El atractivo del villano cordial

Que la ficción televisiva esté plagada de antihéroes ya no es ni sorpresa ni novedad. Hace tiempo que pasó de moda la figura del héroe perfecto fiel a esos principios que considera el bien. Es aburrido. Mucho menos estimulante que un personaje repleto de dudas, con un punto egoísta o directamente psicótico, pero que no sólo no pierde la compostura, sino que es genuinamente simpático; hacer el mal es más divertido con una sonrisa en los labios.

El doctor Hannibal Lecter no es el protagonista absoluto de la enfermiza ‘Hannibal’, pero sí es una ejemplo de ese estilo de villano afable, que lleva su psicopatía con tal normalidad que en ocasiones se emplea hasta de alivio cómico. Y no es el único; ¿quién no esbozaba una sonrisa cuando en sus inicios de maldad infinita Benjamin Linus amenazaba de muerte con la mayor de las sonrisas? En el fondo no existe peor villano que el que disfruta sinceramente con su maldad; sin ira, sin violencia innecesaria. Es más temible para la víctima y más atractivo para el espectador. Vale más un parpadeo a cámara lenta seguido de una forzada sonrisa de Victoria Grayson en ‘Revenge’ que cualquier indeseable de turno de risa maligna y rabia exacerbada.

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ENFOQUE PROFUNDO Y LENTES PARTIDAS

Tuco estaba loco y era imprevisible, pero como villano en ‘Breaking Bad’ fue mucho menos estimulante que Gus, cuya extrema amabilidad y calma igualaban su maldad sin remordimientos. Porque no hablo de amistad. El villano amistoso es un mundo aparte, ese tipo de personaje que es verdaderamente amigo de su enemigo. Ambos conocen su calidad irremediable de adversarios y se comprenden el uno al otro, pero son rivales porque les han dibujado así. Jacob y el humo negro son un ejemplo en ‘Perdidos’.

Tampoco Dexter es un villano cordial. Su papel dentro de la serie es totalmente dependiente de un punto de vista que busca la identificación del espectador, la comprensión. Dentro del universo del psicópata, ‘Dexter’ es un falso villano: tiene un código, persigue asesinos en serie y su evolución vira rápidamente hacia el psicópata víctima de su condición y en constante duda consigo mismo. A un villano cordial le gusta su naturaleza y es ese narcisismo lo que convierte sus acciones en más perturbadoras a ojos del espectador.

Es por esto que cualquier villano relevante de ‘Supernatural’ entra en ésta categoría. Esa seducción amable con la que saborean su maldad es lo que hace que sean extremadamente peligrosos. No es casualidad que sea la imagen de enemigo más habitual en la historia del cine: el temple y la clase son mucho más atractivos que la fuerza o el desenfreno. Es muy difícil crear un villano genuinamente caótico sin que escape al control del propio creador; encontraréis pocos Jóker como el de Nolan.

Al igual que ocurre con Dexter, muchos villanos que pasan ahora mismo por vuestra mente son más complicados de calificar dentro de la categoría del cordial precisamente por ese papel esencial del punto de vista en la narración. Personajes como Toni Soprano o Vic Mackey pueden ser igual de moralmente reprobables que el más malévolo de los villanos afables, pero su cualidad de protagonistas dificulta mucho que pertenezcan a la categoría.

Es por esto que Walter White es uno de los más originales y estimulantes antihéroes de la televisión de los últimos años. Walter ha tenido una progresión hacia lo más siniestro que le convierte en un personaje excepcional: ha caído en lo más hondo de la deslealtad, se ha convertido en un ser ruin y casi desalmado que cada vez dificulta más la exculpación por parte del espectador; porque es lo que hacemos, justificamos a Dexter porque mata asesinos y perdonamos las torturas a Jack Bauer porque sólo busca el bien del país. Por eso perdonamos los métodos de Luther (y por eso Alice es mucho más estimulante), pero hace tiempo que es complicado defender a Walter. Breaking bad con todas sus consecuencias, hace mucho que dejó de ser un antihéroe afable y aun así nos dolerá el final trágico que probablemente se avecina.

Los villanos cordiales son los que más disfrutamos odiando, porque en el fondo casi los miramos con un punto de admiración y de credulidad contrarios a ese punto de rechazo que nuestro cinismo provoca cuando nos enfrentamos a un héroe puro de moralidad perfecta. Será que todos llevamos un pequeño villano encantador dentro.

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