Críticas a la carta | 'Narc'

Joe Carnahan regresó al Festival de Sundance en 2002, tras sorprender años atrás con su ópera prima, una valiente ‘Sangre, balas y gasolina’ con la que cosechó premios y algunas miradas a su futuro. Y lo regresó con ‘Narc’, ya una producción de más empaque pero sin perder el carácter de cine independiente, rodado en poco tiempo y con un presupuesto más que ajustado. Eso sí, mucho ayudó que el mismísimo Tom Cruise fuera uno de los productores que estaban detrás de esta apuesta por el talento de Carnahan a pesar de su falta de experiencia. Creyó en su talento y él respondió con este film duro, seco, cuya historia él mismo firmó.

Con ‘Narc’ tuvo buena acogida también y demostró que podía sacar mucho partido a una historia no excesivamente original (más bien demasiado tópica), a base de un buen pulso narrativo y envolverlo en una estética muy cuidada. Carnahan conseguía desarrollar ese talento que apuntaba como narrador y regala algunas escenas brillantemente contadas, le saca partido a dos actores en horas bajas y consigue un film al más puro estilo policíaco que bebe de los setenta en sus cimientos pero sin renunciar al intento de aportar una nueva visión, ese aire moderno, de imagénes desaturadas y montaje frenético y otros recursos de cámara, eso sí sin excederse (aunque posteriormente Carnahan ha demostrado su debilidad por ellos llegando al exceso, véase ‘Ases calientes’).

El realizador se esfuerza sobremanera, con esmero y, como indico, alcanza escenas llenas de brío y fuerzo, como la escena inicial, trepidante que sumerge de lleno al espectador en la historia en apenas unos minutos. También otras destacables como la de la redada hacia el final. Todo ello revestido de una estética oscura, sobria que intenta maquillar la falta de presupuesto evidente y lo cierto es que bien conseguida.

‘Narc’ navega entre tópicos con brío y emoción a ratos

La visión del realizador es descarnada, se aproxima al escenario cotidiano del policía de calle, el de acción. Con el típico policía entregado, fiel a sus principios, pero que necesita redimir un desagradable episodio, marcado a fuego (y quizás excesivamente recalcado a lo largo del metraje) para lo que se embarca en una investigación confusa junto con otro policía polémico y violento en sus formas, para encontrar los asesinos de un policía en extrañas circunstancias. Carnahan va llevando la historia con fuerza, sin renunciar a la crudeza de escenas de acción, de retratar camellos, yonkis y maleantes y su hábitat, la calle y rincones oscuros y peligrosos, donde los protagonistas se mueven en busca de pistas. Lo consigue hacer con emoción, sabe sacar partido a cada escena en pos de trasladar la historia hacia un punto de inflexión donde todo girará más de lo esperado y donde las sorpresas se guardan para el final.

Es algo que se intuye, porque la historia no brilla por la originalidad que es su mayor lastre. A pesar del empeño de ponerle nervio y recurrir a interesantes recursos, muy del género para ayudar a avanzar la investigación y aportar la máxima información sobre el caso en pocos minutos (como el uso de la pantalla dividida para narrar en cuatro escenas simultáneas algún momento esencial de la investigación), Carnahan no puede esconder lo suficiente sus cartas, y juega hacia el final con la sorpresa intuida, dando un giro no exento de cierta habilidad y emoción, aunque reiterando en exceso.

Jason Patric y Ray Liotta bien exprimidos

Para los papeles protagonistas encontramos a dos actores dispares, no solo en sus respectivas trayectorias, sino en cuanto a resultados. Uno, el principal protagonista –ese policía angustiado y necesitado de la verdad para hallar la paz interior– interpretado por el sosainas de Jason Patric, actor limitado que aquí apenas sacar todo el partido a su papel. El otro –el policía rudo y visceral que oculta alguna sorpresa– está interpretado por Ray Liotta, envejecido y engordado para el trabajo y que tampoco brilla en exceso, a pesar de mostrar más matices e imponer con su presencia en algunas escenas.

Quizás lo más destacado de ambos papeles es su juego de la ambigüedad, Carnahan lo intenta mostrar de forma descarnada, como toda la historia, para intentar poner en tela de juicio quién actúa bien, y quién lo hace mal. Intenta romper las apariencias y se deja para el final ese tour de force entre ambos donde sacan a relucir sus armas y sus frustraciones. Un duelo frío, donde el directo evita en todo momento posicionarse y dejar que el espectador se incline de un lado o de otro. Como un combate pugilístico donde cada uno a su estilo intenta componer esa nota final que rubrique la historia confusa recreada desde diversos puntos de vista. El espectador tiene que ejercer de jurado y ahí Carnahan se vuelca y saca el máximo de sus dos actores protagonistas. Cuando se desatan conseguimos ver algunos de los mejores momentos de ambos en pantalla. Aunque ya antes se iban dejando claras muestras de por donde iban a decantarse cada uno.

En conclusión Joe Carnahan a pesar de recurrir a una historia nada original, y aunque no aporta nada nuevo al género, sí consigue un film entretenido y vibrante, que intenta esconder con cierta sutileza y acierto sus defectos, y que consigue imponer un atmósfera muy bien acoplada y sacar el máximo partido a sus protagonistas. Eso sí, no termino de verla como cinta de culto.

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