Cómic en cine: 'El Capitán Trueno y el Santo Grial' de Antonio Hernández

No han sido muchos, pero ha habido momentos de este especial de Cómic en cine a los que temía enfrentarme. Algunos de ellos de hecho dejaron tan horrenda impresión que, aunque mi propósito inicial con el especial era dar salida a TODO —bueno, casi todo, tampoco hay que ponerse exigentes— lo que el séptimo arte ha tenido la suerte o el infortunio de trasladar proveniente del noveno, terminaron yendo a parar a un cajón de sastre al que quizás, y sólo quizás, me asomaré brevemente toda vez lleguemos a estación término dentro de un par de meses.

Y si había un título al que le tenía especial "respeto" ese era este 'El Capitán Trueno y el Santo Grial' (id, Antonio Hernández, 2011), un filme al que mi suegro, amante desaforado del personaje, calificó el día del estreno de "discreto desastre" y que, en términos mucho menos eufemísticos, fue tachada por Enrique González Macho, el anterior presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, como un "pestiño". Y para qué voy a engañaros, una vez vista, sólo puedo dar la razón al Sr. Macho y alabarle el esfuerzo conciliador al padre de mi esposa.

'El capitán Trueno', el cómic

Es, antes de cualquier otra disquisición, el tebeo de mayor éxito de la historia del cómic español. Tan sólo por eso, 'El capitán Trueno' debería ser objeto de obligado peregrinaje por cualquier lector de viñetas, importando poco o nada su edad, su filia por un género o procedencia determinados o el que, para las nuevas generaciones, tener que acercarse a estas "vetustas" páginas sea más o menos lo mismo que intentar desentrañar el sentido narrativo de un mural de jeroglíficos egipcios.

Creado por Víctor Mora y Ambrós allá por 1959 y publicado hasta 1968 por sus autores originales —harina de otro costal son las nuevas y recientes aventuras ideadas por y para goce de los muchos seguidores de la serie en su primera andadura— las viñetas del Capítán Trueno siguen a éste héroe de las cruzadas junto a sus inseparables compañeros de aventuras, Goliat y Crispín —éste último una suerte de Pedrín para el Roberto Alcázar que es Trueno— y, por supuesto, Sigrid, la reina de la isla de Thule y objeto de la pasión amorosa del protagonista.

Muy influenciado por esa obra maestra del cómic de todos los tiempos que es 'El príncipe Valiente' —sin ir más lejos, Thule es el mismo reino del que procede Valiente—, intentar resumir en pocas líneas los nueve años y muchas planchas de 'El capitán Trueno' sería una temeridad por mi parte —y probable objeto de reprobación por parte de mi señor suegro—. En su lugar quisiera dejaros con la clara impresión de que a la hora de hablar de tebeo de aventuras, así sin concretar su lugar de origen, las andanzas de Trueno siguen siendo, aún considerando la inocencia del personaje y de mucho de lo que plasman sus autores, de lo mejor que un aficionado puede "echarse a la cara".

'El capitán Trueno y el Santo Grial', muerta al llegar

De entre todas las posibles opciones que había a la hora de llevar 'El capitán Trueno' al cine, de entre todas las ideas que alguna vez se barajaron y que nunca llegaron a buen puerto —ahí estuvieron los proyectos de Juan Piquer Simón o Juanma Bajo Ulloa—; de entre todas las tramas argumentales que Víctor Mora y Ambrós plasmaron en las cientos de aventuras del personaje...¿podría algún alma caritativa aclararme cómo diantres llegó alguien a pensar que lo que terminó convirtiéndose en el guión de esta infecta producción era "buen material"?

Y no es que la cinta comience con buen pie y en algún momento indeterminado de su segundo acto comience a irse al garete a pasos agigantados. No. Es que nada más arrancar la acción, es tanto el tufo que dimana de lo que vemos, es tan horrenda la labor interpretativa de todo aquél que aparece en pantalla —sin excepción, TODOS están para "echarles de comer aparte"—, son tan poco convincentes las coreografías de lucha y los decorados de cartón piedra donde éstas se suceden...es todo TAN CUTRE, que cabe preguntarse a dónde demonios fue a parar el capital con el que se rodó tamaño esperpento.

Desafortunadamente, nada va a mejor conforme la cinta avanza. Las actuaciones de Sergio Peris Mencheta —que, cuidado, es lo mejorcito de la cinta aunque quede lejos de lo que uno imaginaría para Trueno—, de un Ramón Langa que no sabe muy bien qué hace por allí, de un Gary Piquer al que, si eso, mejor no calificamos y de, qué sé yo, una Natasha Yarovenko que a saber a quién se le ocurrió contratar, ponen en evidencia el trabajo de un departamento de cásting que tenía que andar consumiendo sustancias poco recomendables.

La dirección o la música —que discurre por su cuenta y pocas veces resulta adecuada a lo que vemos en pantalla— no ayudan a que la percepción que el espectador tiene de tan erróneo filme mejore, y en última instancia, lo único que podría ser reseñado como valor positivo es la gran cantidad de guiños hacia el cómic que atesoran los 112 minutos de metraje —bonito el detalle del globo, por ejemplo—, pero son aciertos no apreciables por los no lectores de tebeos que poco o nada importan a los incautos espectadores que se acerquen aquí esperando pasar un rato de entretenimiento.

No hay, repito, NO HAY en 'El capitán Trueno y el Santo Grial' ni un ápice del más mínimo sentido del entretenimiento, sólo mediocridad, situaciones arquetípicas, efectos visuales del nivel de 'Xena', personajes carentes por completo de carisma —y eso que no me ha dado por hablar de Goliath y Crispín— y un villano de risa que es tanto o más lamentable que su subalterno. En fin, que habría hecho muy bien en ignorar esta entrada del especial y pasar a la siguiente. No es que la que sigue sea un dechado de virtudes, pero en comparación casi se podría tachar de obra maestra del séptimo arte.

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