'Supernatural', divinamente genial


Cuando una serie que sigues religiosamente llega a su cuarta temporada, siempre tienes ese miedo de que la serie pegue un bajón de calidad, aún cuando no te ha dado razones para ello en ningún momento. Ese miedo lo tuve con ‘Supernatural‘, que pese a que temporada tras temporada nos sorprendía para mejor, temía que la historia dejara de ser interesante o que los guionista se fueran, como se dice normalmente, por los cerros de Úbeda.

Gracias a los dioses de Kobolo esto no fue así, y puedo decir sin temor a equivocarme que ‘Supernatural’ mejora temporada tras temporada. Y eso que lo tenían difícil, ya que después del final de la tercera temporada donde veíamos a Dean condenado en el infierno y a Sam cada vez más demoníaco, no sabíamos por donde iba a seguir la historia y que no nos pareciera que se habían sacado algo de la manga.

Y aunque al final se sacaron los ángeles de la manga, lo hicieron de una manera tan magistral que encajó perfectamente en todo el arco argumental en el que está la serie desde la tercera temporada. Y es que aunque algunos no se hubieran dado cuenta hasta hace poco, ‘Supernatural’ dejó de ser una serie procedimental con tintes sobrenaturales a ser una serie dramática con una historia de los pies a la cabeza. Y pese a que en esta temporada tuvimos un par de “monster of the week” (monstruo de la semana), la historia evolucionó constante y subiendo de calidad en interés a medida que pasaban los capítulos.

En esta cuarta temporada es necesario destacar la participación de los secundarios, desde el guiño a los fans con el profeta hasta la aparición de los ángeles con Castiel como máximo exponente. Este personaje ha sido uno de los mejores añadidos de esta cuarta temporada, su evolución a lo largo de los capítulos fue muy interesante, ese comportamiento de obediencia hacia Dios, esa apertura de ojos ante el plan divino que no le gustaba o ese capítulo donde conocimos a la persona que era antes de ser poseído por el propio ángel, que para mi fue uno de los mejores.

Y qué decir también de la evolución de la relación entre hermanos, para mí ha sido con el arco argumental principal, lo mejor de este año. El distanciamiento que habíamos comenzado a ver entre Sam y Dean se acentuó esta temporada, ya que los hermanos se dividieron en dos, con Dean escogiendo el lado de los ángeles, y Sam yendo por el lado demoníaco al caer en la trampa de Ruby. Trampa en la que cayó también Dean, ya que pese a creer estar sirviendo al bando adecuado, no era así y se dio cuenta al mismo tiempo que Sam, con ese final de temporada donde vemos que Lucifer liberado gracias a los hermanos.

En el lado negativo, este tamporada ha tenido un par de bajones. El primero han sido los chorrisodios, que pese a que fueron bastante entretenidos, no tuvieron la calidad de los anteriores. Y el segundo fue el arco argumental de Anna, ese ángel caído que no sirvió para más que introducirnos a los ángeles, ya que aunque apareció a lo largo de toda la temporada, se la cargaron sin razón y sin haber jugado un papel que en principio parecía más importante.

Pese a estos dos pequeños puntos negativos, se puede decir que esta cuarta temporada ha sido inmejorable. Nos llevaron por donde quisieron manteniendo la tensión y el interés por la historia, y eso haciendo evolucionar la serie a algo bastante diferente a lo que nos tenían acostumbrados. Ahora habrá que ver que hacen con la quinta temporada, ya que aunque veo difícil que mejoren, después de esta cuarta, ya me espero cualquier cosa.

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