Las cinco diferencias entre 'The Mysteries of Laura' y la serie original

Esta semana se anunció que el canal NBC había pedido guiones adicionales de ‘The Mysteries of Laura’. Es una buena señal para aquellos que la disfruten porque puede considerarse un paso en la dirección correcta. Significa que el canal se plantea emitir más episodios con lo que el encargo de una temporada completa podría ser una realidad en unas semanas.

El estatus de la serie en la televisión americana, sin embargo, hay que cogerlo con pinzas. Tiene una media de espectadores muy decente pero su público es mayor, lo que las cadenas valoran de cara a renovar una serie. Pero de momento está dando para un curioso juego. Aquellos que disfrutamos ‘Los misterios de Laura’ podemos buscar las siete diferencias, que aquí serán cinco. ¿Y sale ganando o sale perdiendo?

El factor temporal

Lo que más cambia de una versión a otra es el factor temporal. Cambia por completo la serie que la española dure más de una hora y la americana tres cuartos de hora. Obliga a plantear los casos de otra forma, que sean más sencillos de resolver. Desaparece esa estructura tan clásica de los relatos de Poirot y ‘Se ha escrito un crimen’ de “planteamos el crimen, mostramos la investigación y terminamos con un soliloquio a cargo de la protagonista”.

Aquí se opta por el esquema típico estadounidense actual: una breve escena con el cadáver, investigación y una resolución sin todos los posibles sospechosos. Y prefiero la duración de la española. En mi vida pensé que defendería esta característica de las ficciones nacionales, ni en el universo alternativo de ‘Fringe’, pero los sesenta o setenta minutos permitían a Javier Holgado y Carlos Vila salirse del molde de todas las series de casos actuales.

No hay puzzles

La consecuencia directa de esta duración es que ‘The Mysteries of Laura’ es una serie de casos, no de puzzles como la española. No es una serie que haga partícipe al espectador, que piensa como un investigador más sobre la identidad del asesino, sino que debe tomar un rol pasivo. Es algo que no entiendo, pues justamente era el elemento más fresco que aportaba Laura Lebrel.

Esto significa que estamos ante casos más funcionales, menos distintivos. No hay ese reto semanal de ofrecer una incógnita insólita (la idea del crimen perfecto que influye todos los guiones de Vila y Holgado). Hace que sea un remake menos estimulante y mucho más genérico.

El misterio del triángulo

Durante la investigación de los casos, si algo añadieron en la española para picar la curiosidad del público, es un triángulo amoroso. Me refiero a la relación de Laura Lebrel con los dos hombres de su vida, Jacobo y Martín, que sólo puede entenderse como celos. Es evidente aunque la serie prefiere no abordarlo de forma directa, por lo menos hasta el final de la tercera temporada.

Laura Diamond, en cambio, parece tener menos enamorados a su jefe y ex marido, y su compañero. Ayuda que el ex marido, Jake, sea un adúltero perpetuo (Jacobo sólo se acostó con otra cuando le pidió un tiempo a Laura) y Billy no está tan fascinado por su colega. No hay esa eterna mirada de “ojalá se diera cuenta de lo especial que es” con la que Martín miraba a la detective. Pero tiempo al tiempo, que seguro que los tiros acabarán yendo por aquí.

La dinámica en comisaría

Pero la dinámica no sólo cambia entre Laura y sus hombres, también en el resto de la comisaría. Se puede entender a Meredith como la nueva Lydia, porque siempre mira a la protagonista con cara de desprecio, pero Max no es Cuevas por una simple razón. Sí comparten ciertos rasgos pero es homosexual, lo que impedirá una relación en comisaría, por lo menos la que protagonizan Lydia y Cuevas. Tampoco es necesaria, en mi opinión. Y un añadido de la americana que es un acierto es Sammi, la niñera activista obsesionada con transmitirle sus valores a los hijos de Laura.

Laura... no es Laura

Y, como si no hubiera suficiente con la supresión de la filosofía ‘puzzle’, Laura Diamond no es Laura Lebrel. Esta es una realidad que comprobamos con el episodio piloto de forma instantánea. El personaje de María Pujalte y el de Debra Messing no tienen nada que ver. Las dos están separadas, las dos tienen unos gemelos que son el diablo y las dos tienen un buen olfato. ¿Pero sus caracteres? ¡Nada que ver!

Esto no necesariamente tiene que ser un punto negativo. Laura Lebrel es una mujer despreocupada, de físico muy normal y que no se siente cómoda con su arma. Tampoco es de las que cazarían a nadie por la calle. Diamond, en cambio, no tiene tiempo de cuidarse pero quiere sentirse guapa en todo momento (y sacan a Messing en ropa interior o bañador en cada episodio), va de mujer letal con pistola y hasta las noto distintas a la hora de educar a sus hijos y cuidarse del hogar. Una hace lo que puede con lo que tiene... y Laura Diamond no hace nada.

Estos, diría, son los cambios fundamentales entre ‘Los misterios de Laura’ y su remake. ¿Echáis de menos alguno importante? ¿Y qué preferís vosotros, nuestra Lebrel o la copia?

En ¡Vaya Tele! | Cinco madres ideales para Laura Diamond

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