Cine en el salón. 'Arthur Christmas: operación regalo', magia navideña

Con la indiscutible hegemonía de la Pixar dominando desde hace casi cuatro lustros, los amantes del cine de animación para los que una ración al año de genio cinematográfico no era suficiente, siempre hemos buscado más opciones con las que llenar nuestras ansias de películas de "dibujitos"; unas ansias que han ido cubriéndose bien con ciertos proyectos de Dreamworks —y no hace falta que diga cuáles son, todos sabemos lo mejor que la productora ha sido capaz de estrenar en los últimos años—, bien con lo que Ghibli sigue haciéndonos llegar año tras año, bien con las propuestas que han llegado, ya en animación digital, ya en su perfeccionadísimo stop-motion, de mano de la genial Aardman.

Los responsables de haber convertido a Nina Simone en una adorable gatita, de hacer disertar con suma elocuencia sobre la vida y la muerte a los animales de un particular zoológico, de conseguir que las gallinas de una granja se revelaran contra su cruel destino, de las mil y una aventuras de un singular inventor y su perro o del hilarante viaje de una rata de sociedad a las alcantarillas de Londres nos traían hace un par de Navidades 'Arthur Christmas: operación regalo' ('Arthur Christmas', Sarah Smith & Barry Cook, 2011), un filme en el que la productora británica volvía a demostrar que en el mundillo de la animación, la imaginación lo es todo.

Muchas han sido las producciones que, a lo largo de los años, han incidido en historias en las que había que salvar las fiestas navideñas de un inminente desastre, ya estuviera éste provocado por el esquelético rey de Halloween, por los nefastos deseos de una desagradable criatura verde quiere acabar con ella o por la jubilación anticipada de Santa Claus. Jugando con esta idea, 'Arthur Christmas' innova sobre el saturado tejido de las historias acerca de las fiestas que ponen fin al año haciendo que los Claus sean una saga familiar en la que el puesto del encargado de repartir regalos e ilusión a los niños va pasando de padres a hijos.

La originalidad que ello aporta a la cinta desde el comienzo se ve alimentada cuando el soberbio arranque de la historia nos muestra cómo el avance de la tecnología ha influido en los modos de operar de Santa Claus: ya no con un trineo sino con una vasta nave capaz de ocultar un pueblo entero, Papa Noel cuenta con la ayuda de un nutridísimo grupo de elfos que cada 24 de diciembre por la noche se ocupan de dejar los regalos en cuestión de segundos en las casas de los niños alrededor del mundo.

Visualizada con un ritmo que parece sacado de cualquier entrega de 007 o 'Misión imposible' ('Mission impossible', Brian de Palma, 1996), el comienzo de 'Arthur Christmas' da paso a la presentación del protagonista principal de la acción: el hijo adolescente del Santa Claus actual, un soñador irredento que, ante todo, nunca ha dejado de creer en la magia de la Navidad y en el trabajo que hace su padre. Opuesto a él en todos los sentidos, su hermano mayor, director del sofisticado y aparentemente infalible operativo que reparte los regalos por el mundo y que tiene mucho que aprender acerca del verdadero espíritu de las fiestas.

Completado el "reparto" con el despistado y bonachón Santa Claus actual, su eficientísima esposa, su anciano y alocado padre y una irritante aunque carismática elfa, lo que 'Arthur Christmas' ofrece a quien se acerque a ella es un entretenimiento de primer orden que no da descanso al espectador, llevándolo por una montaña rusa de paseos en trineo por todo el mundo mientras Arthur, su abuelo y la citada elfa intentar entregar un regalo que, por error, se ha quedado olvidado en el Polo Norte.

Mezclando grandes dosis de humor con unos personajes a los que se les coge cariño en seguida, donde la cinta encuentra sin embargo su más sólida apuesta es en el candor y la magia con la que se trata la historia en todas sus vertientes; una historia que resulta emotiva cuando así lo requiere y que, en general, consigue lo que siempre hemos alabado de las películas de la Pixar, llegar a los pequeños sin dejar de lado a los mayores. Los primeros se lo pasarán bomba con las gracietas de los elfos y el no parar de la acción; para los segundos, el filme reserva algún que otro genial guiño —hay un par de personajes que guardan muchas similitudes con cierto capitán narcisista de 'Futurama' y su melifluo ayudante— y un mensaje claro: que nunca, por mucho que se tuerza la vida, hay que perder de vista la magia que rodeó nuestra niñez.

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