Ciencia-ficción: 'Starman', de John Carpenter

De no ser por la existencia de 'La cosa' ('The Thing', John Carpenter, 1982), servidor no tendría ninguna duda al apuntar que lo mejor que John Carpenter ha rodado desde que comenzara su trayectoria allá por mediados de los setenta es esta 'Starman' (id, 1984) que ocupa hoy el ciclo de ciencia-ficción. Quizás habría que añadir a dicha afirmación el pequeño matiz de que a muy pocas micras de distancia por detrás de este soberbio ejemplo de las capacidades del artista se situaría 'En la boca del miedo' ('In the Mouth of Madness', 1994), alucinante y perturbador acercamiento del cineasta al universo Lovecraft.

Pero no nos desviemos y quedémonos con el hecho de que, dos años después de rodar el remake de la cinta producida —y casi dirigida, como ya comentamos en su momento— por Howard Hawks, Carpenter se descolgaba aquí con la que sin lugar a dudas es la producción más atípica de su carrera. Una propuesta que se sustenta en un esqueleto de road-movie, se caracteriza desde su premisa mediante argumentos del género en el que más abundó el director antes de "retirarse" y bajo la que palpita desaforada una bellísima historia de amor única en la veintena de títulos que el artista estadounidense ha firmado hasta la fecha.

Dominio de formas

John Carpenter nunca ha ocultado su gran pasión por el western y el fundamental hecho que supuso en su futura profesión el descubrimiento del género siendo pequeño a través de esos dos grandes que fueron Hawks y John Ford. No es de extrañar pues que, tras un arranque que es todo un dechado de concisión narrativa —atención a la precisa forma en la que se nos presenta al personaje de una muy ajustada Karen Allen—, el director plasme el viaje de ésta y Jeff Bridges a través de las carreteras y paisajes de Estados Unidos aprovechando al máximo el formato panorámico.

La belleza compositiva de muchos de los planos que Carpenter nos ofrece aquí supera con holgura a lo que podemos ver en cualquier otro título de su trayectoria y lo que ello afirma acerca del cineasta es que, unida a la citada 'La cosa' —en la que también daba lecciones de todo tipo—, nos encontramos aquí ante la cinta que de forma más categórica establece las cotas a las que se acercó el responsable de 'La noche de Halloween' ('Halloween', 1979) en el cenit de una filmografía que, tras este dúo sin par, todavía nos ofrecería varias producciones para quitarse el sombrero.

Pero 'Starman' no sólo es única por cómo plasma en pantalla el director un relato que guarda nada casual parecido -un ente extraterrestre que aterriza por accidente en la Tierra y que quiere volver con los suyos- con cierta producción mega taquillera firmada por Steven Spielberg que se desarrolló casi a la par que ésta y vio la luz antes de por azarosas circunstancias. No. Lo que también hace de 'Starman' hito singular en la trayectoria de Carpenter es el ritmo que el director usa para narrar la historia y el que, gracias a su insistencia, esta perdiera por el camino muchos anejos hasta quedarse en la trágica historia de amor entre Allen y Bridges.

Poseedora de un avanzar lento, que deja respirar a lo más importante del filme -sus personajes- y que permite en ese esfuerzo que ambos se desarrollen en términos de credibilidad plena, 'Starman' consigue gracias a la espléndida combinación de ambos factores llegar a tocar con una facilidad pasmosa el corazón del espectador; y hay dos momentos que sirven como ejemplo pleno de lo mucho que Carpenter hace descansar la efectividad de lo que plantea tanto en la soberbia labor de sus actores como en lo pausado del metraje.

El primero de ellos, y el que muchos señalarían como el de mayor carga poética de la producción, es aquél en el que el extraterrestre encarnado por Bridges resucita a un ciervo, muerto por la mano y el rifle de un desagradable cazador. Sin diálogos y con el refuerzo de la soberbia música de Jack Nitzsche —volveremos sobre él en el siguiente párrafo— la maestría de Carpenter para mostrar la honda emoción que provoca en Jenny ver cómo vuelve a la vida tan bello animal sólo es comparable con el sentimiento que nos invade a los que estamos a este lado de la pantalla.

Y si de sentimientos hay que hablar, no cabe duda que con el clímax de la cinta Carpenter se descubre como un habílisimo maestro en el manejo de las emociones del público, llevando a éste hasta la lágrima viva gracias a la honestidad y certeza con la que rueda la despedida entre los protagonistas. Una despedida que queda rubricada por la belleza sin par del corte compuesto para la ocasión por Nitzsche, músico elegido personalmente por el cineasta para que lo sustituyera en tales lides y que, aún a pesar de cargar todo el peso de la partitura en texturas electrónicas algo simples, consigue trasladar la sin par épica del momento gracias a ese genial motivo de seis notas.

'Starman', Jeff Bridges no era de este planeta

Seis notas que, con determinada presencia a lo largo de las dos horas de duración de la cinta, cobran inusitado protagonismo no sólo en el citado final, sino en una de las escenas que mejor expone tanto la dualidad del discurso de fondo de la cinta —una dualidad que se debate entre la descarnada crítica hacia la fragilidad del ser humano y lo precioso y único de nuestra existencia—, como que pocos actores hubieran podido hacerse cargo con mayor fuerza y precisión del papel que el Jeff Bridges que aquí vemos.

Dicha escena, una "pequeña" conversación entre Allen y Bridges acerca del planeta de origen del segundo, muestra a un intérprete de una madurez asombrosa capaz de dar vida a un ser que es niño y adulto al mismo tiempo, mezclando en un rostro que es un dechado de expresividad y realismo la inocencia propia del primero y la sabiduría que se asociaría al segundo. Haciendo fácil lo imposible, Bridges condensa en su mirada y sus gestos toda la carga de profundidad que Carpenter, ataviado de una sublime humildad, lanza contra el espectador en un filme incómodo, que huye del happy ending y que, no cabe duda, es uno de los hitos fundamentales de la historia del cine de ciencia-ficción.

P.D: os dejo aquí un par de videos con el tema final del filme en su versión original y en un arreglo sinfónico espectacular realizado por el no siempre valorado Nic Raine:

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