Unos Oscar de Altura

¿Vistéis la gala? ¿Os causó risa la bromita de la pizza? ¿Y qué os pareció el, indudable, cambio de Ellen DeGeneres al frente y como conductora? Todas estas preguntas son naturalmente superficiales, sencillas hasta cierto punto. Porque Will Smith salió de la nada y cerró una gala muy entretenida y, además, esto es mejor, sorprendentemente equilibrada y justa.

La noche empezó en las Alturas, pero en las galácticas. 'Gravity' (id, 2013) fue el motor de todas las alegrías: ¡siete premios se llevó al cierre! Fue la gran triunfadora, pero, como empiezan a acostumbrarnos estos nuevos Oscar, los que incluyen un montón más de nominadas en la categoría de Mejor Película, no se llevó todos los llamados premios principales.

Sin embargo, la odisea espacial que protagonizan Sandra Bullock y George Clooney proporcionó uno de los puntos álgidos de la noche.: Alfonso Cuarón, quien tardó nada más y nada menos que seis años en sacar adelante su gigantesca odisea espacial recogió el premio a mejor director.

El director de 'Hijos de los Hombres' (Children of Men, 2006) lleva años en la labor de entender la puesta en escena y la gramática visual de un modo distinto, nada convencional. Que se llevara el premio fue poco menos que una justicia ¡y además fue el primer director latinoamericano en recogerlo! Su discurso, híbrido entre español e inglés, y su propio talento, a caballo entre la intimidad más audaz, la gramática experimental y la narración clásica Hollywoodiense, certifican que a este nuevo Hollywood puede quedarle mucha vida de apostar por ellos.

La sorpresa legítima la dio Spike Jonze, recogiendo el mejor guión original por 'Her' (id, 2013). Desde luego, frente al premio académico y riguroso al esquemático y eficiente libreto de John Ridley para '12 años de esclavitud' (12 years a slave, 2013) fue algo que quizás indicaba el presagio final de la noche: la renuncia a ser previsibles.

Un reparto inesperado

En el terreno de las actuaciones, encontramos un reparto inesperado, lleno de premios merecidos. Para empezar, el estupendo e intimista 'Dallas Buyers Club' (id, 2013) se llevó dos premios a la actuación masculina por dos roles muy complicados y sorprendentemente ejecutados. Por una parte, Jared Leto, en el inolvidable papel de un transexual, y por el otro, Matthew McCounaghey, en un rol valiente e incómodo. Éste último dio un discurso reivindicando a Dios y a perseguir su propia sombra: ¡seguro que no fui el único que empezó a sospechar que el detective Rusty Cole había salido, entre cerveza aplastada y visión alucinada, a recoger el premio!

Lupita Nyong'o era la ganadora, y debía serlo. Su rol, premiado con la mejor actriz de reparto, de esclava humillada y acostumbrada a la barbarie diaria mereció el reconocimiento de '12 años de esclavitud' (12 years a slave, 2013) y Cate Blanchett salió a recoger su segundo premio, por 'Blue Jasmine' (id, 2013), como un huracán: reivindicó las películas con personaje central femenino y dedicó el premio a todas y cada una de sus competidoras.

La gala se cerró con Smith certificando la feliz costumbre de separar y democratizar los premios de dirección y película. Y es que la odisea del esclavo Solomon Northup, producida entre otros por Brad Pitt, dio pie a un intenso discurso final de Steve McQueen que reivindicó la labor de los historiadoes y denunció, una vez más, una atávica y regresiva condición de la que todavía no nos hemos librado.

Fue una noche perfecta para el sistema de estudios: ganó una película sobre un episodio de infamia rodada de un modo delicado y sutil y ganó, también, la más espectacular película de estudio posible, y una que renuncia, precisamente, a sus más estomagantes convenciones. Los Oscar tocaron todas las alturas posibles.: es muy posible que el Kodak Dolby Theater, a rebosar, fuera esa antesala manida al recurrente cielo de todos los que buscan todavía en California un ascenso a la gloria.

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