Un primer vistazo a Mad Men

El verano pertenece, en EE.UU., a los canales por cable. Las televisiones generalistas en abierto dedican la temporada a los reality shows y a las repeticiones, así que el cable aprovecha para estrenar sus series. Desde hace un par de años, además, la HBO ya no tiene la exclusiva de estos programas con grandes guiones, producciones muy cuidadas y repartos estupendos, y todas las cadenas quieren probar suerte en este campo. Así que, este verano, la televisión estadounidense se ha visto inundada por una avalancha de estrenos pugnando por ocupar el trono que dejaron vacío Los Soprano. Y precisamente un antiguo guionista de esa serie, Matthew Weiner, es el creador de la revelación estival de este año, Mad Men.

La serie está ambientada en el sector publicitario de Nueva York a principios de la década de 1960, y sigue a los ejecutivos que trabajaban en ese mundo, que vivía su época de esplendor en EE.UU. Todo era susceptible de ser anunciado y prácticamente valía cualquier cosa para hacerlo, siempre que fuera algo creativo y original. La reconstrucción de ese mundo es fascinante, empezando por la fotografía y la ambientación, pasada por el "filtro" del humo de los cigarrillos que todos los personajes fuman sin parar.

Tiene el aspecto de de aquellas películas de Doris Day y Rock Hudson pero, lógicamente, poco más guarda en común con ellas, aparte de que los personajes masculinos se dedican a vivir la vida y son mucho más claros los prejuicios y discriminaciones de una sociedad aparentemente feliz. El que ocupa el centro de Mad Men es Don Draper, un publicitario considerado el mejor en su trabajo, y que es todo un misterio más allá de ese aspecto. Mientras vemos como sus compañeros más jóvenes aprovechan a tope ser "los mejores publicistas del mundo" (como ellos mismos se autodenominan), Draper se mantiene aparte, como si, en realidad, él no perteneciera no ya a ese mundo, si no a ninguno.

Mad Men ha "robado" limpiamente el puesto que parecía destinado, a priori, a producciones con repartos estelares, como Damages (con Glenn Close), Saving Grace (con Holly Hunter) o Californication (con David Duchovny), y sorprende aún más por estar en AMC, un canal temático de cine, lo que viene a confirmar la fuerte apuesta de las cadenas por cable por la ficción de calidad.

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