Ciencia-ficción: 'The machine', de Caradog W. James

Comentaba el viernes pasado en la entrada correspondiente a los estrenos de la semana que, en términos generales, y sin querer entrar en disquisiciones más profundas, la ciencia-ficción cinematográfica que se rueda en el viejo mundo casi siempre ha tendido a intentar ofrecer aquello que cuesta más encontrar en la que nos llega desde el otro lado del charco, sobre todo en unos últimos tiempos en los que las producciones del género salidas de la fábrica Hollywoodiense se han interesado más —de nuevo, en términos generales— por epatar al espectador con sus efectos digitales que por suscitar la reflexión derivada de sus planteamientos.

Es por este motivo que cualquier título de ciencia-ficción que tenga sello europeo tiene siempre un atractivo añadido a priori en lo que servidor respecta. Atractivo que desafortunadamente, en el caso que hoy nos ocupa, no llega a cristalizar en un valoración positiva, y poco o nada novedoso deja al amante del género esta 'The Machine' (id, Caradog W. James, 2013), una producción rodada con un ínfimo presupuesto de menos de un millón de libras que se conformaba sobre el papel como una nueva vuelta de tuerca hacia el mundo de las inteligencias artificiales.

Pero claro está, una cosa es lo que un filme parece que va a ofrecer y otra muy diferente lo que termina ofreciendo cuando uno ha de atender a todo aquello que comporta una producción del séptimo arte en términos de guión, dirección, interpretaciones, diseño de producción, fotografía, música y, por qué no, efectos visuales. Aspectos la mayoría de ellos en los que el nivel que podemos encontrar en este filme británico raya en lo mediocre y que convierten a este relato semi-futurista en un constante "quiero y no puedo" que no sabe como aprovechar el moderado potencial de su premisa de partida.

'The Machine', mediocre

Tras un comienzo medianamente prometedor, en el que 'The Machine' introduce a uno de sus dos protagonistas, un científico obsesionado con lograr la perfecta inteligencia artificial que le sirva para curar a su hija —aquejada de una enfermedad cerebral—, la cinta, cuya acción transcurre de forma casi exclusiva en el complejo militar en el que se desarrollan los experimentos del personaje interpretado por un poco convincente Toby Stephens, centra su atención primero en la breve relación profesional que éste establece con la brillante programadora encarnada por Caity Lotz.

Ésta —acaso lo mejor del filme—, a la que hemos podido ver en la segunda temporada de la cada vez más sorprendente 'Arrow', será también la encargada de dar vida al clon humano desarrollado por Stephens, una réplica destinada a servir como arma contra la guerra fría que occidente mantiene con China. Y por más atractivo que pueda parecer lo que acabo de describir, la parquedad e insustancialidad con la que el libreto de James trata todo el conjunto terminan por arruinar las posibilidades a las que éste pudiera haber aspirado, y la cinta transita durante sus 92 minutos sin ahondar en ninguno de sus planteamientos.

Careciendo pues de reflexiones sobre la clonación, los avances en el desarrollo de la inteligencia artificial o lo que ésta podrá suponer para el futuro de la humanidad, 'The Machine' vuelca sus esfuerzos en hilvanar secuencias cuyo reducido atractivo visual, resultado de una dirección escueta y de la arquetípica sobriedad de su diseño de producción, no sirve para tapar lo episódico del devenir de una acción en la que todo parece suceder sin solución de continuidad, y ningún motivo puede encontrarse en última instancia que justifique la recomendación del filme más allá de la mera curiosidad de los muy aficionados a la ciencia-ficción.

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