'Anne With An E': regreso a la infancia y oda a la imaginación en la versión de 'Ana de las Tejas Verdes'

Llamadme cursi, pero yo de niña me leí toda la serie de libros de 'Ana de las Tejas Verdes', escritos por la canadiense Lucy Maud Montgomery a principios del siglo XX. Y es que la maravillosa extravagancia de su protagonista, una niña huérfana que es adoptada por una pareja de hermanos granjeros, junto con su imaginación desbordante y desparpajo hacía que viviera mil aventuras y me encantaba ver como llevaba -permitidme la expresión- de culo, al pequeño pueblo de Avonlea y sus habitantes.

Por ello, cuando descubrí que Netflix había co-producido junto a la cadena de televisión canadiense CBC una nueva adaptación en forma de serie -hay varias, luego os hablo de ellas-, no lo dudé ni un segundo. Y mi acercamiento, 20 años después, al personaje de Anne Shirley a través de 'Anne with an E', me redescubrió que, además de ser totalmente adorable y de factura impecable, es toda una oda a la imaginación, a la diferencia y sí, a los derechos de las mujeres.

Aprovecho que acaban de anunciar su segunda temporada, para hablaros de la serie y de la magia del personaje de la pequeña Anne Shirley que marcó tantas infancias.

Oda a la imaginación y a la diferencia

La primera vez que Anne va al colegio en su vida, tiene 13 años y ha decorado su sombrero con muchas flores silvestres, para causar buena impresión. Sin saber que, ese gesto de coquetería, será visto como una extravagancia por parte de sus compañeros y compañeras, que visten de forma casi uniformados, siguiendo la moda de la época y a vistas del espectador, por supuesto, más aburrido e impersonal.

Este pequeño detalle resume a la perfección lo que es 'Anne with an E': una enorme defensa a ser diferente y a ser uno mismo pase lo que pase, por muy pelirroja y pecosa que seas. Y sobre todo, una reflexión en contra de los prejuicios disfrazado para toda la familia y con la que Netflix y la CBC han conseguido grandes resultados.

En 'Anne with an E', Anne Shirley -ella añade la 'e' al final de su nombre porque suena más sofisticado-, es una huérfana de 13 años que tras varios años en un orfanato y otros tanto sirviendo y cuidando de familias numerosas sin recursos casi como una esclava, es adoptada por Marilla y Matthew, dos hermanos ya mayores que se hacen cargo de la granja familiar.

Aunque en un principio querían un niño para que ayudara en la granja, la dulzura, espontaneidad, ingenuidad, inteligencia e imaginación de la pequeña Anne les convencerán para adoptarla. La niña emocionada por tener, por fin, un hogar, tendrá que enfrentarse a los prejuicios y al conservadurísmo de su nueva ciudad. Pero por suerte, ella tiene algo que todos los demás no tienen: imaginación.

Porque su desbordante imaginación es lo único que la ha salvado de los maltratos de sus familias de acogida, de trabajar día y noche sirviendo a gente que la trataba mal o simplemente ante las burlas y acoso de sus compañeros de orfanato. Una imaginación que hacen que parezca extravagante y rara de cara a los demás por su amor a la lectura y a soñar despierta pero que, ha hecho que su miserable vida sea un poquito mejor.

Creativa, parlanchina e inteligente, Anne conseguirá conquistar poco a poco los corazones de los habitantes de la pequeña Avonlea, quienes la tratan como un extraterrestre al principio, pero poco a poco y gracias a las hazañas de la niña, la convertirán en una indispensable en el lugar.

El feminismo en Tejas Verdes

Habiendo tenido que aprender a cuidar de sí misma desde siempre, y refugiándose en la desbordante imaginación que le ha ofrecido la lectura, Anne crece sabiendo que puede hacer cualquier cosa en la vida. Y eso, a pesar de desear tener otro nombre, menos pecas y otro color de pelo porque siendo así...¿quién se iba a casar con ella? Cosas de la época.

Y es que, Lucy Maud Montgomery escribió 'Ana de las Tejas Verdes' a principios del siglo XX y el peso del papel de la mujer por aquel entonces, está muy presente en la historia de la pequeña Anne. Sin embargo, existe una concienciación al respecto y que vemos reflejados, sobre todo, en los personajes de Anne Shirley y Marilla, y también en personajes masculinos como los de Matthew y Gilbert, su rival en el colegio y quien será su novio en el futuro.

Aunque tratado en 'Anne with an E', ciertamente, siguiendo el manual y de forma poco sutil -al final, estamos ante una serie para todos los públicos, que tiende a ser facilona-, el personaje de Anne es el que toma la iniciativa en todo, sin duda, la costumbre y mecanismo de supervivencia. Es más lista e inteligente que todos sus compañeros de clase -incluído el Golden Boy, Gilbert- y es capaz de saber qué hacer en caso de incendio y hasta curar a una niña de unas fiebres.

Y sobre todo, se atreve a hablar de temas tabú dese su posición de desconocimiento infantil, como el sexo o la menstruación, siendo tachada de 'descarada' ante los ojos del pueblo. Marilla, la mujer que la adopta y aunque reticente al principio, ve en ella la posibilidad de conseguir lo que ella nunca pudo por un evento ocurrido en su familia, que la llevó a sacrificar su vida para mantener la granja en pie.

En uno de los capítulos, un grupo de madres de niñas invita a Marilla a formar parte de él. Se trata de un club llamado "Madres Progresistas Club", donde debaten sobre el feminismo -o lo que ellas entienden por feminismo- y sin embargo, no dejan de hablar de lo guapas que son sus hijas y de reprochar a Marilla que debe poner firme a Anne y no hablar tan abiertamente de relaciones sexuales o de lo que significa tener la regla. Una hipocresía, que, lógicamente, Marilla no aceptará.

Y por otro lado, Matthew, hermano de Marilla, que acepta en el minuto uno quedarse con Anne aunque sea una niña, conquistado por su desparpajo y "anormalidad", además de ser quien se atreve a escucharla sin prejuicios desde el principio y a animarla a pasar los límites. Y por último Gilbert, el único de los chicos del colegio, que ve a Anne como a una igual -a veces hasta un poco superior- y sus continúos enfrentamientos intelectuales harán que quiera superarse para estar a su altura.

De la novela a la pequeña pantalla

Creada por Moira Walley-Beckett, guionista de 'Breaking Bad' y creadora de otras series como 'Flesh and Bone', 'Anne with an E' no es la primera adaptación -ni será la úlimta- de la querida novela canadiense, aunque sin duda, es la que tiene un espíritu más contemporáneo, y es que no hay más que ver los títulos iniciales de la serie -que podéis ver más abajo-, toda una maravilla bucólica que capta a la perfección el espíritu de Anne.

Y es que, ya de entrada, su factura y propuesta visual, supera de lleno a cualquier otra adaptación hecha sobre el personaje, incluyendo la miniserie de la CBC realizada en 1985 y su respectiva secuela, en 1987, y considerada la mejor adaptación hasta la fecha. Además de esa, en televisión se ha visto en otras 11 ocasiones y en cine 4, incluyendo una película muda en 1919 y una adaptación del musical teatral, que se rodará este año.

A pesar de que la directora neozelandesa Niki Caro -hace poco vimos su 'La casa de la esperanza' ('The Zookeeper's Wife'), protagonizada por Jessica Chastain-, asentó las bases al dirigir el primer episodio, parece que esta nueva adaptación tiene sus detractores por no ser al 100% fiel a las novelas, pero lo cierto es que aquí, a Moira Walley-Beckett le gusta centrarse más en la introspección del personaje, algo que ciertamente se agradece.

Canadá vs. Netflix

Sin embargo, el tratamiento que ha dado Netflix al personaje icónico parece no haber gustado mucho en Canadá, donde el pecoso personaje es toda una institución y un clásico sobre el paso de la niñez a la adolescencia y básicamente, un 'must' de la literatura canadiense. ¿Por qué? Por varios motivos, unos con fundamento y otros, no tanto.

El primer de ellos, sin duda, la imagen con la que se presentó la serie. Mientras la imagen original mostraba una imagen más realista de la protagonista -la estupendamente bien elegida Amybeth McNulty-, con tonos fríos y con todas sus pecas, en la imagen que lanzó Netflix se suavizaron los rasgos, se arreglaron los dientes y también las pecas de la pelirroja. Además de dotarle de unos tonos cálidos que, los que criticaban decían, poco tenía que ver con el tiempo en la isla Prince Edward, donde transcurre la historia.

Este hecho se sumo al cambio del título, de la original 'Anne of Green Gables' como lanzó la CBC a 'Anne with an E', que toma una de las frases de la novela haciendo referencia a como Anne quiere que se la llame. Una decisión, quizá más llamativa para espectadores internacionales que poco o nada saben de las aventuras de Anne Shirley y por lo tanto, una simple estrategia de markéting.

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