor película, ni hubiera sido un gran éxito de público, como lo fueron también, al menos en su país de origen, ‘Wall Street’ (id, 1987), ‘Nacido el 4 de julio’ (‘Born in the Fourth of July’, 1989), o ‘Asesinos natos’ (‘Natural Born Killers’, 1994).

Mañana llega a nuestro país, como todos sabemos, la secuela de ‘Wall Street’, titulada ‘Wall Street: El dinero nunca duerme’, que fue presentada en mayo en el Festival de Cannes. La cinta está funcionando de forma tibia en Estados Unidos, lo que viene a confirmar los comentarios de la prensa especializada y de los espectadores que la vieron en La Croisette: que la película está filmada con la profesionalidad y el empaque esperables en un cineasta de la experiencia de Stone, pero que enseguida se desinfla y que carece de la garra y el riesgo que Stone demostrara bastantes años atrás. Porque parece que en los últimos años Stone se ha domesticado a sí mismo, ha perdido gran parte de su arrojo y de su valentía narrativa, y se ha entregado a un cine mucho más convencional y falto de interés, por mucho que se siga dedicando a contar la historia de su malherido país.

Lo cierto es que a este veterano condecorado de Vietnam, siempre le ha interesado la historia de su país, y así lo ha demostrado en su trayectoria. Pero también le interesa la historia de los grandes conflictos bélicos presentes y pasados. Se suele decir que su experiencia en la guerra marcó su vida, lo que resulta bastante lógico. Estudió cine en la New York University, en la que uno de sus tutores fue Martin Scorsese. En sus inicios, fue un guionista bastante exitoso, pues firmó los libretos de ‘El expreso de medianoche’ (Midnight Express’, Alan Parker, 1978), ‘Conan, el bárbaro’ (‘Conan, the Barbarian’, John Milius, 1982), ‘El precio del poder’ (‘Scarface’, Brian De Palma, 1983) o ‘Manhattan Sur’ (‘Year of the Dragon’, Michael Cimino, 1985), pero no tardaría en demostrar su capacidad como realizador, triunfando con la apasionante ‘Salvador’ (id, 1986), con la estupenda trilogía sobre Vietnam, conformada por ‘Platoon’, la irregular pero con grandes momentos ‘Nacido el 4 de julio’, y la lírica y emocionante ‘El cielo y la tierra’ (‘Heaven & Earth’, 1993), para llegar a la que quizá sea su obra maestra, ‘J.F.K.: caso abierto’ (‘J.F.K.’, 1991). El cine de Stone no solamente era audaz y brillante, también comprometido y arriesgado.

Aún sus filmes menos conseguidos, como la fallida pero estimulante ‘Nixon’ (id, 1995) o las gélidas ‘Wall Street’ o ‘The Doors’ (id, 1991), eran obra de un director inquieto, inteligente, solvente. Puede que su filme menos interesante sea el espantoso, al menos para quien esto suscribe, ‘Asesinos natos’ (‘Natural Born Killers’, 1994), sobre guión de Quentin Tarantino reescrito por él, pero supo crear una hermana melliza muy divertida y gamberra con la más que digna ‘Giro al infierno’ (‘U-Turn’, 1997), con un notable Sean Penn. Stone intercalaba filmes muy personales con filmes muy comerciales que le aseguraban su supervivencia como artista, y realizaba excelentes documentales, como el muy polémico díptico dedicado a Fidel Castro, o el excelente ‘Persona non grata’ (id, 2003), sobre el conflicto palestino-israelí. Toda esta pasión, este riesgo… ¿qué ha sido de ello? Hasta ‘Alejandro Magno’ (‘Alexander’, 2004) me parece una bella y emocionante película (aunque sé que mucha gente no está de acuerdo con esta apreciación), pero desde ahí Stone se ha convertido en otro cineasta muy diferente.

Con la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York convertidas en la imagen más icónica del inicio del siglo XXI; con Estados Unidos transformado, de una vez por todas, en un chiste de país, gobernado por un loco peligroso que decía luchar contra el terrorismo en nombre de Dios; con la salvaje crisis financiera y económica que ha puesto patas arriba el estado del bienestar…todos esperábamos que un cineasta del calibre de Stone, que había sido capaz de contarnos la gran mentira del asesinato de Kennedy, de adentrarse en los demonios del Vietnam, de retratar con pasión y crítica a Nixon o a Alejandro Magno, diera lo mejor de sí mismo ahora, o al menos estuviera a la altura de las circunstancias, y el balance de sus últimos trabajos no puede ser más desalentador. Su muy esperada ‘World Trade Center’ (id, 2006), que cuando se anunció muchos esperábamos que fuera un feroz análisis de lo que realmente pasó, o por lo menos una crítica de los servicios secretos o de la instrumentalización de la tragedia para comenzar varias guerras, luego vimos que iba a ser una narración de la supervivencia de dos bomberos bajo el derrumbe de la segunda torre. En principio nada que objetar, pero ¿era necesario convertir esa aventura en un cursi y aburrido panfleto “pro American Way Life”? ¿Hacía falta un discurso tan zafio, tan poco sutil, en favor de la religión y el ejército estadonidenses?

Pero la cosa no mejoró con ‘W.’ (id, 2008), en la que un gran Josh Brolin daba vida al infame George W. Bush, y que de nuevo, a pesar del tropezón cósmico de ‘World Trade Center’, muchos, como yo mismo, esperábamos con gran espectación, deseando recuperar al mejor Oliver Stone. Y se obtuvo un nuevo chasco. La figura terrible del que seguramente sea el peor presidente de la historia de Estados Unidos daba para muchísimo más que para ese tímido filme de aspecto casi televisivo. Stone se quedaba a medio camino de todo: de la comedia negra, del análisis político, de la narración histórica. Brolin se deja la piel y su caracterización es realmente notable, pero su papel queda inconsistente, sin fuerza, sin capacidad de arrastre, como de comedia de baja estofa. Para hacer esta película, en mi opinión, mejor no hacer nada. De pronto Stone era un director sin el coraje suficiente para enfrentarse a este personaje, cuando él mismo se había declarado en abierta oposición a la administración Bush.

Ahora, Stone presenta ‘Wall Street: El dinero nunca duerme’. Todo hace sospechar que va a seguir por los mismos derroteros que en sus últimos proyectos. Así, ha contado la mayor tragedia civil en la historia de su país con ‘World Trade Center’, ha hablado sobre el peor presidente de la historia con ‘W.’, y ha indagado en la crisis económica con su última película, pero habiéndose transformado en un cineasta domesticado. En cuanto a su documental ‘Al sur de la frontera’ (‘South of the Border’, 2009), en la que se proclama gran defensor de Hugo Chávez, termina por confirmar su incoherencia ideológica. Ya recibió algunos palos por su retrato del dictador Castro en ‘Comandante’ (id, 2003), que intentó arreglar, sin conseguirlo, en la continuación ‘Looking for Fidel’ (id, 2004), pero eran buenos documentales, que pese a su poco sutil admiración por un hombre que ha sumido a Cuba en la pobreza y el miedo, investigaban con ojo certero la compleja personalidad de Castro. Ahora, sin embargo, defiende lo indefendible. Declarar que Chávez es un incomprendido luchador por la libertad, cuando Venezuela, desde que él “la dirige”, es líder en homicidios en Sudamérica, con una bestial corrupción e ineficiencia, y con la pobreza aumentando exponencialmente, es certificar que Stone ha perdido totalmente el rumbo, y que está haciendo el ridículo con su radiografía de América Latina, acusando de todos sus problemas a Estados Unidos, cuando esos líderes que él defiende son sus mejores aliados.

Una vez más, nos arriesgaremos con Stone y veremos ‘Wall Street: El dinero nunca duerme’. Ojalá me equivoque, ojalá todos los que han dicho que es una película monótona y prescindible estén también equivocados. Veámosla sin prejuicios, aunque todo indique que Stone no es ni la sombra de lo que fue.

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