'Supernatural' acabó bien, pero con claroscuros

Hace ya una semana que ‘Supernatural’ terminó su quinta temporada y os tengo que reconocer que me ha costado bastante comenzar esta crítica, ya que escribir sobre una quinta temporada con tantos altibajos de una serie de la que eres un auténtico fan, cuesta, y sobre todo después de ver el último capítulo cargado de emoción y atropellos por igual.

Quizás le ha pesado un poco a ‘Supernatural’ las palabras de su creador, Eric Kripke, diciendo que la trama de la serie estaba hecha para cinco temporadas, por lo que si añadimos a estas declaraciones la temática del apocalipsis desde el final de la pasada temporada, el peso de saber que tenía que acabar de alguna manera razonable, la ha llevado a ser demasiada precipitada. Pero no nos adelantemos y analicemos un poco esta temporada, cuidado con los spoilers que los hay por todos lados.

Para mí, la temporada comenzó realmente a interesarme cuando se supo que Sam y Dean eran los recipientes del Arcángel Miguel y de Lucifer, cuando supimos que los dos hermanos estaban destinados por sangre a enfrentarse sin remedio en una batalla que decidiría el destino del mundo. Atrás quedaban los monstruos, los espíritus, las muertes de seres queridos, los paseos y por el infierno, los demonios matados y la liberación de Lucifer, todo tenía que pasar para llegar al enfrentamiento final de la lucha entre el cielo y el infierno.

Apresurando que es gerundio

Y este destino es el que ha guiado toda la temporada, primero llevando a los hermanos a buscar una manera de matar al diablo y, al saber que no se podía eliminar de ninguna manera, tener que buscar a Dios en una primera instancia por la insistencia de Castiel, y encontrándose de rebote en los últimos capítulos, que pueden volver a encerrarlo en su celda gracias a los anillos de los jinetes.

Aquí es donde me ha cojeado un poco, y es que aunque puedo comprender la búsqueda de Dios, no llego a entender como deshecharon tan pronto ese hilo argumental, dejándolo únicamente para dos capítulos. Uno en el que se dan cuenta que no saben donde están, y otro en el que van a un cielo explicado de forma magistral pero que se quedó ahí, en un capítulo con una idea genial pero con una resolución más que simplona.

Y luego llegaron los jinetes del apocalipsis, unos personajes que podían dar muchísimo de sí pero que se quedaron únicamente en enfrentamientos insulsos que podían haber dado mucho de sí. Es que no se entiende como unos personajes que podrían tener una carisma y un protagonismo enorme, se quedan en un enfrentamiento contra los hermanos que acaba siempre con cortes de dedos y adquisiciones de anillos. Anillos que ¡oh sorpresa! días después descubren que sirven para encerrar a Lucifer de nuevo en su jaula ¿no está esto cogido con pinzas? Para mí esta solución final fue todo un atropello, rápida, sin sentido y sin un desarrollo suficiente que nos convenciera de que esa iba a ser la solución para el final del problema.

Capítulos fuera de lo normal

Pese a este desarrollo apresurado de la historia, esta quinta temporada nos ha regalado unos cuantos capítulos que son memorables. Tenemos por supuesto en primer lugar la season finale (de la que hablaré al final), y en los siguientes nos encontramos con grandes momentos como la muerte épica de Jo y Ellen, el chorrisodio ‘Changing Channels‘ del que se rieron de la televisión por todos los costados, y de esa convención de Supernatural, la cual a mí me pareció algo redundante, pero que merece la pena ser mencionada por su significado y su guiño, una vez más, a los fans.

En la parte negativa tenemos capítulos como en el que aparece su hermano, que pese a ser necesario para introducir un nuevo personaje, podían haber hecho algo más. Y otros que no se llevarían buena nota serían los viajes tanto al pasado como al futuro, la aparición del pueblo que lucha contra el apocalipsis por designio de los ángeles o el asqueroso My Bloody Valentine que fue una carnicería de relleno que me aburrió soberanamente.

Y llegó el episodio final

Y justo cuando alguno estaba perdiendo la paciencia por los altibajos de la serie, llegó el último capítulo. Cuando sonó Carry On, yo ya sabía que esto iba a ser épico y la verdad es que los cuarenta y dos minutos que duran el capítulo no decepcionaron para nada.

El estilo de narración con Chuck y el Impala como protagonistas fueron una idea sublime, hicieron que nos sumergiéramos en la historia del capítulo de una forma que no habíamos hecho antes y consiguieron que nos emocionáramos a medida que pasaban los minutos. El momento el que Sam le dice sí a Lucifer es impresionante, pero más aún es la conversación del propio demonio con Sam en el espejo, contándole que todo lo que ha habido en su vida fue para llevarle a ese momento, a Detroit, donde todo acaba.

Y justo cuando creíamos que íbamos a presenciar una batalla espectacular entre el bien y el mal, aparece Dean con el Impala, ese hilo narrador que no nos abandona en todo el capítulo, y la música a todo volumen para tratar de conseguir un imposible. Un imposible que se convierte en posible después de un par de muertes sin miramientos y una cara destrozada, pero este posible no es gracias a Dean, ni gracias a Sam, es gracias a los dos, gracias a la relación que han tenido durante toda su vida y que se ve reflejada en el Impala, es vida reflejada que ve Lucifer y que consigue que Sam recupere el control de su cuerpo y encierre a Lucifer en su celda otra vez.

¿Y después qué?

El Apocalipsis desapareció y la batalla final no tuvo lugar, pero algo en el diálogo de Miguel (It’s not gonna end this way, I have to fight my brother) nos dice que esto puede ser únicamente una pausa de algo inevitable, por muchos Castieles que vuelvan con poderes renovados, por muchos profetas que resulten ser Dios y por muchas vidas felices que acabe teniendo Dean. Y esto nos lo confirma el fotograma final, un Sam con cara de pocos amigos (bueno, es la cara que pone siempre Padalecki) viendo como su hermano ha tenido la vida que él siempre quiso.

¿Cómo continuará la serie? No se sabe a ciencia cierta por donde tirarán los guionistas, y aunque creo que no volverán con el tema de las luchas de ángeles y demonios, creo que me da igual lo que hagan, porque pese a que esta temporada no ha mejorado ni la cuarta ni la tercera, la serie ha dado tantas vueltas y nos ha sorprendido y encantado tantas veces que yo tengo confianza en ‘Supernatural’ y creo que venga lo que venga el año que viene, me va a gustar, con Kripke o sin él.

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