El final de 'The Flash' culmina una sobresaliente temporada con cierres y promesas

El último episodio de ‘The Flash’ ha sido un punto y aparte que confirma la serie en su año de estreno como una de las más entretenidas de la temporada. No sólo eso. Gracias al estupendo equilibrio entre la evolución emocional de los personajes, el esquema conclusivo del metahumano de la semana, una acción que luce con muy poco y una trama seriada que avanzaba a buen paso, 'The Flash' ha ido convirtiéndose en una serie notable, mejorando a cada episodio. Y su tono tiene mucho que ver en ello.

Si hay algo que agradezco de ‘The Flash’ es que no se deje llevar por el fatalismo que reina en la mayoría de historias que son adaptadas estos días por DC, empezando por su prima ‘Arrow’. Aunque Barry Allen y compañía sufren reveses que provocarían depresiones a los vigilantes de Starling City, éstos no se tratan sobre el papel como una tortura sino como una efectiva herramienta de explotar la parte más emotiva de los personajes y sus relaciones. Los personajes son conscientes de lo excepcional de sus vidas pero se lo toman como algo apasionante en lugar de trágico.

‘The Flash’ se postuló ya desde sus primeros episodios como entretenimiento de calidad. Durante la primera mitad de la temporada hemos sido testigos de cómo el equipo de S.T.A.R Labs atrapaba metahumanos y los encerraba en una cárcel un pelinquín infrahumana. Aunque los conflictos emocionales han sido siempre base de sus personajes (la madre de Barry, el prometido de Caitlin…), por entonces los episodios estaban más enfocados en la conciliación de Allen con sus poderes (y lo que conllevaban) y en la construcción de la dinámica y la confianza en el equipo liderado por no-Wells (para después destruirla).

Un vistazo a…
ENFOQUE PROFUNDO Y LENTES PARTIDAS

Ligero no significa vacío

Poco a poco las relaciones han ido tomando cuerpo, madurando a la vez que lo hacía Barry (madurez que han reflejado incluso en lo físico; aunque sus rasgos amables sigan ahí, su mirada -ergo maquillaje y vestuario- ha cambiado mucho a lo largo de los 23 episodios). Justo antes de irse de vacaciones de navidad, la serie plantó la trama que ha protagonizado la segunda tanda de episodios: el hombre de amarillo, el Flash Reverso.

Y es que Greg move-your-head Berlanti y compañía lo han hecho extremadamente bien. Se tomaron su tiempo en hacernos partícipes de las dificultades de Barry para armonizar todos los aspectos de su vida, y haciendo pilares (para él, y por tanto para nosotros) del resto de personajes. Para cuando llega todo el asunto de Eobard Thawne, los viajes en el tiempo y otras arenas movedizas, estamos vendidos.

La verdad sobre el Doctor Wells se ha ido desvelando poco a poco, y desde el principio sufríamos viendo a Barry confiar ciegamente en ese tipo que sabíamos no era trigo limpio. Esa relación que establece una conexión con el espectador se ha ido manteniendo de forma muy hábil; cuando Barry empezó a desconfiar, esa anticipación pasó a manos de otros peronajes. Mientras Barry confiaba sus dudas a su padre adoptivo, la revelación de la traición aún tenía que llegarles a dos personajes que la sufrirían aún más, Cisco y Caitlin. Y sobre estos conflictos construyeron varios episodios.

Un final…. Y un principio

El clímax emocional de todas estas traiciones, de los intereses, de los deseos y de aquellas tragedias que movían a héroes y villanos en Central City explotan en el fantástico último episodio, que culmina con sensibilidad todo ese cosmos de relaciones. Especialmente emotivas son las charlas de un Barry perdido y muerto de miedo con sus tres padres. Aunque su padre biológico, Henry, siempre haya estado presente como motivación para el velocista escarlata, su relación con Joe, el adoptivo, su confidente y ancla al mundo real, ha sido especial desde el principio.

Y decía tres padres porque en cierto modo Thawne lo ha sido para Barry. Ha sido mentor, inspiración y una figura paternal cuando Joe aún no conocía su secreto. De pigmalión a enemigo. Adversario que a gran escala guarda un odio atemporal por el protagonista pero a nivel personal le confiesa sentir orgullo. Y es con esto cuando culminan todos los dilemas con los que ha cargado Barry: sus propios deseos, el miedo de Joe, la negativa de Cisco, el orgullo de Henry, el futuro Flash (detallazo que sea él mismo quien le haga ver que no merece la pena arriesgar lo que tiene) y la madre, motor principal de Barry, de la que por fin ha conseguido despedir y cerrar el gran trauma de su vida.

Cuando introdujeron viajes en el tiempo me temblaron un poco las rodillas; es difícil manejar tramas en una mitología donde se permiten los saltos temporales. Es difícil no traicionar la idea de tiempo con la que decidas jugar. Y aunque el desenlace de la temporada -el sacrificio de Eddie- entraña ciertas paradojas o incoherencias, el hecho de que el foco del capítulo esté en este cosmos emocional y no en los giros hace mucho bien.

Este final da cierre a la gran trama horizontal de la temporada –la muerte de la madre de Barry -, subraya el punto al que ha llegado cada uno de sus personajes (incluso aunque implique hacer una boda express) y, a la vez, funciona en cierto modo como el piloto, con la explosión del acelerador de partículas aquí sustituida por un agujero negro que a saber qué efecto tiene sobre la historia, los personajes, los metahumanos y todo en general, especialmente considerando que Tom Cavanagh (Thawne) vuelve la próxima temporada.

El universo DC, ¿ventaja o inconveniente?

Mentiría si dijese que no disfruto de los crossovers entre ‘Arrow’ y ‘The Flash’. La colaboración entre ambos equipos es lógica, está bien llevada, favorece a la frescura de los episodios -y ha evitado que abandone del todo las intensas aventuras de Oliver Queen. Felicity encaja a la perfección en el buen rollo de Central City y el tono positivo de Barry y compañía hacen bien a los emos de Starling City. Sin embargo, ha quedado patente que el deseo de fortalecer el universo estaba por encima de algunos elementos del contenido.

Quiero decir, todos tomamos decisiones estúpidas alguna vez, pero a veces la panda S.T.A.R. Labs merece los palos que recibe. Después de todo lo que han hecho durante toda la serie, ¿cómo apoyan a Barry en su decisión de viaje temporal con los peligros que entraña, incluyendo la liberación de Wells? Pero vale, acepto que mantengan a Iris apartada o que la seguridad del laboratorio sea risible, pero ¿acudir a Leonad Snart para mover a los metahumanos? Eso dejó patente que últimas intervenciones del Captain Cold, las idas y venidas de Ronnie y la oreja izquierda de Victor Garber o algunas apariciones de la gente de Arrow servían más a propósitos mercadotécnicos.

El hombre más rápido

Otro de los aspectos más admirables es la solvencia con la que han manejado el reto visual que supone contar con Flash como protagonista. Las cámaras lentas, los códigos de colores, el rayo pululando por la ciudad o las ventiscas repentinas servían como base simple al despliegue de imaginación del que hacían gala. Las restricciones en el presupuesto son patentes, pero constantemente logran sorprender con ideas, puestas en escena o códigos visuales que sortean esas limitaciones y dan aún más empaque.

Quería dejar para el final el comentario sobre Grant Gustin y el resto del reparto. Gustin es, en mi opinión, el gran acierto de la serie. Interpreta a Barry con tanta naturalidad y tanta verdad que lo hace todo por el personaje y por la conexión con el espectador; consigue inyectar a Flash amabilidad y bondad, pero también fortaleza y capacidad. Siempre está a la altura en secuencias más exigentes y hace mejor a los actores que le rodean en cada momento.

El resto del reparto funciona. Tom Cavanagh es perfecto como villano enigmático; su impasibilidad facial sirve muy bien a esos momentos de confesión –cuando dice de sentir a Cisco como un hijo u orgullo por Barry-. Carlos Valdes le da mucho encanto a un personaje difícil -porque podría resultar un ridículo cliché- como Cisco.

Quizá lo peor está en los West. Candice Paton (Iris) puede ser muy intensa y Jesse L. Martin (Joe) y Rick cabra-mirando-a-trenes-pasar Cosnett (Eddie) han de dar gracias a lo bien que están dibujados sus personajes, porque son bastante insípidos. Sobre todo me da pena Eddie, un personaje interesante cuya ausencia total de maldad resulta llamativa pero que enmudece por la interpretación de Cosnett.

Por cierto, un apunte. Ese gorro alado de Jay Garrick (el primer Flash de los comics) que atraviesa el agujero negro puede ser la confirmación definitiva de la entrada de los multiversos en la mitología de ‘The Flash’.

En conclusión, ‘The Flash’ nos ha ofrecido 23 episodios de puro entretenimiento, sin dejarse llevar por el dramatismo,

pero nunca olvidándose de sus personajes y haciendo gala de un arco de transformación muy atrayente en su personaje clave. Ese final abre las posibilidades para dar un buen meneo a la situación de Central City, los metahumanos, la línea temporal y nuestros protagonistas. Sea como sea, personalmente no puedo esperar a ver qué nos plantean para la segunda temporada.

En ¡Vaya Tele! | Pasas más hambre que un metahumano de 'The Flash' (o la ley de eficiencia narrativa)

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