'Pulseras rojas', un canto a la vida

Si nuestra televisión tiene la necesidad de proclamar a una ficción como la serie del verano, ese reconocimiento lo ha obtenido en este 2012 ‘Pulseras rojas’ por méritos propios. A veces este calificativo está cargado de connotaciones negativas, pero no es este el caso de ‘Pulseras rojas‘, una serie que se estrenó hace un año en TV3, que luego llegó en español a TNT y que por fin hemos podido disfrutar en abierto en Antena 3, pese a que para ello hemos tenido que soportar un doblaje insufrible que ha caracterizado a la ficción catalana durante su primera temporada.

Espero que Antena 3 haya aprendido la lección y no repita prácticas como esta en el futuro, cuyo resultado ha favorecido a que en ocasiones nos creyéramos estar ante una de las películas que la cadena emite las tardes del fin de semana en vez de ante una producción nacional. Sigo pensando que las series españolas necesitan del máximo mimo posible, ya que en este caso, hemos estado ante un doblaje que habrá provocado que muchos espectadores no lograran conectar con su historia o que directamente hayan abandonado ‘Pulseras rojas’ a medio camino.

Son muchos los elogios que ha obtenido ‘Pulseras rojas’ durante los últimos meses y no será este un análisis que difiera a grandes rasgos de lo que se ha oído y leído por ahí. La ficción de Antena 3, aquella que nos anunciaron como la serie que emocionó a Spielberg, también ha conseguido emocionar al público masivo, aunque este parezca tener un reconocimiento mucho menor que el director de Hollywood. La serie ha sabido combinar las duras historias de los protagonistas, dando visibilidad y normalidad a problemas que en muchas ocasiones son tratados como tema tabú en nuestra televisión.

Y ahí ha radicado el principal acierto de ‘Pulseras rojas’, esa apuesta que muchos rechazan por ser demasiado sentimental y que Albert Espinosa lleva tratando en diferentes formatos durante su trayectoria como guionista. No parece inadecuada, en cambio, una ficción en la que veamos el día a día de niños que están obligados a pasar su infancia en el hospital sufriendo enfermedades como el cáncer, mientras a la vez observamos cómo son sus vidas o cómo se relacionan entre ellos en un entorno poco habitual. El resultado ha sido una ficción que recuerda en ocasiones a la mítica ‘Verano azul’, salvando las distancias sobre las tramas que llegan a afectar a sus protagonistas.

La ficción también nos ha mostrado algo muy reclamado por la audiencia y que se ha dado con tanta maestría que ha pasado casi desapercibido, uno de esos disfrutes silenciosos que solo se advierten cuando destacan por exceso. Hablo del tiempo de sus episodios, ya que ‘Pulseras rojas’ ha sabido adaptarse a capítulos de 40 minutos, tal y como estamos acostumbrados en países como Estados Unidos. Y, pese a esta reducción de tiempo muy poco vista en nuestra televisión, la serie ha sabido mostrar tramas bien hiladas que han terminado por atraparnos.

Un vistazo a…
ENFOQUE PROFUNDO Y LENTES PARTIDAS

Ventajas e inconvenientes de un grupo cerrado

Lo que más ha caracterizado a ‘Pulseras rojas’ desde su estreno ha sido esa distinción grupal que se ha dado intencionalmente entre sus protagonistas, seleccionados por ellos mismos para cubrir diferentes puestos en un grupo de amigos. Esta particularidad ha conseguido que el público enfatice rápidamente con los seis amigos, conectando con aquellos que se destacan como los pulseras rojas. Pero también hemos visto que en ese aspecto se ha encontrado la excusa perfecta para dar un cierto rechazo a los personajes secundarios que han llegado más tarde a la vida de los protagonistas.

Estos personajes han sido excluídos y relegados a un segundo plano, pese a que el espectador también podía aprender o simpatizar con sus historias. Quizá por eso, a medida que avanzaban los episodios hemos visto cómo se hacía menos referencia a las características de los miembros del grupo para abrir hueco a estas otras historias, algo que hemos terminado agradeciendo. Aún así, la amistad originada en el grupo de amigos protagonista ha sabido conmovernos y una buena muestra de ello ha sido el sentimiento causado tras el cierre de su primera temporada, en el que, tras el despertar de Roc, cada miembro del grupo hacía frente a su destino, separado de sus compañeros.

Quizá lo que menos me ha entusiasmado de la historia que nos han contado hasta ahora ha sido la conexión dada entre Roc y Toni o las apariciones que diversos personajes han realizado dentro del coma del más pequeño de los pulseras. Estos elementos han restado realismo a la ficción y han conseguido mostrar algo que no se correspondía con la esencia de ‘Pulseras rojas’. Por el contrario, algo que sí considero acertado ha sido la polémica muerte de Ignasi, un hecho ocurrido a mitad de la temporada, sin elementos que lo advirtieran de antemano, y que sirvió para afianzar más al grupo (“las pérdidas pueden ser ganancias”) y mostrar otra de las duras pruebas por las que puede pasar un niño obligado a vivir en un hospital debido a una enfermedad.

Con ganas de una segunda temporada

La emisión de la primera temporada de ‘Pulseras rojas’ en Antena 3 ha coincidido con el anuncio y la grabación de la segunda temporada para TV3, que al parecer se emitirá a principios del año que viene y que mostrará la continuación de la vida de los protagonistas durante la adolescencia. Es cierto que ‘Pulseras rojas’ podía terminar aquí, mostrándonos un reflejo de la vida de estos niños y dejándonos con un sentimiento muy parecido al cierre de ‘Verano azul’ (esa tristeza tras la separación de los amigos que se despiden con la incertidumbre de saber si volverán a reencontrarse en el futuro), pero en el caso de ‘Pulseras rojas’ las historias de los protagonistas aún tienen mucho que mostrar. Espero que Antena 3 siga apostando por ‘Pulseras rojas’ y que sobre todo reconozca sus errores y la dote de un mejor doblaje en el futuro.

En ¡Vaya tele! | ‘Pulseras rojas’, pequeños héroes cotidianos

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