
Más de tres décadas después del estreno de la película, el actor de Doc Brown ha revelado una espina clavada del rodaje que todavía le acompaña.
Hay decisiones que parecen sensatas en el momento, pero que siguen dando vueltas en la cabeza décadas después. Christopher Lloyd tiene un recuerdo muy concreto de su paso por el rodaje de 'Regreso al futuro III' que todavía le provoca cierta frustración. El intérprete, que dio vida al inolvidable Doc Brown en la trilogía de ciencia ficción, ha revelado que se arrepiente de no haber realizado una de las acrobacias más arriesgadas de la película. Una decisión prudente que, con el paso de los años, sigue rondándole la cabeza.
La anécdota aparece en 'In My Own Time', las memorias del actor en las que repasa diferentes momentos de su carrera. Entre ellos destaca una secuencia de la tercera entrega de la saga en la que Doc Brown cabalga junto a un tren de vapor a toda velocidad. Su objetivo es alcanzar el convoy que debe ayudar a Marty McFly, interpretado por Michael J. Fox, a regresar al presente junto al DeLorean.
Ambientada en el Oeste de 1885, 'Regreso al futuro III' llevó a sus protagonistas a un escenario muy diferente al de las anteriores películas. La aventura exigió a Lloyd pasar bastante tiempo a caballo, aunque las maniobras más peligrosas quedaron en manos de especialistas.
Una de ellas consistía en que Doc Brown se acercara al último vagón del tren hasta alcanzar una de sus agarraderas y subir a bordo. Sin embargo, las instrucciones para el actor fueron tajantes: debía aproximarse al convoy, pero no intentar agarrarse a él ni saltar desde el caballo.
"Me dijeron claramente que no agarrara esa manija bajo ningún concepto, que no lo intentara ni tratara de impulsarme desde el caballo hasta el tren", recuerda Lloyd en sus memorias.
El plan era sencillo: el actor debía galopar junto al vagón hasta quedar prácticamente pegado a él. En ese momento, se detendría la acción y los especialistas asumirían el control para completar la maniobra. Lloyd comprendía que ejecutar él mismo el salto suponía "demasiado riesgo", tanto para su integridad física como para la producción.
Cuando llegó el momento de rodar la secuencia, Lloyd comprobó que acercarse al tren a caballo no le resultaba especialmente complicado. La proximidad del convoy y la velocidad a la que avanzaba hicieron que se planteara desafiar las instrucciones recibidas.
"El tren pasaba a una velocidad tremenda y yo estaba tan cerca que podía sentir el silbido del aire mientras avanzaba a mi lado. Estaba a mi alcance. Y pensé: puedo hacerlo", relata.
El actor reconoce que estuvo cerca de poner en peligro toda la secuencia al dejarse llevar por el impulso. Finalmente, no lo hizo y permitió que los especialistas ejecutaran la parte más delicada. Una decisión sensata, aunque no ha conseguido eliminar del todo la duda sobre qué habría ocurrido si hubiese dado el paso.
"¿Quién sabe qué habría pasado después? Pero cada vez que veo la película y llego a esa escena, sigo sintiendo una punzada en el corazón: debería haberlo hecho", admite.
La confesión no significa que Lloyd esté convencido de que la maniobra habría salido bien. Más bien refleja esa clase de arrepentimiento que aparece al mirar atrás y pensar en una oportunidad que, por prudencia, decidió dejar pasar.
Su película favorita de toda la trilogía
Pese a esa espina clavada, el recuerdo del rodaje no parece haber empañado su cariño por la tercera aventura de Marty y Doc. De hecho, Lloyd tiene bastante clara su entrega favorita de la saga, una elección que quizá sorprenda a quienes sitúan la película original por encima de las secuelas.
"La gente me pregunta constantemente cuál de las películas de 'Regreso al futuro' me gusta más, y tengo que decir que es la tercera", asegura.
Estrenada en 1990, 'Regreso al futuro III' cerró la trilogía dirigida por Robert Zemeckis con un viaje al Salvaje Oeste, caballos y locomotoras de vapor en lugar de los habituales desplazamientos temporales en coche. Más de tres décadas después, la película sigue ocupando un lugar especial para Lloyd.
Y aunque el actor nunca llegó a saltar desde su caballo al tren, hay algo que permanece intacto: la sensación de que, durante unos segundos, estuvo a punto de hacerlo. Una pequeña espina personal que no le impide considerar aquella aventura su favorita de las tres.
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