Cine en el salón: 'Amiga mortal', Frankenstein del microchip

Aunque después de lo mucho que se ha insistido desde cine en el salón —y otros especiales de los que llevo para adelante— cada vez va quedando menos que revisar de esa maravillosa década que fue para el séptimo arte la de los años ochenta, son considerables los títulos que todavía tendrán que pasar por este espacio de Blogdecine antes de que podamos dejar atrás esos dos lustros que vieron crecer a muchos de nosotros como cinéfilos y pasemos a los dos que los sucedieron. Ahora bien, como creo haber apuntado alguna vez, que nadie se lleve a engaño creyendo que TODO lo que salió de los ochenta —moviéndonos en el ámbito de la serie A— venía coronado con gloriosos laureles.

Y sin ir más lejos, ahí tenemos como ejemplo el título que os proponemos hoy, esta 'Amiga mortal' ('Deadly Friend', Wes Craven, 1986), primer filme de Wes Craven tras el inmenso éxito que cosechaba el cineasta estadounidense dos años antes con la primera entrega de la saga de Freddy Krueger, y uno de esos títulos sobre los que interesaría mucho más hablar de lo que rodeó a su malograda producción que acerca de lo que finalmente terminó estrenándose en cines; ya que ésto último fue un filme pésimo al que se le notan, y de qué manera, las infinitas injerencias que sufrió.

La 'Amiga mortal' que podía haber sido y no fue

El miedo no proviene de ella, sino de la gente ordinaria que es mucho más terrorífica. Un padre que pega a su hija es una figura horrorosa. Esa es la persona a la que debes tener miedo en el filme. La idea se mueve alrededor de que un adulto puede ser horrible sin salirse de aquello que la sociedad establece como aceptable.

Cargado de escenas que uno podría asociar con el toque que Craven había dado a sus producciones hasta entonces —esto es, de gran truculencia y nivel hemoglobínico— sorprende saber que la intención inicial del cineasta y de Bruce Joel Rubin, su guionista, era haber puesto en pie un filme calificado PG —Parental Guidance, o sea, para chavales acompañados por sus padres— que hubiera orbitado en torno al thriller de ciencia-ficción con tintes sobrenaturales y mantenido la atención en la oscura historia de amor entre los dos protagonistas mientras incidía en esos monstruos que son los adultos que los rodean.

Primer filme que Craven rodaba amparado bajo la atenta mirada de un gran estudio —Warner Bros.— esa fue la versión que el director filmó basándose en un libreto que como tantos otros de Rubin tocaba la obsesión del guionista por la vida más allá de la muerte; y esa la que los responsables de la productora mostraron en un primer pase a un grupo que, en esencia, estaba formado por fans del puñado de títulos que el responsable de 'Las colinas tienen ojos' ('The Hill Have Eyes', 1977) había firmado desde que iniciara su trayectoria a principios de la década anterior.

El resultado de dicho pase no pudo ser más contraproducente para con los intereses de Craven y Rubin, y el rechazo de pleno por parte de la audiencia convocada de una propuesta que no hacía gala de las señas de identidad que caracterizaban la filmografía del director provocaba una reacción inmediata de la Warner: había que rehacer la película si se quería "garantizar" su éxito. Una decisión que, de forma inmediata, se tradujo en la petición a Rubin de la escritura de seis escenas adicionales a cada cual más sanguinolenta.

Dichas escenas, lo mucho que hubo que volver a rodar y la fuerte tarea de re-edición que se hizo sobre el material original toda vez la cinta entró en fase de post-producción, terminó alterando drásticamente el enorme trabajo que Craven y Rubin habían vertido en hacer del filme una historia profunda y con corazón acerca del amor entre dos adolescentes y la negativa de uno de ellos de dejar que la muerte los separe —de hecho, Rubin recordaba que la primera persona que leyó el guión, la vicepresidenta de Warner, le llamó una mañana para decirle que el libreto le había hecho llorar.

Poco o nada de ésto quedó finalmente en un título que, debido a las muy equivocadas decisiones que los veinte productores que Craven afirma que tenía encima, terminó alejándose por completo del carácter afable de filme juvenil típico de la década y se acercó a un monstruo de Frankenstein muy mal ensamblado del que uno sólo sacaba tres claras impresiones: que Crave no sabía hacer otra cosa que repetirse; que vaya si era bestia la escena con la pelota de baloncesto y que alguien tendría que haberle dicho a Kristy Swanson que se dedicara a otra cosa que no fuera actuar.

'Amiga mortal', (casi) infumable

A la luz de todo lo comentado en la sección anterior, queda claro que hubiera sido un auténtico milagro que 'Amiga mortal' escapara del infierno en el que terminan sumidos sus 91 minutos de duración. Un infierno que, como afirmaba en el párrafo precedente, logra que la percepción que tuvimos entonces y que tenemos ahora con mucha más intensidad es la de un filme que arrastra graves problemas desde casi si arranque, que luce un guión terrible con diálogos que rayan lo lamentable y que, por mano de esas escenas metidas con calzador, ostenta una personalidad bipolar que le sienta cual puntapié en las gónadas.

Aislándonos por un momento del hecho de que la cinta se parezca a lo que Craven pretendía como la noche al día, y valorando de forma estricta lo que podemos ver en pantalla, cabría señalar como uno de los puntos más estridentes de la producción a su actriz protagonista, una joven de dieciséis años que se estrenaba aquí en las lides interpretativas y que, toda vez ha sido resucitada por ese genio que es su enamorado vecino, incurre en provocar la vergüenza ajena en cada una de sus apariciones hasta tal punto de sacar por completo al espectador de lo que la cinta propone.

Acompañada la futura Buffy cinematográfica por un reparto que no es que se aleje mucho de los cenagosos terrenos que ella pisa —atención especial merece Richard Marcus, el padre cinematográfico de la actriz— y convertida la cinta por mano de lo ridículo que es esa Novia de Frankenstein en una comedia no pretendida, creo no obstante que por mucho que el filme sea un pufo de aquí te espero —que lo es, y de qué manera—, valorarlo por aquello que se proyectó en salas hace treinta años es, en última instancia, muy injusto cuando sabemos que casi nada tiene que ver con lo que debería haber sido.

Con su 0% en Rotten Tomatoes y unos ocho millones de recaudación que no llegaron siquiera a cubrir los once de inversión, que 'Amiga mortal' se considere uno de los puntos más oscuros en la filmografía de Wes Craven es algo lógico. Que sería deseable poder tener acceso algún día a un "montaje del director" que rescatara el espíritu de la idea original de director y guionista y perdiera, entre otras cosas, ese horrendo final impuesto por Mark Canton; algo por lo que ya se han movido legiones de esos internautas que, como servidor, consideran hoy que esta malograda producción hubiera merecido una mejor suerte.

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