'Girls': las chicas tienen un plan

Lo confieso. He llorado con Sit-In (4x05) y Home Birth (4x10) me ha devuelto la esperanza. Esto dice mucho sobre calidad de una serie: cuando una historia está tan bien escrita que te remueve algo por dentro; cuando un personaje está tan bien construido que te reconoces a ti mismo en sus emociones. Entonces la ficción empieza a trascender, para desarrollar la capacidad de empatizar con sus espectadores y ellos con la historia.

Y es que aunque no nos reconozcamos en esta pandilla de modernos buscándose la vida en Nueva York, más allá de los clichés, del postureo o de las locuras en forma de tramas que se le pasen a Lena Dunham por la cabeza (esta temporada parece que se ha moderado, ¿estará también madurando?), empatizamos con ellos. Y más cuando vemos que sus vidas tampoco resultan fáciles y que el camino se recorre a base de ensayo y error.

Del dolor a la aceptación


"Por Hannah, dando el siguiente paso en una serie de pasos al azar."

Adam.

Todos los que andamos por la treintena -por arriba o por abajo- estamos a bordo de esta montaña rusa que es convertirse en un adulto en el mundo de los adultos (que no hacerse mayor): relaciones que empiezan y acaban, futuros profesionales inciertos, gente perdida a tu alrededor, tan perdida como tú; vanos intentos de entender al ser humano, de asumir quién eres y saber cómo ser tú mismo sin olvidar nunca esa eterna búsqueda de la felicidad o de una mínima satisfacción con tu vida... Es mucho que asumir.

Las series siguen arrojando confusión sobre el concepto "tomarse un descanso". Guionistas, dejad de hacerlo. Estáis rompiendo muchas parejas.

Pero además a las chicas la vida les ha dado limones. Muchos. Empezando por Hannah: su posgrado en Iowa ha durado un mes. ¿Entramos a cuestionar las razones? ¿Se cree por encima de todo y de todos o en realidad sufre de pánico escénico y afirma querer ser escritora pero es más cobarde de lo que aparenta ser? Jessa da con la clave: "todos intentamos hacer que funcione estando donde estamos."

Aunque con todo lo demás demuestra más entereza: hay que ser muy fuerte para no hundirte durante meses en una espiral de autocompasión, pijama y comida basura cuando abres la puerta de tu casa y hay una tipa que prácticamente está viviendo allí con tu novio. Un inciso (o si queréis, una inquietud): una vez más, las series siguen arrojando confusión sobre el concepto "tomarse un descanso". Guionistas, dejad de hacerlo. Estáis rompiendo muchas parejas.

Adam ha demostrado no haber entendido nada. Porque una cosa es dejar una relación en suspenso y otra dejarla por tu cuenta, sin comunicárselo al otro, sin posibilidad de réplica ni un cierre digno. Esta trama ha supuesto la entrada (y salida) a escena de un rol femenino que no habíamos visto hasta ahora y que resultaba estimulante: una mujer autosuficiente, en todos los aspectos. Quizás rozando la frialdad, pero comparada con el resto y sus manifiestos problemas en las relaciones, Mimi Rose era como el Mesías que venía a predicar sus enseñanzas.

Lástima que dinamitaran el personaje haciéndole quedar como una insensible y anulando el mensaje. Con ella venía de serie Zachary Quinto en el papel de ex-novio (Ace); un pintoresco personaje que le ayudará a dar el giro definitivo a la trama del triángulo amoroso, en la cena de parejas más catastrófica que pueda imaginarse. Ambos se han esfumado (juntos) pero nunca se sabe. Puede que Adam de el siguiente paso en el manual de expectativa de conducta masculina (siempre generalizando, por supuesto) y ahora recurra a ella. Aunque le creemos más inteligente que eso.

De la aceptación a la superación

Hannah no soporta una mala crítica, pero parece llevar con más madurez el hecho de que su padre decida confesar su homosexualidad (no sé si era intencionado, pero como a Elijah, a mi siempre me lo pareció) que las ofensas a su orgullo y su amor propio. Recopilando: tenemos ruptura, tenemos desilusión, un sueño que no acaba de realizarse y la desintegración de su estructura familiar. Y no ha habido TOC como respuesta. Tampoco grandes escenas o espirales de auto-destrucción: lo ha asimilado con toda la dignidad de la que puede hacer gala.

Sus compañeras de reparto (también Ray) también han recorrido su propio desierto y ahora por fin saben lo que quieren. Después de la experiencia como doula Jessa quiere hacer algo en su vida en lugar de deshacer. Shoshanna es ahora el nuevo icono de la liberación femenina: ¿príncipe azul o Japón? Ella elige la emoción de lo incierto y yo me quito el sombrero (imaginario) por ella. Marnie por fin se reivindica y sale de la sombra del hombre de turno y Ray nos demuestra que si quieres, puedes. Sólo hay que dar con la forma de hacerlo.

Y todo eso teniendo en cuenta que los pilares sobre los que se apoyaban los personajes al principio de temporada se han ido derrumbando a lo largo de estos diez capítulos en los que la serie se ha reafirmado en su carácter de dramedia. Parece que en 'Girls' todos están preparados para que el mundo de los adultos vuelva a pasar sobre ellos arrasándolo todo. Pero así es el proceso: ensayo y error.

De la superación a la renovación


-Voy a ser terapeuta.
-Me mudo a Japón.
-Vas a ser tan buena terapeuta...
-¡Lo sé! Y tú vas a ser una geisha fantástica.

Jessa y Shoshanna.

El hilo conductor de la temporada ha sido la relación de Adam y Hannah, desde su separación (física), las primeras dudas, las primeras soledades... hasta la ruptura definitiva, pasando por los típicos períodos de confusión y las relaciones de rebote. Todas las fases desde que una relación empieza a tambalearse hasta que se acaba definitivamente.

Y aunque ellos eran el centro por el que pasaba todo, el resto de tramas han encontrado cómodamente su lugar. Para el espectador también. Si miras toda la temporada seguida verás luz y oscuridad a partes iguales. Melodías bellas alegrando pequeños dramas. Escenas de amor (y de sexo, que es HBO). Gente feliz. Gente que sufre. Problemas cotidianos y esos momentos de la vida que te sobrepasan durante un tiempo.

¿Podemos decir ya que ya no es la serie de Hannah? ¿Podemos quitarle ya la etiqueta de "serie de chicas"? Porque hasta en GQ -unos gurús de la vida- saben que también es cosa de hombres y se la recomiendan a los espectadores masculinos. Hemos visto el yin de muchas cosas, nos hemos asomado a esas emociones que no siempre comparten con las mujeres. La serie, en definitiva, ha madurado, porque es lo coherente. Y en una historia como ésta eso significa hurgar más en la herida.

En ¡Vaya Tele! | 'Girls', vidas (supuestamente) plenas

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